El último partido de España en este Mundial fue contra la Uruguay de Marcelo Bielsa, un entrenador cuyo legado tiene más que ver con la influencia que ejerció en toda una generación de técnicos que por los logros que ha conseguido él en primera persona. En el siguiente, este jueves (21.00 horas) frente a Austria, la selección se encontrará a otro de los grandes genios inspiracionales de los banquillos de las últimas décadas.
Ralf Rangnick, como el ‘Loco’, es un seleccionador peculiar que no se mueve por los impulsos tradicionales del fútbol. Baste con recordar que rechazó un cómodo puesto de despacho en el Manchester United por asumir los mandos de Austria en 2023. O que un año después despreció una oferta del Bayern para sentarse en su banquillo por honrar su acuerdo con la federación austriaca. Lo mismo que hizo hace unos meses con el AC Milan.
La filosofía de Rangnick
Todos esos equipos le llamaron persuadidos por su estilo de fútbol, conocido por el vocablo alemán ‘gegenpressing’, que se traduce como contrapresión. Él no lo inventó, existía desde hacía décadas, pero sí que fue pionero en convertir la presión feroz en los instantes posteriores a perder el balón en el eje sobre el que construir la identidad de sus equipos.
Fotografía del pasado 27 de junio, en la que puede verse al seleccionador de Austria, Ralf Rangnick (i), dando instrucciones al futbolista Romano Schmid durante un partido del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. / AMY KONTRAS / EFE
Él mismo contó, en ‘Coaches’ Voice’, que sintió una «epifanía» en 1983, siendo entrenador del Viktoria Backnang de la sexta división alemana, el equipo de su localidad natal. En un amistoso contra el Dinamo de Kiev del legendario Valeri Lobanovski, quedó fascinado con la manera en la que los entonces soviéticos presionaban sin descanso cuando no tenían la pelota. «Entendí que había otras formas diferentes de jugar al fútbol», explica Rangnick, quien también señala a Arrigo Sacchi como fuente de inspiración.
El técnico alemán, nacido en 1958, no solo decidió construir su identidad como entrenador a partir de esa epifanía, sino que hizo proselitismo de ese estilo a través de la TV a mediados de los años 90. Una extravagancia en un país con una cultura futbolística rígida, en el que la prevalencia táctica del líbero fue evangelio durante décadas.
Stuttgart, Hannover, Schalke, Hoffenheim…
Fue creciendo como entrenador en Alemania hasta alcanzar la Bundesliga con Sttutgart, Hannover y Schalke. Tras salir del club de Gelsenkirchen tomó una de esas decisiones que solo él tomaría: bajar a tercera división para hacerse cargo del Hoffenheim, un club que jamás en su historia había pisado las dos primeras categorías. Ahí pudo construir su proyecto desde cero, adaptando las estructuras técnicas de la entidad al ‘gegenpressing’ para generar una cultura táctica propia en el club. Lo ascendió a Bundesliga en 2008 y desde entonces no ha perdido la categoría.

Ralf Rangnick, junto a Adi Hütter, durante su etapa como director deportivo del grupo Red Bull. / NEUMAYR/MMV / EFE
Ese fue el germen del que es el gran proyecto de su vida. En 2011, el dueño de Red Bull en persona, Dietrich Mateschitz, se presentó en su casa en helicóptero para que ejerciera la dirección deportiva de todo su ‘holding’ de clubs. La propuesta de Rangnick consistía en generar sinergias deportivas entre clubs, desarrollar en ellos un mismo estilo de juego y generar una identidad futbolística corporativa.
De Klopp a Flick
Su estilo de fútbol vertiginoso y adrenalínico encajaba a la perfección con la identidad de la marca de bebidas energéticas. Rangnick le dio alas a un proyecto que por entonces carecía de un rumbo futbolístico claro. En paralelo, toda una generación de entrenadores alemanes abrazaban su libreto, con Jürgen Klopp como exponente más exitoso, pero también Thomas Tuchel, Julian Nagelsmann y, en ciertos aspectos, Hansi Flick. Hoy, todo el fútbol europeo está lleno de ‘hijos’ de Rangnick.

Raúl González y Ralf Rangnick, durante su etapa en el Schalke, en 2011. / ROLF?VENNENBERND / EFE
«Es un entrenador espectacular, muy metódico y atento a los detalles», explica a EL PERIÓDICO Sergio Escudero, a quien entrenó en el Schalke. «A mí me ayudó mucho, yo era muy joven [21 años] y no hablaba alemán, pero siempre tenía tiempo para venir a explicarme personalmente los aspectos que no había entendido», ahonda el lateral izquierdo, que recuerda especialmente los ejercicios «muy intensos» para trabajar la presión tras pérdida y su visión de que los jugadores supieran «interpretar los espacios»: «Le daba tanta importancia a dónde tenías que estar como a cuándo tenías que estar. No quería un equipo estático».
Tras ejercer como entrenador interino en el Manchester United, en 2022, decidió comprometerse con la selección austriaca, con la que ha llegado a su primer Mundial desde Francia 1998. El de este jueves frente a España es, seguramente, el partido más importante de Austria desde España 1982. Para Rangnick, la oportunidad de, con 68 años, seguir engrandeciendo su legado.
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