La Medalla de Oro otorgada por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria a la labor asistencial y sanitaria del Hospital San José reconoce mucho más que la trayectoria de un centro de cuidados. Distingue la historia de una institución que nació al mismo tiempo que la ciudad empezaba a transformarse alrededor del Puerto de La Luz y que, desde entonces, ha mantenido un vínculo estrecho con varias generaciones de grancanarios.
Fundado en 1891, el Hospital San José forma parte de la memoria sanitaria, social y urbana de la capital. El reconocimiento con la Medalla de Oro refuerza ahora ese vínculo histórico. «Es un honor para el hospital porque ha habido una conexión con la ciudad durante 135 años.
«En su momento fue un elemento catalizador para Las Palmas de Gran Canaria, en particular para el Puerto, y eso supuso una revolución», destacó Miguel Ruiz, director general del Hospital San José tras conocer la distinción.
Ligado a la figura del doctor Bartolomé Apolinario
Un centro cuyo origen está ligado a la figura del doctor Bartolomé Apolinario Macías, médico y benefactor que entendió la necesidad de crear un espacio de acogida y de cuidados en el entorno del Puerto de La Luz aportando los terrenos para levantar el inmueble. Esa vocación fundacional sigue siendo una de las claves de la identidad del hospital, una entidad pionera en la asistencia sanitaria gratuita.
Para Miguel Ruiz, hay dos aspectos esenciales que explican su vigencia más de un siglo después: «Uno es el mantenimiento de su carácter sin ánimo de lucro y el segundo, que ha sabido modernizarse». Esa combinación entre raíz social y adaptación a los nuevos tiempos ha permitido al centro conservar su papel dentro de la ciudad sin renunciar a los principios que marcaron su nacimiento.
El Hospital San José surgió como hospital, pero también como asilo, no en el sentido actual del término, sino como espacio de caridad, acogida y refugio para los más necesitados.
La localización del edificio no fue casual. La playa de Las Canteras reunía las condiciones que, en aquella época, se consideraban favorables para tratar enfermedades del sistema musculoesquelético y dolencias como la tuberculosis. La zona era, además, un punto estratégico para quienes llegaban desde el Puerto, La Isleta, El Refugio o Santa Catalina. Ese enclave privilegiado sigue siendo hoy una de las señas de identidad del centro.
«Seguirá siendo el hospital más bonito de Las Palmas de Gran Canaria con vistas a Las Canteras», afirmó Ruiz, quien vincula el reconocimiento recibido a una nueva etapa para la institución. «Esta medalla nos da un nuevo impulso para continuar con la ampliación y hacer una medicina todavía mucho más cercana con los ciudadanos», señaló sobre el proyecto de mejora previsto para el inmueble.
Medicina avanzada y conservación del patrimonio
Para la dirección del centro sanitario, el reto está a partir de ahora, en compaginar un hospital del siglo XXI con un inmueble del siglo XIX. Una tarea que a juicio del actual director exige flexibilidad para compatibilizar la atención a través de una medicina moderna con el respeto a la tradición y a la conservación del patrimonio arquitectónico.
«A nosotros nos han declarado Bien de Interés Cultural (BIC) porque es lo único que queda en la zona, lo cual es autoexplicativo de que somos los únicos que hemos sido capaces de mantenerlo así».
Para Ruiz, la Medalla de Oro supone además un «segundo idilio» con la ciudad, que continúa 135 años después de su creación y que no le hace perder su identidad. Una identidad construida sobre la asistencia, la cercanía y el compromiso con la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.
En sus muros se resume una parte de la historia de la capital: la del Puerto que impulsó su crecimiento, pero también la disposición de una familia, los Apolinario, que supieron ver la importancia de tener conciencia social. Por eso, su historia no pertenece únicamente al ámbito sanitario, sino que trasciende al ámbito social, urbano y humano.
La del Hospital San José es la historia de una institución que ayudó a Las Palmas de Gran Canaria a mirar hacia el mar como fuente de futuro, pero también como escenario de cuidados.
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