El Oviedo negocia con Julián Calero para que se convierta en el encargado de dirigir la nave carbayona la próxima temporada y la apuesta de Pachuca, revelada en exclusiva por LA NUEVA ESPAÑA el pasado 18 de mayo, refrenda la idea de que el conglomerado mexicano ha ido variando el perfil de entrenador elegido desde su aterrizaje en Asturias en el verano de 2022. La de Calero es la apuesta por la experiencia y tiene el mejor refrendo posible: los números.
El proceso para elección de entrenador entra en su recta final con el parleño como el elegido para dirigir al equipo. En realidad, él ha sido el favorito desde el primer momento cuando empezaron a germinar las dudas sobre la idoneidad de que siguiera Almada, también crecientes en el propio entrenador, y se empezaran a poner sobre la mesa las primeras alternativas. Ahí, en las primeras valoraciones para ocupar el banquillo, el nombre de Calero ya suena con fuerza entre los rectores azules en Oviedo, una idea que es compartida por Jesús Martínez cuando habla con el parleño. Por eso, cuando el dueño habla ante los medios a través de una videoconferencia dice aquello de que el Oviedo necesita «un entrenador con personalidad, intenso y disciplinado dentro y fuera del campo; que sea un obsesionado del fútbol, como lo soy yo». En su cabeza, Calero ya lideraba la carrera.
En la elección, pendiente de solventar los últimos trámites y cerrarse por escrito, pesan varios factores. El primero, la experiencia exitosa de Calero en el fútbol español. El Levante es el ejemplo más claro, pero su trayectoria al alza, interrumpida por su despido este mismo curso, no se limita a esta última etapa. La llamada de Michu para hacerse cargo del Burgos, en Segunda B, fue el salto de calidad que necesitaba su currículum, ilustre como segundo técnico pero a falta de confirmación como jefe principal.
En el Burgos ascendió al equipo en la 2020/21 para luego mantenerlo durante dos temporadas seguidas en la Segunda, ocupando la undécima posición y coqueteando por momentos con los puestos de play-off. Tras esa experiencia de tres años se quedó sin banquillo, pero no tardó en reclutarle el Cartagena, al que llegó en la octava jornada con el equipo hundido en el último puesto. Lo levantó casi de forma inmediata y lo dejó en el 14.º puesto, con unos números brillantes.
Y llegó el Levante, cumplida su misión en Cartagonova, para darle las riendas de un equipo potente, aunque no favorito de primer nivel para el ascenso. Es esa última experiencia en el Ciutat de Valencia la que terminó de inclinar la balanza a su favor respecto al resto de nombres sugeridos en Oviedo en dirección a México. Los números en la temporada 24/25 son irrebatibles. Pero también suma el fútbol exhibido. Calero, con fama de defensivo en Burgos, demostró que, manteniendo el orden en todo momento, era un entrenador capaz de adatarse a la plantilla y de dar cabida a futbolistas de talento. Jugadores como Carlos Álvarez, Pablo Martínez o Brugué brillaron el parleño a los mandos. De hecho, en aquel curso, los 69 goles anotados por el conjunto granota solo fueron superados por los 72 del Almería de Rubi.












