Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado detuvieron hace una semana en el Aeropuerto de Madrid-Barajas al expolicía local de la localidad mallorquina de Son Servera que huyó a Tailandia en las Navidades de 2024 tras ser condenado a siete años y medio de prisión por intentar matar a su mujer estrangulándola con un fular en el domicilio conyugal en 2018.
El inculpado ha permanecido fugado durante aproximadamente un año y medio en el país del sudeste asiático, hasta que decidió regresar a España a finales de mayo con la intención de entregarse. Según fuentes cercanas al caso, estaba cansado y no podía renovar el pasaporte en Tailandia, por lo que pretendía viajar hasta Palma. Nada más aterrizar en Barajas, saltó la orden internacional de busca y captura e ingreso en prisión que tenía vigente y los agentes procedieron a arrestarle. Julián C.V., de unos 60 años de edad, fue capturado y posteriormente encarcelado.
El procesado había abandonado Mallorca de forma precipitada en avión a finales de diciembre de 2024 tras quitarse la pulsera antimaltrato que estaba obligado a llevar. Dos meses antes, en octubre de 2024 la Audiencia de Palma le había impuesto siete años y medio de prisión por un delito de homicidio en grado de tentativa. El hombre se encontraba en libertad porque el fallo aún no era firme entonces. Tras su huida, el Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB) confirmó íntegramente la sentencia en marzo de 2025.
Además de la pena de siete años y medio de cárcel, la Sala fijó una indemnización de más de 6.600 euros por las lesiones y daños morales ocasionados a la víctima, así como la prohibición de aproximarse y comunicarse con ella durante diez años.
El expolicía local condenado, en la última sesión del juicio en la Audiencia de Palma. / B. P.
La Audiencia Provincial apreció la circunstancia atenuante de dilaciones indebidas porque la causa estuvo paralizada durante un periodo prolongado de tiempo, aunque también la agravante de discriminación por razón de género al considerar que el acusado agredió a su esposa por su condición de mujer.
La tarde del 8M
Los hechos ocurrieron en la tarde del 8 de marzo de 2018, 8M, día internacional de la mujer, en la vivienda donde convivía el expolicía local con su pareja en Son Servera. Ambos discutieron por la negativa de él a que ella saliera con sus amigas.
Su esposa le dijo que seguiría juntándose con ellas porque eran sus amigas, lo que motivó que el hombre, “actuando con desprecio a la autonomía y libertad de la mujer por el simple hecho de serlo”, iniciara una disputa, la agarrara por los hombros, le dijera que era una puta y que no valía para nada, le diera manotazos y la llevara a la fuerza hacia el baño.
Allí, el expolicía tiró varios frascos de cristal y la llevó tirando de una bufanda que ella llevaba puesta en el cuello hacia el dormitorio, donde la arrojó a la cama y la intentó asfixiar oprimiendo el fular. Pese a los gritos de la perjudicada que le decía que parara porque no podía respirar, el procesado hacía caso omiso a sus súplicas y apretaba el cuello con más fuerza, “con clara intención de acabar con su vida”, según la sentencia.
De entre las patadas que la víctima le dio para poder escapar, una de ellas le permitió salir hacia el baño, pero el hombre la siguió y de nuevo la golpeó y le dio un cabezazo en la nariz. Acto seguido, él cogió una navaja que llevaba encima y apuntándole al cuello le dijo: “Lo tengo que hacer, aunque vaya a la cárcel”. En ese momento, ella lo empujó y se cortó en la mano derecha con la navaja. Logró escapar y acudir al domicilio de una amiga.
A consecuencia de lo ocurrido, la perjudicada sufrió lesiones y tardó en curar catorce días. El acusado había bebido alcohol antes de la comisión de los hechos.
El tribunal subrayó que si el hombre no acabó con su vida fue por la resistencia activa empleada por ella con patadas, manotazos, intentos de esquivar las agresiones y huida.
Suscríbete para seguir leyendo














