Toca balance del Mundial 2026, el primero que organizaron tres países no necesariamente bien avenidos. En España será siempre recordado por el gol de Ferran Torres, aguja e hilo para coser la segunda estrella sobre el escudo. Pero hay otros momentos, situaciones y circunstancias que sobresalieron de una cita mundialista hipercomercializada como nunca.
1. La pausa de hidratación, hiciera frío o calor
Algunos se han negado a llamarlas así, prefieren el término pausa publicitaria. Por los pingües ingresos que las televisiones se han llevado por los dos huecos abiertos para insertar anuncios. Las críticas a la FIFA se han sucedido desde el primer día. En algunos estadios no cubiertos, dadas las altas temperaturas, estaba justificada. En estados tapados, con aire acondicionado, no. ¿Se quedarán para siempre? Quizá en los Mundiales, pero en las competiciones domésticas y en la Champions, dudoso. La UEFA no se ha mostrado partidaria. Alteran estos parones la esencia del fútbol, que es la continuidad, para americanizarlo y cambiar a cuatro cuartos la estructura de los partidos.
Aficionados de Brasil en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. / MAURO PIMENTEL / AFP
2. La avaricia de la FIFA con los precios de las entradas
El fútbol en este Mundial no ha sido para el pueblo. Si acaso, para gente de pueblo que decidió que solo se vive una vez y mañana alguien proveerá. La política de precios dinámicos que la FIFA ha implementado ha hecho escalar las entradas a unos niveles nunca vistos. Un acontecimiento para ricos. Gianni Infantino, el jefe de la FIFA, dijo que en EEUU están acostumbrados a estas tarifas, cientos y miles de euros por ver cualquier encuentro. Y puede ser verdad. Los campos se han llenado. Se han contabilizado unos 6,8 millones espectadores en las gradas. Más que nunca en la historia. De media, un asiento para la final costaba 11.100 euros, 2.000 más que en la Superbowl de 2024, hasta ahora el acontecimiento deportivo más caro. En cualquier caso, nos quedará de este Mundial la imagen de una FIFA avariciosa sin disimulo.

Folarin Balogun, delantero de Estados Unidos. / BENJAMIN FANJOY / EFE
3. La injerencia de Trump
El fútbol mundial se escandalizó con la tarjeta roja anulada a Folarin Balogun, el máximo goleador de la selección estadounidense, tras la injerencia de Donald Trump, que llamó a Infantino y este, cómo no, se plegó y forzó una decisión inédita. A Trump le dijeron que sin Balogun se complicaba eliminar a Bélgica en octavos de final y ya se sabe que en este mundo actual sus caprichos son órdenes. Y el delantero jugó, pese a que la entrada que causó su expulsión era más que merecida. No le valió de nada a la selección de Pochettino. Quedó eliminada sin apelación posible. La UEFA, por ejemplo, calificó como «inaudita, incomprensible e injustificable» la decisión de la FIFA.

Nuno da Costa celebra la clasificación con los aficionados de Cabo Verde. / SAM WASSON / EFE
4. El Mundial más largo no repercutió en goleadas ignominiosas
Existía el temor de que la participación de 48 selecciones implicaría un aluvión de resultados abultados. Cabo Verde, Curazao, Jordania, Irak, Haití… ¿Cuál se llevaría más sacos de goles? A la hora de la verdad, no fue así. Solo Curazao ante Alemania careció de competitividad (7-1). Cabo Verde, por el contrario, puso en aprietos a los dos finalistas y Vozinha, su portero, adquirió sus 10 minutos de fama. Ni España ni Argentina fueron capaces de ganarle. La conclusión es que está muy bien ampliar y democratizar la experiencia mundialista, pero 104 partidos siguen pareciendo muchos. Ahora la FIFA, siempre dispuesta a ir más allá, estudiará el Mundial de 64 selecciones. A ver si se tiene en cuenta a los clubs y al descanso de los futbolistas por una vez.

