Al otro lado del teléfono Alexis Morante (Algeciras, 1978) atiende desde su casa de Veléz Málaga recién llegado de Madrid donde este pasado jueves presentó ‘La más grande’, la serie documental sobre Rocío Jurado. Un proyecto de enorme envergadura, «un reto y una responsabilidad», en sus palabras, que aceptó por encargo expreso de Movistar Plus, la plataforma donde se podrá ver, y donde ha contado con la cercanía de Rocío Carrasco cuando se cumplen 20 años de la muerte de su madre. Tan pronto acaba la charla con este periódico, sale de viaje para su ciudad natal, donde se reencontrará con ese territorio íntimo que es el Estrecho de Gibraltar. Morante tiene un don que los cinéfilos llaman un sello propio: es capaz de convertir historias locales en relatos universales. Fajado en el retrato audiovisual de grandes -ha firmado documentales de Camarón, Bunbury, Alejandro Sanz o Bisbal-, esta serie sobre la joven chipionera que recogía patatas con su padre y se convirtió en un mito prueba esa capacidad que tiene su cine de ahondar en lo íntimo para hacerlo trascender fuera. Los que aman a Rocío Jurado están de enhoranbuena. Pero los que no la conocen -o sólo conocen la epidermis del personaje- aun más. Icónica, feminista, adelantada y profundamente familiar. Todas las Rocíos están en sus canciones.
-¿En qué tema de Rocío Jurado está ahora mismo?
–En ‘Como una ola’, por estar surfeando un poco la ola de todo lo que estoy haciendo y viviendo.
-¿La escuchó mucho durante la creación del documental?
–Muchísimo. Por el montaje, claro, pero también para inspirarme. No conocía totalmente su discografía y algunas canciones menos populares nos han servido mucho para la narrativa. Siempre buscábamos que la música contara también la historia.
-Ha dicho en alguna entrevista que la vida de Rocío Jurado es cine en mayúsculas. ¿Cuándo sintió que no estaba ante una biografía musical al uso, sino ante una película sobre un país y una época?
-Cuando tuve clara la intención de hacer ese paralelismo. Me gusta buscar en estos grandes personajes cuál es el vínculo que tienen con la sociedad, qué impacto tienen en nosotros. Eso lo aprendí mucho de los anglosajones: asocian a las grandes estrellas con los cambios culturales y sociales.
Con Camarón lo hicimos porque revolucionó el flamenco y se convirtió, sin querer, en representante del pueblo gitano. Con Rocío Jurado la apuesta era doble: revolucionó la canción española desde dentro y además le tocó convertirse en representante del movimiento de la mujer. Era la evolución de un país. Ella se adelantó a su tiempo y sirvió como espejo de algo que ya estaba germinando.
-De Rocío Jurado se había hablado muchísimo, ha ocupado horas y horas de televisión, miles de páginas de revistas, tiene varias biografías publicadas. ¿Qué quedaba por contar?
–Creo que quedaba por contar todo. No quiero ser exagerado, porque obviamente se sabía su historia, pero nunca se había contado desde el prisma de ella misma. Se había contado desde la familia, desde la gente que habla de ella, muchas veces desde la idolatría, con bustos parlantes, programas de televisión, anécdotas… Pero no se habían puesto todas las piezas de una forma que explicaran su vida de principio a fin y el impacto que tuvo. Contar una historia cinematográficamente, eso creo que no se había hecho.
-¿Qué papel tiene el archivo con el que han trabajado en esa forma de contar?
-Es fundamental. Cuando afronto un documental de estas características no puedo grabar al artista. Nuestro verité es el archivo. Todo lo que pueda contar con archivo y con ella misma en pantalla siempre va a ser mejor que cualquier otra cosa. El equipo de documentación encontró muchísimo material y con eso fuimos armando el guion. Además, hemos tenido a su hija muy dentro del proyecto, y eso nos permitió acceder a cosas a las que normalmente no se tiene acceso.
-¿Cómo se gestiona esa cercanía con Rocío Carrasco sin perder distancia como director?
