Basta con echar la vista atrás para darse cuenta del majestuoso cartel que Noches del Botánico lleva 10 años armando. Han traído lo más granado de la música mundial y, claro, con tales nombres, es difícil no dejar huella. Sobre todo, teniendo en cuenta su planteamiento: conciertos con aforo limitado en un oasis cultural donde la naturaleza, el arte y la emoción se dan la mano. Para celebrar su aniversario, Ramón Martín y Julio Martí, sus directores, han organizado el festival más ambicioso del 2026. Una edición en estado de gracia que, de nuevo, del 4 de junio al 31 de agosto, les reivindica como una de las apuestas clave de la agenda patria. “Somos unos afortunados”, repiten una y otras vez. Quizá, ahí resida la clave de su éxito.
En esta ocasión, el ciclo recupera a algunos de los artistas que ya hicieron historia en él: es el caso de Rubén Blades (28 de julio), Nile Rodgers & Chic (23 de junio), Snarky Puppy (4 de julio), Pat Metheny (26 de julio) y LP (29 de julio). A ellos se suman grandes nombres que debutarán en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense: John Legend (22 de julio), OMD (18 de julio), The Kooks (25 de julio), Jeff Goldblum (2 de julio) y Tomora (8 de julio). Un viaje sonoro que se expandirá a Latinoamérica de la mano de Babasónicos (13 de julio), María Becerra (24 de julio), Cultura Profética (31 de julio), Gilsons (12 de julio) y Lasso (28 de junio). A nivel nacional destacan Rigoberta Bandini (4 de junio), M-Clan (20 de junio), Marta Santos (14 de junio) y Yerai Cortés (21 de junio), así como el homenaje a ‘Omega’ de Enrique Morente y Lagartija Nick (14 de julio).
Hace un año, con Max Richter, Van Morrison y Ana Belén a la cabeza, reafirmó su éxito: 185.000 asistentes en los 50 espectáculos programados. Su variedad musical, la clave. El festival, galardonado en múltiples ocasiones, incluyendo el Iberian Awards y el Madrid Open Cities, acogió a Santana, Mikel Erentxun, Texas, Beth Gibbons, Rozalén, Zahara y Mikel Erentxun, entre otros. Una apuesta por el eclecticismo y la multiculturalidad que repetirán ahora. La experiencia, no obstante, trasciende lo puramente artístico: el usuario puede también disfrutar de amplias zonas de esparcimiento, un ambiente refrescante, hamacas y una vinoteca, todo ello con hasta 4°C menos de temperatura que el resto de la ciudad. La cita abrirá sus puertas a las 19:30 para que los asistentes disfruten del entorno junto a una selecta oferta gastronómica. Dos ejes que, junto a su firme apuesta por la sostenibilidad, le diferencian del resto de propuestas.
P. En una época en la que muchos festivales compiten por ser el más grande, Noches del Botánico ha construido un relato de cercanía. ¿Es posible crecer sin hacerlo en tamaño?
J. Alcanzamos nuestro límite espacial hace dos años, por lo que ahora trabajamos dentro de este marco. Apostamos por buscar las sinergias adecuadas entre los artistas que quieren venir y el precio adecuado al que ponemos las entradas.
P. 10 ediciones después, ¿reconocen el proyecto que imaginaron al principio?
J. Hemos estado en evolución constante hasta hoy. La mayor lección que hemos aprendido es anticiparnos.
R. El recinto ha marcado nuestra propia evolución. Nos hemos acoplado a él: respetando las especies, amoldándonos al hábitat. Trabajamos en un elemento vivo y, por tanto, claro, lo debemos respetar. Es parte de nuestra esencia, lo que nos hace únicos. Y tenemos que cuidarlo. De hecho, es nuestra obligación dejar el jardín tal cual lo recibimos cada año. Lo planificamos todo, hasta las podas. Artísticamente, por su parte, hemos pasado de 20 conciertos a 54. Ahora, los artistas valoran estar aquí. Es un sitio mágico.
Chris Isaak, en las Noches del Botánico 2023. / RICARDO RUBIO
P. ¿Cómo puede cuidarse un festival así, alejado de las multitudes, bien diseñado, en una ciudad tan caótica, tan masiva como Madrid?
J. Estar aquí tiene sus pros y contras. Estar en un sitio así te da una potencia cultural brutal. Ahora bien, tenemos que respetar unos horarios cada vez más exigentes. Es lo normal. Nos adaptamos.
