Pocas frases hechas suenan tan visuales como “dar calabazas”. La usamos cuando alguien rechaza una propuesta amorosa, cuando una persona no corresponde a otra o, en otro registro muy común, cuando un estudiante suspende un examen. Pero la imagen sigue siendo extraña: ¿qué tiene que ver una calabaza con decir que no?
La respuesta está en una mezcla de simbolismo popular, antiguas creencias sobre el deseo y evolución del lenguaje. La expresión no nació de una sola anécdota perfectamente documentada, sino de un conjunto de asociaciones que fueron asentándose con el tiempo hasta convertir la calabaza en símbolo de rechazo, desaire o fracaso.
Qué significa hoy “dar calabazas”
En el español actual, dar calabazas tiene dos usos principales. El más conocido es el sentimental: rechazar a alguien que pretende iniciar una relación o mostrar interés amoroso. También se emplea en el ámbito académico con el sentido de suspender o reprobar a alguien en un examen.
El Diccionario de la lengua española recoge precisamente esas dos acepciones: desairar o rechazar a alguien cuando requiere de amores y reprobar en exámenes. La expresión, por tanto, no pertenece solo al lenguaje del amor; también forma parte del vocabulario escolar y universitario.
El origen: una fruta contra el deseo
Una de las explicaciones más repetidas sitúa el origen simbólico en el mundo antiguo. A la calabaza se le atribuyeron durante siglos propiedades anafrodisíacas, es decir, contrarias al deseo sexual. En esa interpretación, “dar calabazas” equivaldría a enviar un mensaje muy claro: enfriar los impulsos amorosos, cortar el cortejo o invitar al pretendiente a olvidarse de sus esperanzas.
Una mujer da calabazas a un pretendiente. / INFORMACIÓN
La idea aparece en muchas explicaciones divulgativas de la expresión: la calabaza habría funcionado como símbolo de rechazo porque se asociaba a la contención del deseo. En la Edad Media, además, se extendió la creencia de que sus pepitas ayudaban a alejar pensamientos impuros o lascivos, una asociación muy coherente con el contexto religioso de la época.
No significa que podamos señalar un día exacto en el que alguien rechazó a un pretendiente entregándole una calabaza. La lengua rara vez funciona así. Lo más probable es que la expresión naciera de esa carga simbólica acumulada: la calabaza como alimento o fruto vinculado a la castidad, la frialdad amorosa y la negación del deseo.
De la castidad al desaire amoroso
Con el tiempo, la expresión se fue fijando en el habla popular. En los siglos modernos, dar calabazas ya aparece relacionada con el desaire, con no conceder algo que se pide y, de forma cada vez más clara, con el rechazo en el terreno sentimental.
La propia evolución resulta muy lógica: si la calabaza simbolizaba lo contrario del deseo, “dar calabazas” terminó significando cortar una pretensión amorosa. En vez de corresponder, se devuelve una negativa. En vez de abrir la puerta a una relación, se enfría la situación.
Por eso la expresión conserva un tono ligeramente burlón. No decimos simplemente que alguien ha rechazado a otra persona; decimos que le ha dado calabazas, como si el rechazo tuviera forma de objeto, como si el “no” pudiera entregarse en la mano.
La otra calabaza: suspender un examen
El significado académico tiene otra lógica, aunque comparte la idea de fracaso o desaire. Dar calabazas también pasó a usarse para decir que un profesor suspende a un alumno. En este caso, la calabaza se asocia al resultado negativo: no se concede el aprobado, igual que en el amor no se concede la correspondencia.

Un grupo de alumnos, antes de entrar al primer examen de selectividad, el lunes 1 de junio en la Universidad Complutense de Madrid. / Alba Vigaray
La expresión tiene un punto de ironía popular. Igual que se “dan” notas, premios o aprobados, también se “dan calabazas”. La imagen convierte el suspenso en algo casi material: el estudiante esperaba reconocimiento y recibe, en su lugar, una calabaza simbólica.
Una frase más antigua que el “ghosting”
La vigencia de “dar calabazas” es curiosa porque hoy convive con términos importados del inglés como ghosting, curving o breadcrumbing, usados para describir formas modernas de rechazo afectivo. Pero ninguna de esas palabras tiene la fuerza castiza de la calabaza.
“Dar calabazas” suele implicar un rechazo más claro que el ghosting. El ghosting es desaparecer sin explicación. Dar calabazas, en cambio, es decir que no, cerrar la puerta o dejar claro que no hay interés. Puede hacerse con educación, con frialdad o con crueldad, pero el resultado es el mismo: alguien se queda sin lo que esperaba.
Curiosidad: por qué precisamente una calabaza
La calabaza también ha tenido en la cultura popular una relación con lo hueco, lo vacío o lo poco sustancioso. En español, llamar a alguien “calabaza” o hablar de una “cabeza de calabaza” puede insinuar torpeza o falta de juicio. El Diccionario histórico de la lengua española documenta usos antiguos de calabaza relacionados con recipientes hechos con el fruto vacío y también con sentidos figurados asociados a la cabeza o a la simpleza.
Esa dimensión ayuda a entender por qué la palabra pudo prosperar en expresiones de burla o fracaso. La calabaza no era solo un alimento: era un objeto cotidiano, reconocible, con valor simbólico y capacidad para generar imágenes humorísticas.
Una expresión popular que sigue viva
La fuerza de “dar calabazas” está en que convierte una experiencia incómoda en una imagen sencilla. Todos entendemos qué significa que alguien no corresponda, que una cita no salga como se esperaba o que una propuesta sentimental termine en negativa. La lengua lo resume con una fruta humilde, doméstica y rotunda.
Su origen exacto se pierde entre creencias antiguas, moral religiosa y usos populares, pero su sentido actual no deja dudas: dar calabazas es decir que no cuando alguien esperaba un sí. Y quizá por eso la expresión ha sobrevivido tanto tiempo. Porque cambia la forma de ligar, cambian las redes sociales y cambian las palabras de moda, pero el rechazo sigue necesitando nombres. En español, uno de los más expresivos sigue siendo este: una calabaza.