–Eso lo he aprendido con el tiempo. Cuando eres más estudiante piensas: “No quiero que nadie de la familia me ayude, no quiero que me contagien”. Pero eso es imposible. Y además creo que es peor. Es mejor ganarte la confianza de la persona que tiene los derechos, en este caso su hija, y a partir de ahí incorporarla al equipo. Hacerle entender la historia que quieres contar. Me ha pasado en otros proyectos: al principio hay reticencias, pero cuando ven el montaje entienden el camino.
-Se ha hablado mucho estos días del supuesto diario de Rocío Jurado. ¿Qué es exactamente?
–Creo que hay una confusión de nomenclaturas. No es un diario, sino una autobiografía. Yo me entero de su existencia cuando entro en el proyecto. Rocío Carrasco me dijo que había encontrado una autobiografía donde su madre contaba cosas que no se habían publicado nunca. Cuando llegó a mis manos vi que era oro para la narrativa. Ella hablaba en primera persona.
Rocío Carrasco, hija de la cantante Rocío Jurado, y el director de la serie, Alexis Morante. / FERNANDO VILLAR / EFE
-Con su propio vocabulario, claro.
–Eso es. No cuenta grandísimas revelaciones, pero sí lo hace desde un lugar muy fresco. La dificultad es que esa autobiografía solo llega hasta la separación de Pedro Carrasco. En los dos primeros capítulos se usa más. Después va desapareciendo y en el cuarto ya son reflexiones absolutas de Rocío Jurado sobre la muerte. Ahí es ella la que nos habla.
No cuenta grandísimas revelaciones, pero sí lo hace desde un lugar muy fresco. La dificultad es que esa autobiografía solo llega hasta la separación de Pedro Carrasco.
-En la serie aparece una tensión entre Rocío Jurado, la imagen pública, y Rocío Mohedano, la mujer más tradicional, más familiar… ¿Era una de las líneas narrativas?
-Sí, absolutamente, porque se veía muy clara esa diferencia. Ella tiene un objetivo como artista, lo dice en su autobiografía: quiere ser la primera figura de la canción española. A pesar de su timidez, se convierte en Rocío Jurado, toma su segundo apellido y hace ese viaje que tantos hemos hecho: desde Andalucía, desde el sur, se va a Madrid e intenta triunfar desde la nada.
Sin impostarlo, se va convirtiendo en un referente transgresor de la mujer. Pero, por otro lado, está esa chipionera más tradicional, con una fe enorme en la Virgen de Regla, que quiere enamorarse, casarse, tener hijos, formar una familia. Esa contradicción me encantó. En el cuarto capítulo confluyen las dos: ella sabe ya que va a morir y con ello es consciente que va a morir su personaje, su carrera y también su persona.
-Ahora se habla mucho de Rocío Jurado como una mujer transgresora: que cantaba al deseo, al dolor, a la libertad. Durante años se ha infravalorado esa dimensión aunque ahora se esté reivindicando, ¿no?
-Sí. Creo que no está valorada como merece. Ahora se le está reconociendo más. Hay sectores de la sociedad, como el movimiento LGTBI o muchas mujeres, que la están tomando como icono de la cultura pop. Eso tiene que ver con la fuerza que tenía. Pero su transgresión va más allá. Es un portento de la canción. Tiene temas inolvidables, que están en la memoria colectiva y más presentes que nunca. Fue un referente en un momento en que hacía falta una referente como ella.
También creo que eso se desvirtuó mucho, incluso en vida. Las televisiones privadas no le hicieron un buen favor. No supo afrontar bien todo lo que le venía encima con la prensa del corazón. Ahí su carrera se estanca. Pero con el diagnóstico de la enfermedad y aquella rueda de prensa todo el mundo vuelve a darse cuenta de lo grande que era y de que no se la estaba cuidando. Ahí coge ese aura de mito, incluso antes de morir.
Amador Mohedano y Ortega Cano no participan como entrevistados. En la historia, sí aparecen, claro. Nosotros somos vampiros del archivo.
-¿Quiénes ayudan a contarla en el documental?
-Quería pocas entrevistas y que fueran personas muy cercanas, que hubieran convivido mucho con ella. Están sus primas hermanas de Chipiona, que son más desconocidas; su hija, por supuesto; Manuel Alejandro, que es el gran compositor de la primera etapa; Juan Pardo, el gran compositor de la segunda; Pedro Ruiz y algún periodista, como Carlos Herrera, que nos ayuda a contextualizar.
