Llegas a casa, abres la puerta y la vivienda parece un horno. El gesto sale casi solo: coger el mando del aire acondicionado y bajarlo a 18 ºC con la esperanza de que la habitación se enfríe cuanto antes. Sin embargo, los expertos en climatización coinciden en que esa reacción, tan habitual en verano, no sirve para que la vivienda baje de temperatura más rápido.
El aire acondicionado no funciona como un grifo de agua fría que sale con más intensidad cuanto más bajas la temperatura. El aparato detecta la diferencia entre la temperatura real de la estancia y la temperatura marcada en el mando, pero poner 18 ºC no significa que vaya a expulsar un aire mucho más frío ni que la casa alcance antes una sensación agradable.
Lo que sí consigue esa decisión es otra cosa: obligar al equipo a trabajar durante más tiempo para intentar llegar a una temperatura innecesariamente baja. Y ahí está el problema. No enfría antes, pero consume más.
El error de ponerlo al mínimo
El mito está muy extendido. Muchas personas creen que, si ponen el aire a 18 ºC, la habitación bajará de temperatura más rápido que si lo ponen a 24 o 25 ºC. En realidad, el equipo no acelera de forma proporcional por marcar una consigna extrema. Simplemente seguirá funcionando hasta intentar alcanzar ese objetivo.
La diferencia es importante. Si lo ajustamos a una temperatura razonable, el aparato se detendrá o reducirá su potencia cuando la estancia llegue al punto de confort. Si lo ponemos a 18 ºC, trabajará más tiempo, gastará más energía y puede generar una sensación de frío excesiva.
Por eso los expertos insisten en una idea sencilla: la clave no es ponerlo “más frío”, sino mantener una temperatura estable y adecuada.
Cuál es la temperatura recomendada
En verano, la mayoría de recomendaciones sitúan la temperatura de confort del aire acondicionado en torno a los 24-26 ºC. Puede variar según la vivienda, la humedad, la orientación, el aislamiento o la actividad que se esté realizando, pero ese rango suele ser suficiente para refrescar sin convertir el salón o el dormitorio en una nevera.
Aire acondicionado en un hogar / EL PERIÓDICO
Además, una temperatura demasiado baja aumenta el contraste con la calle. Si fuera hay 36 o 38 ºC y dentro se fuerza el ambiente a 18 ºC, el salto térmico es enorme. Eso no solo puede resultar incómodo al entrar y salir, sino que también lleva al aparato a trabajar en condiciones poco eficientes.
El objetivo no debería ser pasar frío en casa, sino dejar de pasar calor. Y esa diferencia, aunque parezca pequeña, se nota en la factura.
Cada grado cuenta
Uno de los motivos por los que este error puede salir caro es que cada grado de menos supone más esfuerzo para el equipo. No es lo mismo mantener una habitación a 25 ºC que intentar llevarla a 18 ºC durante una tarde de calor intenso.
El aparato tendrá que funcionar durante más tiempo y, en muchos casos, a mayor potencia. Si además la vivienda está mal aislada, entra sol directo o se abren puertas y ventanas con frecuencia, el sistema tendrá todavía más difícil alcanzar la temperatura marcada.
Por eso, bajar el termostato al mínimo puede convertirse en una trampa: parece una solución rápida, pero en realidad alarga el funcionamiento del equipo y aumenta el consumo sin mejorar de forma proporcional el confort.
Qué hacer al llegar a casa con mucho calor
La mejor estrategia no es poner el aire a 18 ºC, sino ayudar al equipo a trabajar mejor. Antes de encenderlo, conviene ventilar si la temperatura exterior es más baja que la interior, cerrar persianas o cortinas si entra sol directo y evitar que puertas y ventanas queden abiertas mientras el aparato está funcionando.
Después, lo más eficaz es seleccionar una temperatura razonable, esperar unos minutos y dejar que el equipo estabilice la estancia. Si el aparato tiene modo automático, modo eco o función de programación, puede ayudar a mantener el confort sin cambios bruscos.
También es útil revisar la orientación de las lamas. A veces la habitación parece no enfriarse porque el aire no se distribuye bien. Dirigir el flujo hacia el techo o hacia una zona donde pueda circular mejor suele resultar más efectivo que bajar todavía más el termostato.
El truco más sencillo
La próxima vez que llegues a casa con calor, evita el impulso de poner el aire acondicionado a 18 ºC. No vas a enfriar antes la estancia, pero sí puedes aumentar el gasto eléctrico.
La regla práctica es sencilla: selecciona una temperatura de confort, cierra bien la habitación, evita el sol directo, limpia los filtros y deja que el aparato trabaje sin forzarlo. En verano, usar bien el aire acondicionado no consiste en bajar el mando todo lo posible, sino en encontrar el punto justo para estar fresco sin malgastar energía.












