Hay momentos en política que no se miden por una legislatura ni por un titular. Se miden por el tiempo que una reivindicación permanece viva en la memoria de la gente. El anuncio del avance definitivo del colector de Peña de las Águilas es uno de esos momentos. Para muchos será una noticia sobre una infraestructura valorada en 2,5 millones de euros. Para quienes conocemos la historia desde sus comienzos, representa algo mucho más importante: el principio del final de un problema que ha acompañado a cientos de vecinos durante décadas.
Peña de las Águilas, situada al oeste del término municipal de Elche, entre Carrús, Matola y Llano de San José, ha experimentado una profunda transformación en las últimas décadas. Su población supera los 2.000 habitantes. Lo que fue una partida rural se ha convertido progresivamente en una zona residencial cada vez más integrada en la ciudad. Sin embargo, ese crecimiento no siempre vino acompañado de las infraestructuras necesarias.
Recuerdo perfectamente cuando empecé a trabajar en la política local y por tanto a interesarme por este asunto. Corrían los años 2006 y 2007. Ni siquiera formaba parte de la Corporación municipal. Mi actividad política se desarrollaba fuera de las instituciones, pero mantenía contacto frecuente con asociaciones vecinales y colectivos de distintos puntos del municipio. En aquellas conversaciones aparecían muchas preocupaciones, pero había una que se repetía constantemente cuando visitaba Peña de las Águilas y Llano de San José: la ausencia de una red de saneamiento adecuada.
Era una situación difícil de explicar y todavía más difícil de justificar. Los vecinos pagaban sus impuestos como cualquier otro ilicitano. Contribuían al sostenimiento de los servicios públicos y asumían las mismas obligaciones que cualquier ciudadano del municipio. Sin embargo, seguían sin disfrutar de un servicio básico que en otras zonas de Elche se daba por hecho.
Aquella contradicción me llevó a solicitar reuniones con el entonces alcalde, Diego Maciá. Más tarde también intenté trasladar la cuestión al Gobierno de Alejandro Soler. Quería hablar de un problema que afectaba a cientos de familias y que llevaba demasiado tiempo esperando una solución. Nunca obtuve respuesta.
Con los años he aprendido que la política está llena de silencios. Algunas veces se producen por diferencias ideológicas, otras por falta de interés y otras porque determinados asuntos terminan sepultados bajo montañas de expedientes. Desconozco cuál fue la razón entonces. Lo único cierto es que el problema siguió allí. Esperando.
Mientras tanto, los vecinos continuaban conviviendo con una situación que consideraban profundamente injusta. También la hemeroteca recuerda con contundencia las declaraciones realizadas en 2011 por un portavoz vecinal: «Estamos pagando la contribución urbana y la tasa del alcantarillado igual que en otras zonas de Elche, pero no tenemos red de saneamiento, y debemos instalar fosas sépticas con unas obligaciones que son un disparate porque es imposible cumplirlas».
Aquellas palabras resumían años de frustración acumulada. No eran una reivindicación política. Eran una reivindicación de igualdad. Los vecinos no pedían privilegios, pedían algo que por ley (véase Ley 7/85 reguladora de las Bases de Régimen Local, art. 26) les correspondía y corresponde como servicio mínimo obligatorio, ya que el alcantarillado público es una competencia obligatoria a ejercer por los municipios, máxime en lugares donde contribuyen con el pago del impuesto de bienes inmuebles, al igual que las zonas urbanas.
Y el tiempo siguió pasando. Pasaron gobiernos, concejales, promesas, reuniones e informes. Pero el alcantarillado de Peña de las Águilas permanecía convertido en uno de esos asuntos que parecían condenados a vivir eternamente en los márgenes de la agenda política.
Por eso la noticia conocida estos días tiene una trascendencia especial. Porque no estamos hablando únicamente de una obra. Estamos hablando de una reivindicación histórica que comienza a encontrar una respuesta definitiva. El proyecto ya está terminado. La Confederación Hidrográfica del Segura ha comprometido una inversión de 2,5 millones de euros para ejecutar el colector y conectar la red general con las distintas fases del alcantarillado desarrolladas en Peña de las Águilas y Llano de San José. Además, Aigües d’Elx impulsará la actuación complementaria necesaria para culminar la conexión con la red municipal.
Pero si algo merece destacarse en este proceso es la determinación con la que el alcalde, Pablo Ruz, ha asumido la resolución de problemas históricos que durante demasiado tiempo parecían enquistados. Porque gobernar no consiste únicamente en proyectar el futuro. Gobernar también significa mirar de frente las asignaturas pendientes del pasado y negarse a aceptar que determinadas reivindicaciones permanezcan eternamente en una carpeta olvidada.
Quienes conocen el funcionamiento de las administraciones saben que sacar adelante una actuación de estas características no es sencillo. Requiere coordinación entre organismos, negociaciones permanentes, seguimiento técnico y una insistencia constante para evitar que los procedimientos se eternicen. En demasiadas ocasiones los proyectos fracasan no porque sean imposibles, sino porque nadie está dispuesto a perseverar hasta el final.
Y precisamente ahí radica uno de los aspectos más destacables de este proceso. Pablo Ruz ha demostrado nuevamente una capacidad poco habitual para convertir problemas heredados en prioridades políticas. Lo ha hecho con una idea muy clara: los vecinos no quieren escuchar eternamente por qué algo no puede hacerse; quieren comprobar que alguien está dispuesto a trabajar hasta conseguir que se haga.
Todavía quedan pasos por dar. La exposición pública del proyecto, las posibles alegaciones, la licitación y la ejecución de las obras forman parte de un camino que aún debe recorrerse. Pero también es cierto que, por primera vez en muchos años, existe financiación garantizada, un proyecto definido y un calendario razonable.
Y eso cambia completamente la perspectiva.
Muchos años después, hoy Peña de las Águilas empieza a ver el final del túnel.
Porque esta no es únicamente la historia de una infraestructura. Es la historia de una reivindicación que se negó a desaparecer, de unos vecinos que nunca dejaron de reclamar lo que consideraban justo y de un Alcalde, Pablo Ruz que ha decidido asumir como propio un problema que llevaba demasiado tiempo esperando solución. Porque al final, la verdadera política municipal no consiste en inaugurar aquello que resulta fácil, sino en tener la determinación de resolver aquello que parecía imposible. Hasta pronto.
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