El olor a leña y a carne asada al fuego lento volvió a ser, un año más, el mejor reloj para los vecinos de Porceyo. La ya tradicional corderada de las fiestas parroquiales reunió ayer a aproximadamente a 230 comensales sentados en mesas, una cifra que confirma que la cita goza de una salud envidiable y que ese espíritu de «pueblo» sigue vivo a pesar de las nuevas tendencias. Hoy, Porceyo termina sus fiestas con una misa y procesión mediodía y otra comida popular.
Para saciar el apetito de los presentes, la organización preparó 28 corderos a la estaca, una cifra que se mantiene estable respecto a ediciones anteriores y que demuestra la fidelidad de los asistentes, pues, como los vecinos presumen, «esta fiesta es del pueblo y aquí colaboramos todos». Las familias al completo pudieron disfrutar de la jornada gracias a detalles como el menú alternativo para los pequeños de la casa, compuesto por lomo con patatas, garantizando así que la celebración siga siendo un punto de encuentro para todas las edades. Los más mayores, ya a la noche, pudieron disfrutar de la tradicional verbena.
El éxito de la convocatoria, según los vecinos, no es fruto de la casualidad, sino del trabajo incansable de la comisión y de la propia gente de la parroquia. Los residentes de toda la vida coinciden en que la fiesta mantiene la tradición de siempre, pero con la vitalidad y «las ganas» que aporta la sangre joven. Como se mencionaba, el carácter familiar y cercano es, precisamente, el gran patrimonio de esta festividad. Como mencionaban los más veteranos, «presta ver como todo un pueblo arrima el hombro para que la tradición no decaiga» ni la monotonía se apodere de estas fiestas. Un esfuerzo colectivo que encabeza la actual comisión de fiestas.
Según comentó el presidente de la comisión, Rodrigo Suárez, la participación de Porceyo «es de forma voluntaria«. «No hay un sueldo, nunca lo hubo, los primeros tuvieron que poner ‘perres’ de su propio bolsillo», aseguró el responsable. Esto es algo que quedó recalcado en la memoria de todos los vecinos, pues se deja al lado los intereses individuales para remar todos en la misma dirección para el bien de Porceyo.
Los vecinos más veteranos tuvieron este año, coincidiendo con el 50 aniversario de las fiestas, su merecido reconocimiento, pues se les hizo un homenaje el pasado viernes entregándoles unos «vasos con el logo serigrafiado». Suárez señaló también que los jóvenes ponen todas sus fuerzas en que estas fiestas no se alejen mucho de lo que puede ser un «chigre», intentando en todo momento ajustar los precios lo máximo posible para que los asistentes puedan disfrutar de la fiesta.
Pese a que los más jóvenes conocieran ya las fiestas de Porceyo con la famosa corderada, esta es una tradición que comenzó en los años 2000. Pero hoy en día es una parte indispensable de las fiestas y «la gente esté a gusto». Rodrigo Suárez finalizó advirtiendo de la complejidad que tiene seguir manteniendo las fiestas de este estilo. «Ahora la gente joven ya no se quiere involucrar. Hay chavales que sí trabajan para festivales, donde te pagan un tanto a la hora. Aquí puedes comer y beber lo que quieras y a trabajar, pero si tenemos que pagar a la gente que viene a ayudar no sale rentable», razonó el responsable. Es este modelo colaborativo, precisamente, lo que permite que los precios se mantengan contenidos.
















