La figura del entrenador personal ha estado tradicionalmente asociada al lujo y la exclusividad que solo ciertas élites podían permitirse a la hora de cuidarse. Hasta hace poco, era fácil imaginar a un artista internacional o una actriz de Hollywood machacándose en el gimnasio de su mansión al lado de un monitor que le daba consejos vedados para el común de los mortales. Hoy, sin embargo, el asesor deportivo se ha convertido en la figura más pujante del sector del ‘fitness’ y sus servicios son los más demandados por quienes se incorporan a la cultura del cuidado personal.
Entre aquella imagen estereotipada y la actual han tenido lugar dos fenómenos: la práctica del deporte y la afición a los gimnasios se han disparado en la sociedad, sobre todo tras la pandemia. A remolque de este tirón, la asistencia de un entrenador personal ha dejado de ser vista como un ‘servicio premium’ para ser percibida como la vía más rápida, eficiente y segura que hay para hacer realidad los objetivos de salud o de mejora física que se persiguen.
Sin parar de crecer
Laia Payès ha sido testigo –y parte– de esta transformación. Hace cinco años observó que empezaban a incorporarse de forma masiva nuevos usuarios, y de perfiles muy variados, al gimnasio donde trabajaba como monitora, y que muchos de ellos comenzaban a mostrarse incómodos en salas de aparatos, pesas y mancuernas cada vez más masificadas. Decidió probar suerte como entrenadora personal centrándose en tres grupos de personas: mujeres, séniors y pacientes con dolencias físicas. Desde entonces, su negocio no ha parado de crecer.
Una clase individual de una hora suele costar entre 40 y 70 euros, dependiendo de la modalidad y del paquete que se contrate
A sus 26 años, hoy tiene más de 20 clientes fijos, a los que asiste de manera individualizada en sus propios domicilios. De las 7 de la mañana a las 9 de la noche se la puede ver cruzando Barcelona en su moto, de cita en cita, “feliz y contenta” de poder vivir de lo que le apasiona y, sobre todo, de ver el resultado de su trabajo. “El trato personal permite adaptar el entrenamiento a las circunstancias de cada individuo y lograr antes los objetivos que se buscan. Tengo una clienta de 80 años que cada día me da las gracias por lo mucho que ha mejorado su movilidad desde que practicamos ejercicios en el salón de su casa”, explica.
El trato personal permite adaptar el entrenamiento a las circunstancias de cada individuo y lograr antes los objetivos que se buscan
Como Laia, en Barcelona hay al menos otros 2.500 preparadores físicos, según estimaciones del sector, que ofrecen sus servicios a la carta, tanto a domicilio como en las decenas de ‘gimnasios boutique’ que han abierto sus puertas en los últimos años en la ciudad centrados exclusivamente en el asesoramiento personal, una fórmula en boga.
“El cambio de paradigma se produjo tras la pandemia. Después de dos años duros por los confinamientos, la gente se lanzó en masa a hacer deporte y cuidarse. En los últimos tres años no han parado de abrirse gimnasios y están todos llenos. Ante este panorama, cada vez más usuarios optan por contratar a un profesional para que le dé clase de manera personal”, explica August Tarragó, presidente de la Associació de Empreses de Catalunya d’Activitat Física i Fitness (ADECAFF).
Fito Florensa, entrenador personal y responsable de Koa Center. / Zowy Voeten / EPC
Época dorada
El sector del ‘fitness’ reconoce estar viviendo una “época dorada”. La Fundación España Activa calcula que actualmente hay 7.400 gimnasios privados en nuestro país, de los cuales 340 se abrieron el año pasado. Solo en la ciudad de Barcelona, al cierre del ejercicio de 2025 había 930 clubes y para este año estaba prevista la apertura de otros 20.
