La fe y el perreo

Por una carambola del calendario, en Madrid han confluido durante horas dos personalidades que levantan pasiones, sean mundanas o espirituales.  Bad Bunny y León XIV condujeron, cada uno desde su púlpito, a miles de personas a un éxtasis colectivo. La capital del reino fue altar y pista de baile, en ambas direcciones: el cantante pronuncia homilías entre canción y canción y el Pontífice celebra vigilias a ritmo de Godspell, en silla de preferencia de un festival rockero.

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