La mezcla de adrenalina, emoción y tradición que cada primer fin de semana de julio envuelve Sabucedo con la celebración de la Rapa das Bestas impregnó de nuevo este sábado esta pequeña parroquia estradense. El calor sofocante, con temperaturas que llegaron a los 38 grados, no impidió disfutar de esta singular fiesta declarada de Interés Turístico Internacional y Bien de Interés Cultural (BIC) Inmaterial, aunque sí redujo con respecto a otros años la afluencia de público a un cita que suele congregar a unas 20.000 personas. Con lo que no pudo la meterorología es con la ilusión de quienes cuidan durante todo el año las yeguas y caballos en el monte y viven el ritual de la rapa como un acto de amor hacia estos animales.
En torno a las once de la mañana comenzó la simbólica Baixa, el descenso de las manadas desde O Castelo hasta el cierre de Cataroi, donde los animales descansaron hasta que se acerca el momento del primer curro. Este año fue más lenta que en anteriores ocasiones debido al calor, aunque se completó sin incidencias. Los mercurios no impidieron que volviera a ser uno de los momentos más espetaculares, con decenas de personas a pie y a caballo que guían a los animales hasta la aldea. Eran 300 bestas, las que reunieron en la víspera los cientos de personas, entre vecinos y visitantes, que subieron al monte en busca de los animales. Entre ellos estaban los garañones O Mariscal, O Cinfinado y O Ciclón, que son los caballos machos que lideran las manadas y que no siempre se consigue que bajen a la aldea, pues son más salvajes.
Reunión de manadas en el monte el viernes / BERNABÉ/ JAVIER LALÍN
El espectáculo visual del curro
De esas 300 bestas, algo más de 200 entraron al primer curro de esta edición, que este año comenzó pasadas las ocho de la tarde tras retrasarse una hora para tratar de suavizar las altas temperaturas, pensando tanto en el público como en los aloitadores y las bestas. Para combatir el calor también se tomaron otras medidas: un tractor cisterna regó la arena del curro antes del inicio del ritual de la rapa y también se lanzó agua al público, en un espacio con capacidad para 1.600 personas. El pistoletazo de salida lo protagonizaron los más pequeños, llamados a ser los futuros aloitadores en una tradición que pasa de generación en generación, al separan los potros del resto de animales antes de la rapa para que no surfran daños. Comenzó entonces el espectáculo visual con el que los aloitadores inmovilizan los caballos sin más herramientas que su cuerpo para cortarles las crines. En cada curro (habrá otros dos domingo y lunes a las 11.00 horas) se rapan entre 50 y 60 animales.
Amor y respeto hacia este animal
Aunque pueda parecer que cada año se repite la misma ceremonia, para quien disfruta de esta fiesta ancentral y la vive desde dentro cada año es «especial». Así lo vive Paulo Vicente Monteagudo, presidente de la asociacionón Rapa das Bestas: «É a culminación dun traballo que se realiza durante todo o ano e unha mostra de amor enterno polas bestas». Explica que la emoción se mezcla con el respeto hacia el animal en este fenómeno cultural que se vuelve cada año más internacional. Prueba de ello es que esta edición de la Rapa das Bestas congregó a unos 130 profesionales de la comunicación de nuevos países: España, Estados Unidos, Argentina, Uruguay, Alemania, Reino Unido, Rumanía, Francia y Portugal.

El conselleiro de Educación y el alcalde de A Estrada particiaron en la simbólica ‘Baixa’ en Sabucedo / Cedida
Relación ancestral entre animales y humanos
Desde la esfera institucional, el conselleiro de Cultura, el estradense José López Campos, presenció junto a vecinos y visitantes el primer curro. Acompañado por el director de Turismo de Galicia, Xosé Merelles, puso en valor la importancia de este festejo que «marabilla e abraia tanto a propios como a foráneos» y que es la manifestación más clara que existe de la relación ancestral entre animales y humanos. Por la mañana, en la Baixa participaron como dos integrantes más del grupo el conselleiro de Educación, Román Rodríguez, y el alcalde de A Estrada, Gonzalo Louzao, ataviados con sombrero y gorra para protegerse del sol.
A modo de anécdora, entre la multitud que este sábado pasó por Sabucedo estaba, realizando un reportaje fotográfico, Pío Cabanillas Alonso, que fue ministro portavoz del Gobierno con José María Aznar y es hijo de Pío Cabanillas Gallas, ministro de Información y Turismo en la dictadura franquista.















