El auge que vive hoy el ‘fitness’ y el culto al cuidado personal ha propulsado un sector, el de los gimnasios y los entrenadores personales, que también da cabida a la picaresca. Al calor del fuerte interés que ha calado en la sociedad por trabajar el cuerpo a fondo para mejorar el aspecto y el estado de salud de los individuos, en las redes sociales han aflorado últimamente todo tipo de influencers, coaches y presuntos formadores que se ofrecen para dar consejos o acompañamiento en calidad de entrenador personal sin acreditar en muchas ocasiones la formación con la que cuentan ni el nivel de acierto de sus recomendaciones.
En el sector de los gimnasios y los entrenadores personales se rumia una “profunda preocupación” ante las situaciones de “intrusismo” que detectan con frecuencia, sobre todo desde plataformas digitales. “Nos preocupa porque están jugando con la salud de las personas y un mal entrenador puede causar daño si no hace bien su trabajo. Y también porque una mala praxis acaba perjudicando a toda la profesión”, denuncia August Tarragó, presidente de la Associació d’Empreses de Catalunya d’Activitat Física i Fitness (ADECAFF).
Titulación oficial
La clave, según todos los profesionales de este sector, es la formación del instructor. Los gimnasios y centros de ‘fitness’ homologados están obligados a contratar monitores con titulación oficial, ya sea el grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFYD, nivel universitario), el título de Técnico Superior en Animación y Acondicionamiento Físico (TSAF, nivel FP) o un certificado emitido por un centro de formación acreditado. Sin embargo, el intrusismo se ve facilitado por la falta de un criterio estatal a la hora de ordenar esta actividad.
Catalunya fue la primera comunidad que legisló en España sobre el ejercicio de las profesiones deportivas, en 2008, pero no todas las comunidades cuentan a día de hoy con leyes específicas para esta tarea. “Igual que tener dientes bonitos no te convierte en dentista, tener buenos músculos o ser un fanático del gimnasio no te convierte en entrenador. Pero en nuestro oficio se dan estos casos de competencia desleal”, se queja Tarragó.
Catalunya fue la primera comunidad que legisló en España sobre el ejercicio de las profesiones deportivas, en 2008, pero no todas las comunidades cuentan a día de hoy con leyes específicas para esta tarea
Más allá del título, en la Federación Española de Entrenadores Personales y Fitness (FEEPYF) subrayan la importancia de que el monitor cuente con probada experiencia para ofrecer sus servicios. “Quien se plantee contratar a un entrenador debe fijarse en dónde trabajó antes, conocer testimonios de personas a quién atendió, y averiguar qué resultados consiguió. Hay profesionales que hacen muy bien su trabajo y carecen de titulación, pero su valía debe estar acreditada”, distingue Santiago Celis, presidente de FEEPYF.
Fito Florensa, entrenador personal y responsable de Koa Center, posa en su gimnasio en una pausa entre sus clases con sus clientes. / Zowy Voeten / EPC
Un buen entrenador
Ante la amplia y variada oferta de asistentes personales que se ofrecen en las redes, los profesionales recomiendan a los usuarios tener en cuenta algunos detalles para saber distinguir el grano de la paja. “Un buen entrenador, lo primero que hace es un montón de preguntas para conocer a fondo a su cliente. Cómo vive, come, duerme, cuáles son sus hábitos, sus objetivos, su historial médico, si tiene lesiones… Si no existen esas preguntas al principio, entonces no le está ofreciendo un servicio personalizado”, explica el entrenador personal Fito Florensa, de Koa Center, que añade otra pista decisiva: “Los monitores profesionales seguimos siempre un método, el que sea. Es fundamental que al cliente le quede claro cuál va a ser el sistema que le van a aplicar, con pautas, etapas y objetivos bien definidos desde el minuto uno. Esto no va de entrenar por entrenar, sino de seguir un programa para mejorar”.
«Un buen entrenador hace un montón de preguntas para conocer a fondo a su cliente. Cómo vive, come, duerme, cuáles son sus hábitos, sus objetivos, su historial médico… Si no existen esas preguntas al principio, entonces no se está ofreciendo un servicio personalizado»
Los planes de entrenamiento personal se distinguen por adaptarse a las circunstancias de la persona que lo sigue, evitando la «programación en serie». Los monitores con más experiencia recomiendan celebrar al menos dos o tres sesiones cada semana y que el avance en el esfuerzo sea progresivo, no de alta intensidad desde el principio, porque esto aumenta las posibilidades de lesiones.
Y los objetivos deben ser “realistas”. “Un buen entrenador personal va siempre de menos a más y no se obsesiona con el objetivo, sino con ir mejorando poco a poco. En el fitness no hay atajos”, concluye Florensa.
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