Comprar una vivienda en la playa es el sueño de muchas familias, pero también puede convertirse en una decisión poco eficiente desde el punto de vista económico. Esa es la tesis que defiende el experto en inversiones Carlos Galán, quien, a través de un vídeo publicado en redes sociales hace un tiempo, cuestiona la rentabilidad de adquirir una segunda residencia para uso vacacional y propone como alternativa destinar ese dinero a inversiones inmobiliarias que generen ingresos y utilizar esos beneficios para alojarse en hoteles o apartamentos cuando se viaje.
Según explica, el principal problema no está únicamente en el desembolso inicial de la compra, sino en todos los gastos que se acumulan con el paso del tiempo. En su opinión, muchas personas toman esta decisión movidas por un deseo personal sin valorar el coste real que supone mantener una vivienda que solo se utiliza durante unas semanas al año.
El coste real de una segunda residencia
Durante su intervención, Galán asegura que “comprar una casa en la playa es un error financiero” y sostiene que se trata de una operación que, en muchos casos, termina siendo menos rentable de lo que parece.
Para ilustrarlo, pone el ejemplo de una vivienda de 150.000 euros y afirma que, al sumar todos los gastos asociados –como impuestos, mantenimiento, comunidad, seguros o el coste de oportunidad del dinero invertido–, “cada día que vas te sale por entre 200 y 300 euros”.
El experto insiste en que el verdadero inconveniente no es únicamente asumir ese gasto, sino el dinero que deja de generar al permanecer inmovilizado en una vivienda destinada al disfrute personal. “Lo peor de todo esto no es el mero hecho de gastar ese dinero, sino que será dinero que luego no podrás utilizar para hacer inversiones mucho más rentables”, afirma.
Invertir y viajar
Frente a la compra de una segunda residencia, Galán explica cuál es la estrategia que él mismo dice seguir. “No compro la vivienda donde vivo ni el apartamento de la playa”, señala, para añadir que prefiere realizar “inversiones rentables en otras viviendas que alquilo”.
Según su planteamiento, los ingresos obtenidos mediante esos alquileres permiten financiar las vacaciones sin asumir los costes fijos de mantener una segunda vivienda. “Con el beneficio que obtengo, me voy cuando quiera a un hotel o a un apartamento. No tengo que amortizar nada ni estoy obligado a ir siempre al mismo lugar”, argumenta.
El divulgador concluye su reflexión con una recomendación dirigida a quienes se plantean este tipo de compras. “No es bueno dejarse llevar por el ego a la hora de invertir. Deja a un lado los sentimientos e invierte inteligentemente”, resume.
Su planteamiento responde a una filosofía de inversión centrada en maximizar la rentabilidad del patrimonio y minimizar el coste de oportunidad. No obstante, la decisión de comprar una segunda residencia también puede responder a motivos personales, familiares o de estilo de vida que van más allá de la rentabilidad económica, por lo que cada caso requiere valorar tanto los aspectos financieros como las preferencias de cada comprador.
Fuente: El Periódico













