Obsolescencia programada, la falsa modernidad

Comprar, tirar, volver a comprar forma parte ya de nuestro entorno habitual. Hemos incorporado esos tres pasos al lienzo en blanco de la rutina y transitamos por él sin apenas darnos cuenta de las huellas que vamos dejando atrás. Y así, cuando oímos gemir al motor de la lavadora o notamos las grietas del televisor o del portátil, lo primero que se nos viene a la mente es la necesidad de su reemplazo. Como si en realidad se tratara de una respuesta automática, involuntaria, de un acto reflejo que se procesa directamente de un modo rápido.

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