Una nota de corte baja suele asociarse a titulaciones con menor presión de acceso y peores salidas laborales. Pero no siempre es así. Si cruzamos las notas de corte de varias universidades con los datos de inserción laboral de la Fundación CYD, aparecen varias ingenierías con acceso mínimo en algunos campus (en torno al 5) y con tasas de afiliación, estabilidad contractual y jornada completa muy por encima de la media. Ninguna de esas carreras, sin embargo, está en Madrid o en Barcelona.
En la Universidad de Huelva, el grado de Ingeniería Informática tuvo una nota de corte de 5,5 el año pasado. Informática es, según las estadísticas de CYD, una de las carreras con mejores datos de inserción laboral
Un 5 como nota de corte no significa que la carrera sea fácil, sino que en esa universidad concreta la última persona admitida entró con un 5 o que hubo plazas suficientes. Las notas de corte son puntuaciones que varían cada año, no las fija las universidades ni reflejan la dificultad de la carrera, sino que dependen de la relación entre la demanda de cada grado y la oferta de plazas. Es decir, es la nota de admisión más baja con la que un estudiante consigue ser admitido. En los últimos años, estas calificaciones se han disparado en muchas facultades, especialmente en los estudios científicos y sanitarios.
Huelva y Oviedo
Sin embargo, hay ingenierías con notas de corte que no pasan del simple aprobado. En la Universidad de Huelva, el grado de Ingeniería Informática tuvo una nota de corte de 5,5 el año pasado. Informática es, según las estadísticas de CYD, una de las carreras con mejores datos de inserción laboral: 89,4% de afiliación cuatro años después de graduarse y una base media de cotización de 36.623 euros. En ese mismo campus, Ingeniería Eléctrica requirió un 5. Los datos de CYD reflejan que los egresados en Medicina, Informática e Ingeniería (que son, precisamente, los grados con notas de corte más elevadas) son los que gozan de mayor inserción laboral y sueldos más elevados.
Otras modestas notas de corte las encontramos también en la Universidad de Huelva, donde el año pasado se requirió solo un 5 para ser admitido en Ingeniería Mecánica e Ingeniería Energética. En otras ingenierías, como Agrícola y Química Industrial, la nota de corte fue también un 5.
En la misma línea, en la Universidad de Oviedo, el año pasado se requirió, como mínimo, un 5 al alumnado de Ingeniería Electrónica Industrial y Automática. No fue la única carrera con esa nota de corte. Ingeniería de Tecnologías Mineras e Ingeniería Geomática también se quedaron en el 5.
La presión por alcanzar la nota es uno de los denominadores comunes de la selectividad, que comenzó el 1 de junio en Madrid
La presión por alcanzar la nota es, precisamente, uno de los denominadores comunes de la selectividad. La PAU empezó el lunes 1 de junio en Madrid y en la mayoría de comunidades se celebra a partir del día 3. Mientras, en Catalunya habrá que esperar a los días 9, 10 y 11 de junio. El alumnado sabe que el reto no es aprobar. Más de nueve de cada diez lo consigue. El verdadero desafío es sacar una calificación media entre el Bachillerato y la PAU (contando con la fase voluntaria, que sube nota) lo suficientemente alta para poder entrar en una universidad pública, donde, a diferencia de las privadas, las plazas están limitadas por las notas de corte.
La puntuación media no tiene que ser brillantes sino deslumbrantes para entrar, por ejemplo, en Matemáticas, uno de los estudios con mayor inserción laboral, según las estadísticas de CYD. El año pasado, en los principales campus catalanes y madrileños, las notas de corte no bajaron de 12 (sobre un máximo de 14). La calificación es aún más alta si el alumno quiere cursar un doble grado, una opción cada vez más demandad: en 2025, el umbral de admisión para Física y Matemáticas en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) se disparó hasta 13,3. Enfermería requirió un 11,7 en la Autónoma de Madrid, y Veterinaria, un 11,8 en la Complutense. Medicina y las ingenierías están también entre los estudios con notas de corte más exigentes.
Los datos de CYD confirman que los egresados en Medicina son los que mejores salidas laborales tienen: la base media de cotización asciende a los 41.894 (la más elevada). Un ingeniero o ingeniera de Organización Industrial, por ejemplo, dispone de una base media de cotización 38.087 euros y un contrato indefinido en el 93% de los casos. En el extremo opuesto, los egresados en Educación Infantil tienen una base media de 25.080 euros y los de Comunicación, 22.472 euros.
«La empleabilidad depende de factores cambiantes, como la oferta y la demanda del mercado o el contexto económico, político y social»
Factores cambiantes
A pesar de esta realidad, los expertos piden a los futuros universitarios que la inserción laboral sea un factor más en la decisión de qué carrera cursar, pero no el elemento determinante. “La empleabilidad depende de factores cambiantes, como la oferta y la demanda del mercado o el contexto económico, político y social. Por ello, la universidad debe garantizar una formación amplia y crítica, complementada con orientación profesional, sin adaptar su oferta únicamente al mercado laboral”, explica Teresa Parache, responsable del departamento de Orientación Laboral de la Universitat de Lleida (UDL). La experta insiste en que el mercado laboral es cambiante y considera fundamental apostar por la orientación a los universitarios, pero no centrada para dirigir a los jóvenes hacia los ámbitos con mayor inserción laboral sino proporcionando “información objetiva y herramientas” para que sean ellos y ellas los que tomen una decisión libre.
La comunidad universitaria insiste en que los graduados, más allá de estudiar el grado, deben ampliar conocimientos híbridos, desde las competencias transversales (saber trabajar en equipo, así como expresarse bien y salir del paso ante problemas) hasta las digitales, incluida la inteligencia artificial.
Suscríbete para seguir leyendo