-Amador Mohedano y Ortega Cano no participan como entrevistados.
–Como entrevistados, no. En la historia, sí. Nosotros somos vampiros del archivo. Cogemos del archivo todo lo que hayan dicho y todo lo que sirva para contar la historia. Había que contar todas las etapas.

Rocío Jurado, en una de las imágenes que aparecen en la serie documental. / Movistar
-Usted es de Algeciras, ella de Chipiona. Al final es un universo muy nuestro, muy de la provincia de Cádiz. ¿Había una responsabilidad especial a la hora de abordar un personaje así?
-No era fácil. Es un proyecto grande. Movistar Plus me llamó directamente porque creían que yo era el adecuado. Imagino que por la sensibilidad, porque ya había hecho otros documentales con ellos y porque soy de Algeciras. Eso creo que era importante también para la familia. Da una cercanía especial ser de la misma tierra. manu so que tenía que ser yo y que tenía que ser con mi equipo. Los montadores, el director de fotografía, gente de Sevilla, de Algeciras… todos somos andaluces. Íbamos a hacer una cosa que daba vértigo, pero juntos, los de siempre. Siempre escribo con Raúl Santos y él ha estado implicado en el montaje también. Intentamos no pensar demasiado en la presión que suponía retratar a alguien como ella y todo lo que hay alrededor: la familia, las expectativas, todas las cuerdas que hay que tocar.
-Andalucía contada por Andalucía. Ahora que tanto estamos hablando ‘de eso’.
–Eso es. El proyecto partía de una confianza. Íbamos a hacer una cosa que daba vértigo, pero juntos, los de siempre. Intentamos no pensar demasiado en la presión que suponía retratar a alguien como ella y todo lo que hay alrededor. Sabía que iba a ser un camino largo, pero creo que ahora tenemos la seguridad de que lo hacemos con mucho corazón y con mucha honestidad.
-¿Se ha dejado algo fuera por petición de la familia? ¿Ha habido líneas rojas?
-No hubo líneas rojas de ningún tipo. La única línea roja fue no desviarnos de contar la historia de Rocío Jurado. Es ella la que tenemos que contar. No meternos en los conflictos familiares. Pero es que yo tampoco iba a hacer eso.
-Es que eso ya lo han hecho otros programas.
-Si he tenido que hablar alguna vez con Rocío Carrasco para explicarle la importancia de mostrar ciertas cosas. Es lógico que, como hija, pueda decir al principio: «No me gustaría que saliera el entierro de mi madre, ya se ha visto suficiente». Pero había que sentarse, ver la estructura y explicar por qué llegábamos hasta ahí. Otra cosa son los derechos de archivo o de canciones. Eso sí puede limitar. Pero en temas y episodios no ha habido líneas rojas.
Nosotros siempre pensamos en que la historia la pueda entender una persona de Kentucky y diga: «Me interesa». Gente que sale de la nada, que coge una sociedad como la española y un género, el de la copla en este caso, y lo convierte en otra cosa.
-Al final era una chavalita de Chipiona que recogía papas con su padre y llegó a ser la más grande. Es una historia de épica contada mil y una veces a lo largo del mundo con muy distintos acentos.
-Totalmente. Es una historia muy universal. Por eso la narra Daniela Vega, para darle esa universalidad. Lo hace con acento chileno. Ella es muy fan de Rocío Jurado y tiene una historia detrás que se cuenta en el cuarto capítulo. Nosotros siempre pensamos en que la historia la pueda entender una persona de Kentucky y diga: «Me interesa». Gente que sale de la nada, que coge una sociedad como la española y un género, el de la copla en este caso, y lo convierte en otra cosa.
-Dígame, ¿cuál es su canción favorita de Rocío Jurado?
-Más que mi favorita, le diría la canción que más me impacta en el documental: ‘Como las alas al viento’. Aparece en un momento muy duro para ella, cuando tiene que salir a cantar de nuevo en ‘Rocío siempre’, la gala que hizo cuando sabía que estaba enferma. Y después, ‘Como yo te amo’, porque creo que es su gran himno.
Fuente: El Correo de Andalucía