Erling Haaland abraza a Jude Bellingham tras el triunfo de Inglaterra. / EFE
5. El controvertido sensor del balón
La tecnología se ha introducido a unos niveles un tanto excesivos en el fútbol. El VAR ha sido normalizado, pese a las discusiones que genera cotidianamente, pero lo del sensor en el balón ha sido una novedad que ha ayudado poco. En Croacia dicen que fueron eliminados por Portugal por la detección de un leve roce en la calva de Matanovic que supuso la anulación por fuera de juego del gol que habría significado el 2-2 y la prórroga. A ojo humano, ni con la repetición a cámara lenta se percibió el contacto. Nos recordó que la dictadura de la tecnología está aquí. En cambio, fue incapaz de detectar que la pelota tocó el cable de las cámaras en el Inglaterra-Noruega que precedió al gol de Bellingham en los cuartos de final. Extraño rendimiento del sensor.

Shakira actúa en la final del Mundial 2026 / LARS BARON / Getty Images via AFP
6. El largo show del descanso
Al fútbol la americanización le queda regular. Pasaron más de 40 minutos desde que los jugadores concluyeron el calentamiento y el inicio del partido entre tanto espectáculo y tantos himnos. En el descanso, la imitación de la Super Bowl con un show de música estiró también más de la cuenta la separación entre la primera y la segunda parte. Unos 27 minutos duró. En el proceso de americanización promovido por Infantino de este Mundial se introdujo también el regalo de un anillo de campeón a cada jugador. Al menos eso se hizo en la privacidad del vestuario.

Kylian Mbappe celebra uno de los dos goles que anotó a Inglaterra en el partido por el tercer y cuarto clasificado. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
7. El récord goleador de Mbappé
Leo Messi fue el primero en dar alcance a Miroslav Klose como máximo anotador de todos los Mundiales. El alemán había sumado 13. No tardó en adelantarle también el delantero francés. Y siguió marcando goles. Hasta la cita del tercer y cuarto puesto, que cosechó un doblete. Ha dejado la marca momentánea en 22 tantos. Con 27 años y como mínimo un Mundial más que se le prevé, es de esperar que incrementará la cifra sustancialmente. El récord de las 13 dianas de Just Fontaine en un único Mundial, el de 1958, sigue siendo inalcanzable.

Lionel Messi sentado en el césped del campo después de su derrota en la final del Mundial 2026 contra España. / AFP7 vía Europa Press
8. El adiós en la (casi) cima de Messi
El rosarino quedó desconectado en la final ante España, pero en los partidos anteriores brilló como siempre, y a sus 39 años. Asombroso. Anotó ocho goles y repartió cuatro asistencias, pero estos son datos que caerán en el olvido. Se recordará que la cita mundialista de 2026 significó la despedida en el escaparate internacional del mejor jugador de todos los tiempos sin margen para la discusión. Y que lo hizo en la plenitud de rendimiento, habiendo disputado tres finales, algo que solo logró antes Cafú. Ahora le toca saber apartarse y sus lágrimas denotan que sabrá hacerlo.

Lamine Yamal consuela a Cristiano Ronaldo tras la eliminación de España a Portugal em el Mundial el pasado lunes. / SAM WASSON / EFE
9. Los derrotados
Cada gran cita deportiva tiene un ganador y varios derrotados. Este Mundial constató el declive irreversible de Cristiano Ronaldo, estirando en exceso su presencia con Portugal, un lastre más que un apoyo. Contó con la complicidad del seleccionador Robert Martínez, que dio la sensación de no atreverse a dibujar la raya. Se estrellaron selecciones como Alemania, demasiado pronto para su potencial, y la Brasil de Carlo Ancelotti, corto de jugadores desequilibrantes.

Ferran Torres celebra el gol que dio el Mundial a España. / FRANCK FIFE / AFP
10. El gol de Ferran Torres y la segunda estrella
Los Mundiales siempre recuerdan al ganador. Se recuerda durante generaciones. No hay triunfo más excepcional. Y si todo el mundo se acuerda del gol en el minuto 111 de Andrés Iniesta en 2010, Ferran Torres pasa a ser un futbolista imborrable gracias al latigazo con la zurda en el minuto 106 ante Argentina. Un delantero de vida interior agitada, que se sabe criticado a lo largo de su carrera, y que ha pasado por psicólogos para remontar. Por eso exclamó que se merecía el gol. Una forma de expulsar las toxinas mentales asociadas a la alta competición.
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