Antes de que un bañador de Guillermina Baeza pisara una pasarela, antes de las campañas con alas de ángel y antes de que el baño reclamara su sitio en el ‘prêt-à-porter’, hubo una niña nacida en Tánger en 1939 mirando un mundo de culturas cruzadas, elegancia, apertura y Mediterráneo. Aquel Marruecos cosmopolita que vivió entre Tánger y Tetuán dejó en Guillermina una forma de mirar que acabaría traducida en la lycra, escotes, patrones y piezas pensadas para algo más que un chapuzón. Querían vestir.
La firma nacida en Barcelona acaba de celebrar ahora cuatro décadas con un acto íntimo, familiar y entrañable en el patio ajardinado del restaurante Gala, en Barcelona. Con Belén Larruy Baeza, hija de la fundadora y actual directora creativa; sus hermanos; el fotógrafo Manuel Outumuro, autor de campañas memorables para la casa; Maria Eugènia Gay, teniente de alcalde de Barcelona, y Marta Coca, ‘product manager’ de la 080 Barcelona Fashion. Guillermina, algo indispuesta, no pudo acudir, pero estuvo «en cada recuerdo». El acto sirvió también para anunciar que los 40 años de la firma tendrán una exposición en marzo del 2027 en el museo de Artes Decorativas de Madrid. «Queremos que luego venga a Barcelona», avanzó Larruy.
De izquierda a derecha, Maria Eugènia Gay, Antonio Jorge Larruy Baeza, Belén Larruy Baeza, Manuel Outumuro y Marta Coca, durante la presentación del acto conmemorativo, en el restaurante Gala de Barcelona. / EPC
«Para mí lo más importante es el orgullo: orgullo de madre, orgullo de trayectoria, orgullo de que me haya enseñado a hacer las cosas, la perseverancia, la lucha, no perder nunca los valores», resume Larruy. También pesa, admite, «la responsabilidad de continuar y poder mantener el lugar que ha tenido la marca durante todos estos años», con «visión de estrategia y de futuro».

Guillermina Baeza en Mallorca, en 1958, durante su luna de miel, luciendo el primer bañador que diseñó. / ARCHIVO GUILLERMINA BAEZA
Y entonces llegó la lycra
La historia empresarial empieza antes que la firma. En los años 60, Antonio Larruy, marido de Guillermina, dejó la banca y montó con un socio un taller de trajes de baño. La aparición de la lycra abría un territorio nuevo y en España aún mandaban las licencias francesas. «En aquellos años no existía la marca española; era la francesa, básicamente», recuerda Antonio Jorge Larruy, hijo de la fundadora. Guillermina se incorporó en los 70 para diseñar y cambió el pulso de la casa: «Con toda su creatividad, su entusiasmo y sus ganas, empezó a plasmar las colecciones», como explica su hijo.
Ese gesto contenía una revolución. Guillermina no venía de una escuela de moda, sino de una intuición estética muy desarrollada, una biografía atravesada por el Mediterráneo y una mentalidad abierta. En los 80, cuando la moda española empezó a construir su propia voz, la familia entendió que el bañador no podía seguir «perdido» entre la corsetería. «Se hacían muestrarios, no colecciones», cuenta Antonio Jorge. La diferencia era crucial: crear relato, imagen, temporada y deseo.

Una modelo sobre la pasarela, en uno de los primeros desfiles de la marca. / ARCHIVO GUILLERMINA BAEZA
«Me siento orgullosa de haber podido mantener la fabricación 100% en España, kilómetro cero»
Así nació Guillermina Baeza como firma. La revolución fue conceptual: transformar el bañador en colección, convertir a Guillermina en creadora y situar el baño dentro del territorio del diseño español. «El baño era parte del ‘prêt-à-porter'», reivindica la familia. Aunque al principio no fue sencillo: «Fue una batalla tremenda que nos dejaran desfilar».

