Las praderas de Posidonia oceanica, una especie de planta marina exclusiva del Mediterráneo, actúan como verdaderos bosques bajo el mar donde florece la vida. Todo tipo de animales y otros organismos dependen de estas praderas para reproducirse, alimentarse o vivir en ellas. Y, sin embargo, el calentamiento que sufren las aguas del Mediterráneo las está matando.
Un estudio del IFISC-CSIC-UIB, el CEAB-CSIC y la Universidad de Ciencia y Tecnología del Rey Abdalá, en Arabia Saudí, ha demostrado que el calentamiento prolongado degrada las praderas de Posidonia oceanica en el Mediterráneo porque el estrés térmico acumulado reduce su cobertura y altera su estructura, incluso sin alcanzar temperaturas críticas de supervivencia.
La situación es grave, porque en las áreas más afectadas la reducción de las praderas alcanza hasta el 40% de su superficie, según los resultados de la investigación.
Calor acumulado
Los autores utilizaron inteligencia artificial e imágenes de satélite de alta resolución para establecer, por primera vez, una relación entre el calentamiento crónico del agua con la pérdida de cobertura y el fraccionamiento de las praderas de posidonia, según ha informado el CEAB-CSIC.
Mapa de estrés térmico del Mediterráneo / CSIC
Las praderas de Posidonia oceanica constituyen la columna vertebral de los ecosistemas costeros de la cuenca y están sufriendo un declive acelerado, también por otros factores, como los vertidos contaminantes o fondeos marinos masivos.
Hasta ahora, la mayoría de estudios cuantitativos evaluaban el impacto del cambio climático a partir de la superación de umbrales de temperatura. Sin embargo, este trabajo demuestra que el estrés térmico crónico y acumulado también puede deteriorar y fragmentar estas praderas, aunque los termómetros no rebasen sus límites críticos.
Nuevo índice
Para medir estos efectos prolongados, el equipo ha introducido un índice con base fisiológica denominado Stress Degree Days (SDD), que permite contabilizar cómo afecta el estrés térmico al organismo a lo largo del tiempo bajo condiciones ambientales dinámicas.
A diferencia de los enfoques centrados solo en picos de calor, este nuevo parámetro incorpora la exposición térmica acumulada. Según el investigador del CEAB-CSIC Àlex Giménez-Romero, el índice permite captar efectos sutiles pero potencialmente destructivos de condiciones prolongadas que no llegan a superar los umbrales críticos.

Pradera de posidonia / CMA/Ibanat
Los científicos analizaron datos históricos de la temperatura diaria de la superficie del mar entre 2000 y 2020 y los combinaron con tasas de mortalidad para cuantificar la exposición térmica acumulada en toda la cuenca mediterránea.
Menos cobertura
Tras cartografiar más de 30 imágenes de satélite en distintas regiones del Mediterráneo, los investigadores determinaron la cobertura de la posidonia y los índices de fragmentación de las praderas.
De este modo, se obtuvieron resultados que muestran que las zonas con alto estrés térmico acumulado, concentradas sobre todo en las costas sur y este del Mediterráneo, presentan una reducción de la cobertura superior al 40%, así como una severa fragmentación estructural.
El estudio concluye que el calentamiento prolongado puede actuar como un factor de degradación gradual, capaz de alterar la estructura de las praderas antes de que se alcancen temperaturas letales. También subraya la necesidad de evaluar los impactos del cambio climático no solo por los episodios extremos, sino también por la duración e intensidad acumulada del calor.
La investigación aporta así una nueva herramienta para comprender el declive acelerado de la Posidonia oceanica y muestra que los efectos del calentamiento marino pueden manifestarse incluso cuando las temperaturas permanecen por debajo de los límites considerados críticos.
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