Sánchez mira «a 2027 y más allá» y elude responsabilidades señalando las «malas artes» de una «oposición marrullera»

Rodeado de unas Juventudes Socialistas entusiastas e incondicionales, que en su 27º Congreso han elegido a Aránzazu Figueroa como primera mujer secretaria general de su historia, y tras una semana crítica en la que la entrada de la UCO en la sede del PSOE se ha sumado a la crisis abierta con la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez ha vuelto este domingo a alardear de su proverbial capacidad de resistencia con un discurso hecho para galvanizar a su cantera, pero también para demostrar a sus votantes y sus adversarios que está dispuesto a seguir «hasta 2027 y más allá».

En el auditorio brutalista de la sede de UGT en Madrid, sobre un escenario decorado a base de palés, y vestido juvenilmente con sus habituales vaqueros pitillo y una camisa azul –con un botón rojo en el bolsillo del pecho–, el presidente del Gobierno se ha sumado implícitamente a las voces que sugieren la existencia de una conspiración de «la derecha y la ultraderecha política y mediática» para derribar al Gobierno de «coalición progresista». Ha señalado como autor intelectual a «este expresidente Aznar», «un personaje que siempre se ha sobreestimado». Ha presumido de los logros de su Gobierno. De su «determinación» para extirpar del partido los «comportamientos inapropiados», pero también para responder a «las malas artes» de una «oposición marrullera». Ha dicho que hace falta más tiempo para que las reformas socialistas «echen raíces y formen parte del sentido común de la ciudadanía». Y robándole el eslogan de las últimas autonómicas a Isabel Díaz Ayuso ha asegurado que le sobran las «ganas» para seguir en La Moncloa. No hay mayor honor que ser el presidente del Gobierno «del mejor país del mundo», ha concluido antes de sumarse al protocolario canto de La Internacional junto a sus Juventudes, él sin el puño en alto.

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«No nos conocen»

«Después de 147 años de historia, y de más de 40 de democracia, en su mayoría gobernados por el PSOE, da la sensación de que todavía no nos conocen», ha dicho desafiante Sánchez desde la tribuna juvenil de su partido en vísperas del octavo aniversario de su llegada al poder y «del cambio político» tras la moción de censura a Mariano Rajoy. «El socialismo democrático puede tropezarse, porque somos un proyecto humano, pero nunca damos una batalla por perdida. Nos levantamos y avanzamos».

El presidente del Gobierno no ha mencionado expresamente ni al expresidente Rodríguez Zapatero ni la investigación judicial sobre la cloaca de su partido, aunque lo ha hecho implicitamente al hablar de una «oposición marrullera», conformada por «la derecha y la ultraderecha de Feijóo y Abascal». Pero su primer objetivo ha sido otro. «Vengo escuchando a este expresidente del Gobierno, Aznar, decir eso de ‘quien pueda hacer que haga’, un do de pecho desafinado de un personaje que siempre se ha sobreestimado», ha formulado con desdén Sánchez, en referencia a la frase de Aznar citada hasta la extenuación por los portavoces socialistas para sugerir la existencia de una operación de lawfare contra el Gobierno. «Es un grito de desesperación, de frustración, una proclama profundamente antidemocrática» de quien «sólo aportó la corrupción, la gran mentira del 11M e incorporar a España a una guerra ilegal. No tiene nada de qué presumir. Quien llega al Gobierno es el que más votos suma, y no el que busca atajos».

Tiempo, determinación y ganas

Estos han sido los mantras utilizados por Sánchez, tiempo, determinación y ganas, en una enérgica intervención con la que trata de demostrar que está dispuesto a morir matando. No solo no se da por enterado de las voces en su partido que le piden elecciones anticipadas o un congreso extraordinario, como este mismo domingo el exministro socialista Ramón Jáuregui, que alertan sobre el deterioro institucional, que señalan que la mayoría que sostiene al Gobierno de coalición progresista ya no existe. El presidente insiste en que tiene proyecto para rato, y sus cachorros se lo han aplaudido a rabiar porque el futuro les pertenece. «Nuestra agenda no acaba en 2027. Estamos construyendo la España de 2030».

Este domingo en la UGT Sánchez ha hablado mucho de tiempo, pero no para pedirlo; da la impresión de que da por hecho que lo tiene, o que lo conseguirá del modo que sea, como viene haciendo hasta ahora. Tiempo, dice, es lo que necesita «el socialismo democrático para que las transformaciones echen raíces y formen parte del sentido común de la ciudadanía», del «acervo» colectivo, ha insistido con resabio de ingeniero social. «España lleva ocho años avanzando», ha defendido, antes de presumir de logros más allá de los hechos: la reducción de la tasa de paro juvenil, la promoción de vivienda pública, el Bono cultural. «Vamos a seguir manteniendo la hoja de ruta para seguir avanzando España [sic] hasta 2027 y más allá. