Desde que empezó «From», que en España se emite a través de HBO Max, las comparaciones con «Lost» fueron inevitables. Los misterios en torno a ese grupo de personas atrapadas en un fantasmagórico pueblo donde los monstruos salen por la noche a cazar han ido encandilando a la audiencia hasta convertirse en una de las series más vistas de la plataforma. La cuarta temporada acaba de terminar y ya se está anunciado que la quinta será la última, aquella destinada a darnos todas las respuestas a preguntas sobre las que los fans llevan años devanándose la cabeza formulando sus propias teorías. Algo que ya nos enseñó «Lost», serie en la que intervenía su protagonista, Harold Perrineau y en la que también ha trabajado uno de sus directores, Jack Bender.
Como en «Lost», uno de los ejes de esta nueva temporada ha sido que los protagonistas tienen un infiltrado en su grupo. La serie nos mantiene en ascuas con muchos de sus misterios, pero la identidad del traidor es algo que conocemos aunque el resto de personajes no. Un lobo con piel de cordero a quien todos en el pueblo ven como una joven desamparada que ha sido una de las últimas en llegar, pero que en realidad es la encarnación del misterioso Hombre de Amarillo. Ese ser misterioso que parece estar detrás de todas las desgracias y horrores que sufren nuestros protagonistas. La infiltración del enemigo ha llegado mucho más tarde que en Lost, ya que Benjamin Linus (Michael Emerson) fue acogido por los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic en la segunda temporada. En aquella ocasión, el infiltrado resultaba ser el líder de Los Otros. Hasta casi el final de la temporada desconocíamos si era amigo o enemigo. En «From», no tardamos en tener la respuesta, puesto que es uno de los primeros giros de la nueva temporada. Pero esto va mucho más allá que ser una nueva «Lost».
Hasta ahora estábamos acostumbrados a que los enemigos vinieran de las profundidades del bosque, obligando a todos los personajes a refugiarse en sus casas bajo la promesa de protección de los talismanes. Ahora tienen al enemigo en casa, sin que ellos lo sospechen y sin que lleguen a entender por qué las amenazas se están comportando de una manera distinta. Esta temporada hemos tenido como novedad unos monstruosos muñecos de trapo gigantes salidos de las pesadillas de una de las protagonistas. Mientras, en la casa comunal Fátima, otro personaje cuya evolución ha sido otro de los cliffhangers de esta temporada, trabaja en la fabricación de una figura de barro que en teoría debería protegerles. Esta nueva criatura entronca con una de las leyendas más antiguas de la Humanidad: El Gólem. Un guardián de la tierra insuflado de vida para proteger a una comunidad indefensa. Su origen viene de la cábala y la tradición rabínica judía. En estas leyendas creadas en torno a su figura giraban en cómo la criatura defendía al gueto judío de ataques y persecuciones antisemitas. ¿Veremos al Gólem en acción en la quinta temporada? Pero, sobre todo, ¿será amigo o enemigo?
La trama va avanzando en torno al misterio de la desaparición de los niños que está detrás de todo el misterio. Esos que aparecen de la nada diciendo: Anghkooey. Una extraña palabra que se ha descifrado como «Recuerda«. De alguna manera, entronca con otra de las leyendas más oscuras de la colonización occidental del continente norteamericano. La desaparición del pueblo de Roanoke, producida en algún momento entre 1587 y 1590, sin que nunca se hubiera sabido qué pasó con los habitantes. No sabemos muy bien si la serie se está inspirando en aquella leyenda para seguir recogiendo mitos del folclore popular norteamericano, o esa conexión es real. Los bosques remiten al imaginario de Washington Irving, como salido de relatos como Sleepy Hollow o Rip Van Winkle; pero el pueblo está inspirado en las páginas de una novela de Stephen King.
Parece que los niños fueron víctimas de un sacrificio ritual y hay dos de los protagonistas que están condenados a ir regresando al pueblo en varias de sus encarnaciones para tratar de salvarlos o de romper el bucle.
Pero hay más referencias. Ese árbol lleno de botellas, que ha sido otro de los escenarios más enigmáticos de la serie, podría simbolizar las almas de todos los que han muerto allí atrapados. Por su parte, los monstruos que salen por las noches parecen inspirados en la iconografía suburbana estadounidense de los años cincuenta y primeros sesenta: la enfermera, el cartero, la ancianita…, símbolo de una época en la que en la superficie todo era ingenuidad, pero en la que se ocultaban cosas más oscuras.
La gran sorpresa ha llegado al final de la temporada. Por encima de todos estos mitos, sacrificios rituales y leyendas coloniales, late la que parece ser la verdadera clave de la serie: la eterna lucha entre la luz y la oscuridad, personificada en la dualidad cósmica entre el Hombre de Amarillo y el Chico de Blanco, ese niño que se aparecía a distintos personajes de la serie. Al final, el Hombre de Amarillo no ha resultado ser un simple Benjamin Linus. Al igual que ocurría en Lost con Jacob y el Hombre de Negro, los habitantes del pueblo parecen peones involuntarios en una partida de ajedrez ancestral que lleva siglos jugándose en los márgenes de la realidad.
Si el Chico de Blanco ha operado hasta ahora como una entidad que guía, ofrece pistas y representa una suerte de resistencia pasiva o esperanza para los atrapados, el Hombre de Amarillo es el sadismo activo, la encarnación de ese reverso oscuro y destructivo. El amarillo y el blanco son los colores predominantes en el cartel de esta cuarta entrega. Con la quinta temporada ya en el horizonte como la última y definitiva, las espadas están en alto.
El pueblo ya no es solo una prisión de monstruos nocturnos, sino el escenario de la batalla final por romper el bucle. La gran pregunta que nos queda por resolver es si nuestros protagonistas lograrán hackear el tablero o si terminarán siendo, una vez más, meras piezas sacrificadas en un juego que escapa a su comprensión.
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