El PSOE no lucha actualmente por el poder, se debate agónico por la subsistencia. Si se olvida por un momento a las politólogas de pago, que localizan brotes verdes en la obtención de la mitad de diputados andaluces que el PP, la extinción del dinosaurio socialista es la hipótesis más probable aunque la vaticine García-Page. Quien necesite más pruebas, puede consultar los tableros de apuestas de Polymarket, donde se cumple con la máxima de exponer tu dinero donde pones tu lengua. Al igual que un enfermo con las defensas debilitadas, cualquier catarro implica un riesgo para la existencia socialista.
Pedro Sánchez no tiene que preocuparse de una (ultra)derecha que ya le ha derrotado, según demuestra el encadenado Extremadura-Aragón-Castilla-Andalucía. El propio líder del PSOE reconocía a cada paso que su misión crepuscular consistía en frenar el desembarco de PP/Vox, una admisión implícita de la inutilidad de sus propuestas positivas. La mayor amenaza para el socialista consiste en el afloramiento de una personalidad virgen que le dispute el territorio, Gabriel Rufián en la penúltima encarnación que también será fallida. Por si se requiere alguna documentación, países vecinos como Francia, Italia o Estados Unidos demuestran que se puede acceder al poder sin un partido a cuestas.
En su situación desesperada, la solución ideal para el PSOE consistiría en que fructificara la moción de censura más anunciada de todos los tiempos. Feijóo es tan anodino que no asusta a PNV ni Junts, y esta insignificancia facilitaría la cesión temporal de votos a cambio de una convocatoria electoral, que en el caso de los catalanes también serviría de guiño a una comunidad cada vez más escorada a la derecha. Despojados de su actual esclavitud del poder, los socialistas tendrían así una mínima oportunidad de redimirse y regenerarse, auxiliados por un dúo Feijóo/Abascal que promete servir en un plazo récord el mayor espectáculo que vieron los tiempos.
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