Porceyo se abarrota a mesa puesta con unas fiestas de Santa Isabel «en las que todo el mundo arrima el hombro»

El olor a leña y a carne asada al fuego lento volvió a ser, un año más, el mejor reloj para los vecinos de Porceyo. La ya tradicional corderada de las fiestas parroquiales reunió ayer a aproximadamente a 230 comensales sentados en mesas, una cifra que confirma que la cita goza de una salud envidiable y que ese espíritu de «pueblo» sigue vivo a pesar de las nuevas tendencias. Hoy, Porceyo termina sus fiestas con una misa y procesión mediodía y otra comida popular.

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