La inteligencia artificial puede ser el instrumento con el que Europa reduzca su dependencia estratégica exterior, «si se aprovecha adecuadamente, y se acompaña el depliegue con una inversión en formación y habilidades tecnológicas transversales«. Con esa tesis, Juanjo Cano, presidente de KPMG España, intervino en la 41ª Reunió del Cercle d’Economia, donde compartió mesa con el ministro de Industria, Jordi Hereu, y el director de Veolia en España, Daniel Tugues sobre la autonomía estratégica de Europa y la competitividad industrial.
En esta carrera, el ejecutivo quiso poner el foco, primero, en los activos concretos con los que España ya cuenta: el liderazgo en energías renovables, una posición destacada en hidrógeno, costes energéticos más bajos que en otros países europeos —lo que convierte al país en un destino atractivo para la inversión industrial— y una cobertura de fibra óptica y conectividad que se sitúa entre las más avanzadas del continente. A ello sumó sectores como la automoción, la biotecnología y la industria farmacéutica como pilares sobre los que construir.
En la otra cara de la moneda, el debate puso el foco en los déficit sbien conocidos, y repetidos, en foros homólogos al del Cercle: baja productividad, empresas de pequeño tamaño —lo que limita su capacidad de escala e internacionalización—, inversión insuficiente en innovación y un tejido industrial que necesita refuerzo. En este punto, el presidente de KPMG defendió políticas activas que favorezcan la inversión y el crecimiento empresarial, y apostó por una mayor cooperación entre países europeos para aprovechar las fortalezas de cada uno.
Envejecimiento de empresas
Sobre el talento, explicó que la transformación tecnológica y el envejecimiento poblacional obligan a conectar mejor el sistema educativo con lo que realmente demandan las empresas. Y, respecto a la inteligencia artificial, Cano optó por una posición pragmática: algunas tareas desaparecerán, pero surgirán nuevas profesiones y modelos de negocio. «Si Europa sabe adelantarse a la carrera y apostar por aquellos puestos de trabajo punteros, saldrá vencedor», dijo.
El tercer eje de su intervención fue la regulación. Sin mencionar normativas concretas, Cano reclamó revisar las reglas que generan complejidad innecesaria o desincentivan la inversión. Un mensaje recurrente en la compañía, pues ya en el Cercle de 2025 había advertido de que la regulación europea «legisla con un ánimo de perfección que puede quitar competitividad», y había pedido «facilidad y simplificación» como condición para que las pequeñas empresas puedan competir en igualdad de condiciones con las grandes.
Cano, reelegido presidente de KPMG España por unanimidad de los socios hasta 2031, acumula desde 2021 un perfil público cada vez más activo en los grandes foros económicos. Licenciado en Económicas por la Complutense, lleva toda su carrera en la firma, donde empezó en auditoría en 1996.
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