Rebeca Gordon ha asumido la presidencia del Colegio de Graduados Sociales de Castellón en un momento especialmente complejo para la profesión. Los cerca de 300 profesionales especializados en relaciones laborales, recursos humanos y asesoramiento sociolaborala los que representaafrontan un escenario marcadopor los constantes cambios normativos, la digitalización de las administraciones y el creciente desgaste laboral del sector.
Toma el relevo de Amparo Máñez -que se integra en su Junta Directiva– con el desafío de atender un relevo generacional decisivo para el futuro del colectivo. Cuarta mujer que ocupa la presidencia en los 51 años de historia del Colegio –se alcanza la paridad- reclama mayor reconocimiento y capacidad de influencia para los graduados sociales en la toma de decisiones laborales. Entre sus prioridades figuran atraer talento joven, impulsar la formación tecnológica y preservar el valor de la experiencia en un contexto de transformación acelerada.
–Llega a la presidencia en un momento de cambios importantes en el ámbito laboral. ¿Qué le motivó a dar el paso hacia la presidencia?
–Principalmente dos motivos: el apoyo recibido y la necesidad de dar continuidad al trabajo realizado durante los últimos años. Llevo trabajando siete años en la Junta de Gobierno y creo que mi generación debe servir de puente entre quienes se jubilarán próximamente y la nueva generación que debe incorporarse a la profesión. Debemos ayudar a que su conocimiento, trabajo y experiencia no se pierda mientras seguimos acogiendo talento joven.
–¿Cuál es su diagnóstico actual de la profesión en Castellón?
–Vivimos una especie de “burnout” colectivo desde la pandemia. La carga de trabajo y los cambios normativos constantes han generado mucho desgaste profesional. El legislador no nos ha dado un respiro durante estos años. Aun así, percibo más unión entre los profesionales y una reivindicación común: que se nos escuche, como expertos, antes de tomar decisiones que afectan a nuestra labor.
–En los últimos años, la normativa laboral ha experimentado numerosos cambios y actualizaciones. ¿Cómo está afectando esta evolución constante al trabajo diario?
–Nos obliga a una adaptación permanente, tanto en formación como en organización interna y tecnología. Esto incrementa costes y dificulta la planificación, además de generar cierto grado de desapego por parte de nuevas generaciones que no quieran dedicarse a una profesión en continuo cambio, a pesar de somos una de las que registra menos tasa de desempleo.
–La digitalización –acelerada y a veces defectuosa- ha transformado su relación con la administración, con organismos públicos como la Seguridad Social o el SEPE. ¿Qué balance hace de este proceso?
–Tengo una sensación contradictoria. La tecnología agiliza muchos procesos, pero también hemos perdido cercanía y contacto humano. Debemos encontrar un equilibrio entre digitalización y trato personal. A veces, una llamada soluciona más que cinco CASIA. En cualquier caso, el trato que recibimos de la Tesorería General de la Seguridad Social de Castellón es admirado en toda España.
–El papel de los graduados sociales es clave en la aplicación práctica de la normativa laboral. ¿Cree que está suficientemente reconocido?
–Durante la pandemia se reconoció nuestra importancia, pero todavía queda camino. No debe volver a pasar lo ocurrido este año con la Orden de Cotización que fue publicada cuando muchos compañeros empezaban un merecido descanso de Semana Santa. No es la primera vez que ocurre. Pienso que tenemos derecho al descanso y a la desconexión digital igual que el resto de trabajadores y que hay que poner en valor y exigir el respeto que merece que las plantillas puedan cobrar a final de mes y que la Seguridad Social tenga los seguros sociales ingresados en plazo, entre otros muchos trabajos. Esa labor es en gran medida gracias a los graduados sociales, pero es algo que hay que valorar como se merece. No es darle a un botón.
–¿Está preparada la profesión para dejar de ser percibida como una extensión administrativa y dar el salto a un rol más estratégico?
–Sí. Nuestro valor no está en el trámite, sino en el conocimiento profundo de las empresas y de las relaciones laborales. Un despacho que trabaje tanto el asesoramiento laboral, fiscal, jurídico y de igualdad es un grandísimo activo para cualquier empresa. Podemos aportar mucho en la toma de decisiones estratégicas.
–La presión normativa, la responsabilidad jurídica y la carga de trabajo están elevando el estrés en el sector. ¿Se está normalizando un nivel de exigencia insostenible?
–La frase que más se repite con compañeros mayores de 55 años es “en cuanto pueda me jubilo”. Hablan de jubilación anticipada por agotamiento. Llevamos años pidiendo ser escuchados en las mesas negociadoras de los ministerios de Trabajo y Seguridad Social, para que, conjuntamente, podamos explorar nuevas vías de hacer más sencillo el trabajo en beneficio de la ciudadanía. Además, la inmediatez y la presión constante generan un desgaste difícil de gestionar. Los colegios profesionales deben servir de apoyo y refugio para el colectivo.
–Durante el último año, como colectivo han reiterado el derecho a la desconexión digital. ¿qué resistencias están encontrando?
–Vivimos en una cultura de respuesta inmediata que invade el tiempo personal. No obstante, también es un momento social en el que se está teniendo más en cuenta que nunca la salud mental. Solo pedimos que se respeten los horarios de descanso y que las notificaciones administrativas no lleguen a cualquier hora, durante el fin de semana o a las 12 de la noche.
–Los despachos profesionales operan en un entorno cada vez más competitivo. ¿Cómo está evolucionando el modelo de negocio?
–Muchos pequeños y medianos despachos están siendo absorbidos por firmas más grandes debido a la sobrecarga de trabajo, la inversión tecnológica y la falta de relevo generacional. Castellón es una provincia con grandes industrias, pero de gestión cercana. Nuestro reto es ayudar a que ningún profesional se quede atrás.
–¿Qué oportunidades y desafíos plantea la inteligencia artificial en el asesoramiento laboral?
–La IA permitirá automatizar tareas repetitivas y centrarnos en el verdadero valor añadido: el criterio profesional. La tecnología ayuda, pero el conocimiento jurídico seguirá marcando la diferencia.
–Tiene cuatro años por delante. ¿Cuáles son las prioridades de su mandato?
–Quiero atraer a más jóvenes a la profesión, impulsar programas de mentoría y reforzar la formación en tecnología, liderazgo y comunicación. También queremos crear una comisión tecnológica y mejorar la visibilidad social del trabajo que realizan los graduados sociales.
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