R. Aunque las licencias las tenemos que gestionar con las Juntas Municipales, la propiedad del Jardín Botánico es de la Universidad. Por fortuna, no entramos dentro de los vaivenes políticos. Presentamos la documentación y nos ceden el terreno. Asimismo, estamos en pleno centro, con el metro cerca. Una gozada. Hemos sabido integrarnos en la estructura de la ciudad. Estamos aquí por el boca a boca.
P. ¿Han tenido la tentación de cambiar de recinto?
J. No. ¿Ampliar el aforo para qué? La gente estaría más incómoda. Aquí no hay overbooking nunca.
R. Hicimos un cambio en la estructura, sustituyendo la grada por otra en la que ganamos 300 personas más. Sin embargo, nuestro éxito es éste: un aforo controlado que puede pasear, comer, comprar… y disfrutar del concierto. Nos funciona. Tiene una gran armonía que no compensa romper por un puñado más de entradas. El público lo valora altamente, somos felices. Además, estamos ya a tope de días. Sólo falta que empecemos en San Isidro.
P. Si tuvieran que contar la historia de Noches del Botánico a través de tres conciertos, ¿cuáles serían?
R. No te vamos a contestar porque es súper difícil escoger. Atención a los nombres que han pasado por aquí: Patti Smith, Bob Dylan, Phoenix, The Pretenders, Norah Jones, Pablo Milanés, Wilco, The Lumineers… Somos unos privilegiados. Lo de Óscar d’León, a mí, personalmente, me dejó impresionado. Sale al escenario sin setlist, improvisa. No para quieto con 82 años. Tenemos la suerte de sorprendernos todo el rato.
J. El día más heavy que recuerdo es del Omara Portuondo. Fue demasiado para la edad que tenía.
P. Traen bandas que, quizá, mucha gente no podría ver si no fuera por el festival. Eso deja huella.
J. Son ocasiones únicas. Además, gracias a este espacio maravilloso, los grupos pueden jugar con unas dinámicas poco habituales. No hay nada más interesante que ver un concierto en las mejores condiciones posibles.
P. ¿Suelen ponerse exquisitos los artistas con sus condiciones?
R. Realmente, son mínimas. Cosas de peña que ya tiene sus manías. Nuestras bandas no son de preservativo de colores.
J. Si acaso, nos piden que haya menús vegetarianos y cosas así. Todo razonable.

María José Llergo, en las Noches del Botánico 2024. / EUROPA PRESS
P. Tiene que ser complicado armar un cartel para todos los gustos.
J. Lo intentamos. Es nuestro objetivo habitual. Nos gusta seguir la línea que nos marcamos al inicio. De hecho, si perdemos el foco, el público nos lo avisa. Este año, por ejemplo, ya no has dicho que no hemos traído a Fangoria.
R. No nos apetece hacer 10 fechas de un mismo artista. Este festival es de paso, no para hacer largas residencias. Está pensado para los fans. No queremos competir.
P. ¿Qué nombre han perseguido durante esta década y sigue pendiente?
R. El que más deseábamos era Van Morrison y este año repite por segundo año.
J. Nos gustaría Stevie Wonder, pero no va a venir.
P. ¿Morrisey volverá?
R. Regresa a Madrid, pero no aquí. A ver qué pasa…
J. Estos personajes son tremendos. Beirut, por ejemplo, nos dejó plantados a escasos minutos de empezar el bolo. Lo hemos vuelto a llamar otras veces, pero hasta su agente duda de ellos.
P. En un momento de consumo musical muy fragmentado, ¿el festival funciona como prescriptor?
J. Sí. Hay público que, cuando ve que su artista favorito está agotado, elige otras opciones aunque no las conozca. Les da igual porque quiere disfrutar de la experiencia.
R. Nos sentimos muy queridos. Recuerdo que, cuando salieron las entradas para Queens Of The Stone Age, de repente, hubo 6.000 personas en cola. Y, claro, como el aforo es el que es, empezaron a insultarnos por redes. Nuestro equipo no había lidiado hasta entonces con su frustración. Fue tremendo. Ahí nos dimos cuenta de que nos habíamos hecho mayores.
P. ¿Hay demasiados festivales en España?
J. Nosotros nos mantenemos al margen, lo único que podemos hacer es echar una mano cuando nos la piden. No obstante, algo que hemos notado últimamente es que la credibilidad es difícil de ganar. Y hoy en día está en duda en casi todos los sitios.
R. A muchos les falta filosofía. No se trata de poner un artista detrás de otro. Aquí todo el mundo puede sentirse VIP. Estamos en otra división. Tampoco sabemos si este formato funcionaría en otro lugar. Nuestra mayor aspiración es seguir como estamos.















