Ronald Lozano lleva una semana cargando escombros y abriendo túneles para buscar a su hermana Maury que estaba viendo un partido del Mundial en un restaurante de la comunidad de Playa Grande, en La Guaira, cuando ocurrieron los dos temblores que sacudieron varias regiones de Venezuela y sepultaron a miles de personas.
Sentado en el bordillo de una calle, con los ojos rojos por el polvo y grandes marcas de tono morado alrededor, Ronald se toma solo unos minutos de descanso antes de seguir el periplo. Ya encontró fallecida a su sobrina de 16 años el pasado viernes bajo las ruinas de un restaurante llamado Trío Café, sobre el que cayó un edificio completo.
Sigue escarbando y usando cubos, palas y hasta sus manos para encontrar cualquier indicio que le muestre dónde está su hermana o alguno de los familiares de las más de 15 personas que lo ayudan. No tiene ningún tipo de conocimiento sobre rescates, solo el ímpetu que les da encontrar algo que los ayude a cerrar la herida que abrió el terremoto en las miles de familias afectadas por el doblete sísmico.
Afectada por los dos terremotos en Venezuela.
Pero la búsqueda se hace aún más amarga porque no hay ayuda, porque en siete días ninguna autoridad les ha puesto ni siquiera una lámpara en la calle para que puedan ver de noche. Solo han contado «con el pueblo» que les lleva agua, comida, guantes y mascarillas para que puedan seguir trabajando.
«Somos nosotros mismos porque no tenemos ayuda, hasta ahora, de los cuerpos de rescate ni del Gobierno, más bien algunas veces hemos discutido con ellos porque no nos han permitido buscar los cuerpos. Pero aquí estamos (…) Juntos hacemos el trabajo», cuenta Ronald.
Algunos enseres entre los escombros de La Guaira.
La Guaira (Venezuela).
Una búsqueda «selectiva» de desaparecidos
Ronald viajó desde el interior del país para ayudar a su hermana y allí se encontró con personas que también quieren encontrar a los suyos, a pesar de la falta de maquinaria y logística para la retirada de escombros.
Según denuncian los voluntarios, se disponen grandes recursos y personal humano en búsquedas de funcionarios del Estado, dueños de empresas, amigos de personas con poder o con dinero antes que cualquier otro ciudadano.
Aseguran que algunos cuerpos de rescate extranjero se han presentado ante ellos y les han demostrado empatía, pero al no conseguir señales de vida avanzan a otras zonas, son convocados después a otros lugares en los que se requieren expertos para también extraer cadáveres.
«Primero funcionarios y luego la gente», así es como se está trabajando en La Guaira, según señala un voluntario que acompaña a Ronald y que también busca a su familia entre los desaparecidos.

Personal de rescate descansa en un edificio derrumbado en La Guaira.
La Guaira (Venezuela).
Narcisa Palma, que espera que puedan encontrar a su hijo en un edificio de Catia La Mar, cuestiona la metodología empleada para los rescates. Explica que, aunque entienden que les pidan silencio cuando creen haber encontrado a alguien con vida, no les permiten el uso de maquinaria o hacer cualquier cosa que haga ruido, lo que cierra las posibilidades de rescatar a sobrevivientes en otros sitios donde se retrasan las búsquedas.
«Ya llevan varios días en ese plan, mientras los demás… ¿que se mueran? A todo el que pasa por aquí le pedimos, le decimos y nos dicen que ya van. Pero no pasa nada. Es como si tus familiares, tu dolor, lo que uno siente… no importara», expresa.
Casi 2.300 fallecidos
En un recorrido por Catia la Mar y Caraballeda, las zonas reportadas oficialmente como las más afectadas dentro de la Guaira, es posible ver el contraste del que todos hablan.
En algunos edificios hay camiones de último modelo, puestos de control, maquinaria activa en la retirada de escombros y equipos especialistas. En otros, algunas personas, vestidas de civil, usan palas y cubetas para sacar los trozos de cemento o caminan por encima de los montículos de escombros buscando alguna señal.
Allí es posible ver llegar a motorizados que se estacionan con algún utensilio y empiezan a retirar también lo que pueden cargar para abrirse paso y encontrar señales de vida.

Zonas de búsqueda de supervivientes en La Guaira.
La Guaira (Venezuela).
Tras una semana de los terremotos de 7,2 y 7,5, el Gobierno venezolano ha informado a 1 de julio de 2.295 fallecidos, 11.267 heridos y un total de 12.841 personas damnificadas. Habla de más de 6.461 personas rescatadas por más de 4.000 profesionales y de la destrucción de 189 edificios y del daño de casi 1.000.
Entretanto, la gente sigue buscando desaparecidos, trata de ubicar cadáveres que no aparecen en ninguna de las morgues dispuestas para la identificación de cuerpos y colabora voluntariamente con los afectados desestima los números oficiales. Coinciden en que jamás Venezuela había vivido una tragedia igual.
Mientras que la ONU habla de unos 50.000 desaparecidos, la agencia espacial estadounidense NASA aseguró, tras revisar imágenes satélites, que el doble terremoto podría haber dejado unos 58.870 edificios destruidos en el país caribeño.










