Entre la solemnidad de la misa, el despliegue institucional y la imagen de más de un millón de fieles reunidos en Cibeles, hubo un gesto pequeño que pudo pasar inadvertido. Felipe VI recibió al Papa León XIV con una frase sencilla, casi doméstica, más propia de quien saluda a un invitado después de una jornada intensa que de un acto rodeado de protocolo: “Espero que haya descansado”.
La escena se produjo minutos antes del inicio de la Santa Misa del Corpus Christi en la Plaza de Cibeles, uno de los grandes actos de la visita del Pontífice a Madrid. León XIV llegó al centro de la capital entre ovaciones, gritos de “Viva el Papa” y una expectación que desbordaba el entorno de la plaza. Allí le esperaban los Reyes Felipe VI y Letizia junto a la Princesa Leonor y la Infanta Sofía.
El saludo del Rey fue breve, pero dejó una pincelada de naturalidad en mitad del ceremonial. Felipe VI dio los buenos días al Pontífice y, a continuación, le lanzó esa frase con tono cercano: “Espero que haya descansado”. No era una pregunta cualquiera. León XIV afrontaba su segunda jornada en Madrid después de un sábado cargado de actos, recorridos en papamóvil, discursos, visita al centro de Cáritas y vigilia multitudinaria con jóvenes.
La Reina fue la siguiente en saludarle. Letizia acudió vestida de blanco, en un guiño al llamado privilegio de blanco reservado a determinadas reinas católicas en actos con el Papa. Después llegaron los saludos de la Princesa Leonor y de la Infanta Sofía, completando una imagen familiar que contrastaba con la magnitud del acto que estaba a punto de comenzar.
La Casa Real difundió imágenes del encuentro, en las que se puede ver a los Reyes conversando con León XIV y señalándole los balcones de un edificio cercano, engalanados con banderas amarillas y con la imagen del Pontífice. Fue otro de esos detalles que retratan la mezcla de protocolo, curiosidad y cercanía que ha acompañado la visita papal desde su llegada a España.
La jornada, en cualquier caso, estuvo marcada por la respuesta masiva de los fieles. La Plaza de Cibeles y sus alrededores se llenaron desde primeras horas de la mañana para asistir a una misa que congregó a más de un millón de personas. Los gritos de “Viva el Papa” se mezclaron también con algunos “Viva el Rey”, dejando una escena de alta carga institucional y popular.