Este crecimiento se está apoyando, principalmente, en una forma muy concreta de entrenar, que se centra más en el usuario y en sus circunstancias personales. De hecho, seis de cada diez locales inaugurados desde 2020 son ‘gimnasios boutique’ que apuestan por el trato individualizado y la figura del entrenador personal especialista en una amplia gama de prácticas: ‘crossfit’, pilates, yoga, nutrición, fisioterapia, danza… También los hay que ofrecen clases personales dirigidas a perfiles muy concretos de clientes, como embarazadas, mujeres con la menopausia, población sénior, personas que arrastran lesiones o aquellas quieren prepararse para una prueba deportiva.
Actualmente hay 7.400 gimnasios privados en nuestro país, de ellos 340 abiertos el año pasado. En Barcelona, a finales de 2025 había 930, y este año están previstas otras 20 inauguraciones
“Antiguamente, la gente se apuntaba al gimnasio por la ‘operación biquini’, pero ahora vienen porque quieren cuidarse. Buscan bienestar, no solo mejorar su aspecto, y entienden que lo más práctico para lograr ese objetivo es contratar a un profesional que diseñe un plan a su medida y haga un seguimiento de su evolución”, razona José L. Burriel, cofundador del club WIN Fitness de Barcelona, especializado en ejercicios de fuerza y dedicado a la atención individualizada y de grupos pequeños. Abrió su primer local hace 10 años en la ciudad, el segundo lo inauguró hace un año y medio y se plantea seguir creciendo. “Hay horas del día en las que el club lo tenemos completo y los preparadores no disponen de huecos para contratar a más clientes”, confirma.
Los gimnasios están de moda
El motor de esta industria es la popularización que ha alcanzado en los últimos años la práctica del deporte y los gimnasios en particular. Según la Encuesta de Hábitos Deportivos de 2025, un 30% de la población española está hoy abonada a un club, 10 puntos más que en 2022. En la capital catalana, ese porcentaje se eleva al 42%. Actualmente, 733.000 barceloneses pagan cada mes la cuota de un gimnasio privado, según cálculos de ADECAFF. Y cada vez hay más usuarios que se animan a solicitar los servicios de un monitor privado.
Contratar a un entrenador personal no se ve hoy como un capricho, sino como una inversión en salud
Una clase individual de una hora de duración suele costar entre 40 y 70 euros, dependiendo de la modalidad y del paquete que se contrate, y lo habitual es que se celebren dos o tres sesiones a la semana. “Hace años, esto se veía como algo elitista, una cosa de ricos y famosos, y solo unos pocos fanáticos del gimnasio se apuntaban a la idea de tener un entrenador personal. Pero esto ha cambiado. Hoy hay cada vez más personas a las que no les duele gastarse ese dinero, porque no lo ven como un capricho, sino como una inversión en su salud”, distingue Fito Florensa, fundador de KOA Center, en Barcelona, donde hoy ofrecen sus servicios una veintena de entrenadores personales, que también dan clases virtuales.
‘Influencers’ y redes
La Federación Española de Entrenadores Personales y Fitness (FEEPYF) calcula que actualmente trabajan en nuestro país unos 30.000 entrenadores personales, pero esta cifra es solo una estimación, ya que no existe ningún censo oficial que regule este oficio.
El campo donde hoy se libra la principal batalla por atraer a los interesados en el ‘fitness’ lo componen internet y las redes sociales, donde abundan los ‘influencers’ y los cursillos que prometen un vientre de tableta de chocolate en cuestión de días, pero Santiago Celis, presidente de FEEPYF, asegura que en el sector no hay temor a esta “competencia desleal”. “La ayuda que te ofrece un profesional que está a tu lado guiándote no te la da ningún vídeo ‘online’ ni te lo da la IA. Por eso, la demanda de este servicio no para de crecer”, afirma.
Desde la azotea de Pili Navarro, donde Laia Payès dirige los movimientos y posturas de su clienta, la entrenadora confirma esa impresión: «El trato personal es la clave de este negocio. Al final, acabamos siendo esa persona que sabe mejor que nadie cómo lograr que ella se sienta bien con su cuerpo, y esa confianza no te la da ningún contenido de internet», asegura.
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