El modelo de bañador negro con malla, todo un icono de la marca de baño. / ARCHIVO GUILLERMINA BAEZA
1993: las primeras alas de ángel en baño
Ahí entró también el icónico fotógrafo gallego Manuel Outumuro, que ayudó a construir una estética visual reconocible de la marca en los 90 (al igual que hizo en otras como Zara y Caramelo). Por primera vez también el bañador no se fotografiaba en la playa, sino en escenarios urbanos, en Japón, en Nueva York… «Decidimos que necesitábamos la figura de un director de arte; entonces no era una cosa muy usual», relata Antonio Jorge. Había que conseguir que campaña, colección y desfile hablaran el mismo idioma.

Campaña de Guillermina Baeza en 1993, pionera en ponerle alas a sus modelos, en las icónicas fotos de Manuel Outumuro. / ARCHIVO GUILLERMINA BAEZA
En 1993, ese idioma tuvo alas. Guillermina Baeza puso alas de ángel a sus modelos antes de que los ángeles globales de Victoria’s Secret popularizaran esa imagen. Belén no lo cuenta desde el agravio, sino desde el ADN: «Nos sentimos que fuimos el origen de poder dar unas alas a una mujer para volar, para empoderarse y para sentirse fuerte con el baño».
Guillermina Baeza puso alas de ángel a sus modelos en 1993, antes de que los ángeles globales de Victoria’s Secret
Aunque lo hizo, Guillermina nunca necesitó hablar de empoderamiento femenino. «Mi madre nos ha enseñado que no es necesario poner nombres a las cosas; hay que demostrarlo, sentirlo y hacerlo -dice Belén-. De una manera muy discreta y muy silenciosa ha empoderado a la mujer siempre». Para la directora creativa, ese feminismo de taller y patrón sigue siendo el corazón de la casa: «Que la mujer se sienta bien con su cuerpo, con sus formas, con su talla, con su manera de ser».

Campaña de Guillermina Baeza en Japón. / ARCHIVO GUILLERMINA BAEZA
No es solo una frase de aniversario. Es una forma de trabajar. La moda de baño es una de las categorías más expuestas: casi nada entre el cuerpo y la mirada ajena. Belén insiste en el patrón como refugio y herramienta. «Nuestro objetivo es que la mujer se sienta segura, cómoda, femenina, guapa en el momento en que se pone un bikini o un bañador». La fórmula está en «hacer que la mujer pierda todos sus complejos y se sienta segura», gracias al patrón, los materiales y la adaptación real al cuerpo.
«Queremos que la mujer se sienta bien con su cuerpo, con sus formas, con su talla, con su manera de ser»

Guillermina Baeza y su hija Belén Larruy, en su estudio de moda de baño. / JULIO CARBó
Innovación y proximidad
Cuarenta años obligan también a moverse. «Hay que innovar, es imprescindible innovar», defiende Belén. La marca ha incorporado materiales reciclados, estampación al agua, ganchillo mezclado con hilos de lycra, tejidos elásticos, perlas bordadas, cristales de swarovski y algodones inesperados. «Intentamos que el baño vaya más allá de los tejidos habituales», explica.
También hay una posición industrial que no quiere soltar: la fabricación cercana. «Me siento orgullosa de que he podido mantener el legado, innovar cada año, adaptarme a los cambios del mercado y mantener la fabricación 100% en España, kilómetro cero, cuando han sido muchos momentos de ir a contracorriente», afirma Belén, que lleva dos décadas al frente creativo.

Desfile de la firma Guillermina Baeza, en la 080 Barcelona Fashion. / Enric Fontcuberta / EFE
Marta Coca, desde la 080 Barcelona Fashion, también presente en la celebración, también agradece que la firma haya apostado siempre por esta pasarela, en lugar de otras del sector, y subraya que haya sabido conservar «un legado muy sólido» con «una mirada actual», innovando en materiales, producto y valores, y acompañando una belleza «a veces no tan normativa».
La pregunta, en 2026, ya no es si el baño es moda. Eso Guillermina Baeza rubricó hace tiempo. Para este verano, Belén avanza tendencias: «La temporada llega con color, textura y bañador. Blancos, negros, morados, color vino, marrón chocolate, ‘prints’, redes y transparencias». Y un protagonista claro: «El bañador».
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