“Una locura, una sensación demasiado especial, una experiencia única. Cierto que, en ese instante, para nosotros, la diferencia, no sé, entre coronar la inmensa recta de Mugello a 320 o 368,6 kilómetros por hora, no es gran cosa, pero, sí, el sábado fue algo muy especial, sobre todo cuando levantas la cabeza, dejas de estar protegido por la cúpula del carenado y recibes un golpe de aire que te deja descolocado, aturdido, pierdes la vista. Es más, frenas, tratas de parar la moto, sin apenas ver”.
El madrileño Jorge Martín (Aprilia), que ha vuelto ya por sus fueron, que vuelve a ser el ‘Martinator’ campeón, segundo del Mundial a solo 17 puntos de su compañero Marco Bezzecchi, ganador en Le Mans y segundo en Brasil, EEUU e Italia, narra así para El Periódico las sensaciones que experimentó cuando, el sábado de Mugello, en la tercera vuelta lanzada de la segunda práctica libre, estableció un nuevo récord de velocidad al coronar la recta del trazado de la Toscana, de 1.141 metros de larga, a 368,6 kilómetros por hora.
«No deja de ser un dato, una estadística más de nuestro deporte, pero, bueno, es hermoso haber vivido ese momento y explicarlo. La verdad es que ninguno de nosotros sale a pista pensando en romper el récord de velocidad, ninguno».
“No deja de ser un dato más de nuestro deporte, no deja de ser una estadística, otro récord que superamos”, sigue explicando Martín. “Lo digo porque ninguno de nosotros sale a la pista a conseguir esa marca, nadie. Para nosotros no es tan importante, tal vez para nuestra fábrica sí, claro, porque es la demostración de que han hecho, como así es en el caso de Aprilia, un magnífico trabajo de motor, estabilidad y aerodinámica, porque ese récord es fruto de un montón de factores”.
‘Martinator’ reconoce que cuando inició la larga recta de Mugello en ese giro, sí sintió la sensación “no de que iba a batir el récord, insisto, eso no lo piensas”, pero sí de que iba a hacer una buena marca. “Llevaba neumáticos nuevos, había llegado a la última curva aprovechando un par de rebufos y frené tarde, muy bestia, para iniciar la recta con fuerza. En Mugello, si quieres hacer algo así, hay que echarle mucho valor, mucho, pues el final de esa recta siempre es vertiginoso».
Jorge Martín, sobre su poderosa y veloz Aprilia. / APRILIA RACING TEAM
“Si es verdad que, cuando volví al ‘boxe’, y me dijeron la velocidad que habíamos alcanzado pensé ‘¡guau!, estamos cerca de los 400 kms/h., ¡que barbaridad!’”. Pero para Martín, la locura, lo más impresionante es cuando, al final de la recta, intentas parar la moto para meterte en una curva larga de derechas muy veloz, también. “Cuando te sales de la protección de la cúpula, te viene un golpe de aire que, si no tienes el cuello reforzado, fuerte, musculoso, te lanza hacia atrás de forma muy violenta. El golpe de aire es tan fuerte que, de pronto, dejas de ver. Bueno, que se me entienda, nunca dejas de ver, peor las primeras milésimas de segundo estás como aturdido, pero te recuperas al instante, bueno, por costumbre”.
Para ‘Martinator’, al final, “es una experiencia más para contar y, sí, en el fondo te gusta que te pregunten por ello pero, insisto, ninguno de nosotros piensa en estas cosas, pues lo que nosotros queremos es ser regulares, precisos, limpios, poner la moto a punto, adquirir buen ritmo de carrera, pilotar sueltos, alegres, cómodos, no tanto como ser tremendamente veloces. ¡Hombre, veloz, tienes que ser, de lo contrario no estás delante!”
Los aviones comerciales suelen despegar a 250/300 kms/h., el récord de un F-1 es de 378 kms/h., en la Indy llegaron a 389,9 kms/h. y, en las antiguas 24 Horas de Le Mans (1988), con una recta de 6 kilómetros, alcanzaron los 405 kms/h.
Para que se hagan una idea, hasta que Martín coronó la recta de Mugello a 368,6 kilómetros por hora, el récord lo tenían Brad Binder y Pol Espargaró, con la KTM, también en Mugello en 2024 y era de 366,1 kms/h. Es la ‘era 1.000cc’, que morirá a finales de año, dando paso a las nuevas 850cc, que todo el mundo cree serán algo más lentas, cosa que, de momento, nadie se atreve a pronosticar.
Para que sigan pensando en lo que representan esos 368,6 kms/h., un avión comercial, el más común de los Boeing, suele despegar a 250/300 kilómetros por hora. El récord de F-1 es del finlandés Valtteri Bottas, a los mandos de un Williams Mercedes, en Baku, en 2016, donde alcanzó los 378 kms/h. El de Indianápolis, lo posee el neerlandés Arie Luyendyk, en 1996, cuando alcanzó, en una de las rectas del oval, los 389,9 kms/h.
Y, como colofón de esta lluvia de kilómetros por hora, la marca más anecdótica, vivida en las 24 Horas de Le Mans de 1988, es de 405 kilómetros por hora, en manos del francés Roger Dorchy, pilotando un poderosísimo WM-P88, con motor Peugeot V6 Turbo, al final de la inmensa recta de ‘Les Hunaudières’, de 6 kilómetros de larga. Como era tan peligrosa, tanto, en 1990, decidieron construir dos ‘chicanes’ para reducir la velocidad en ese tramo.












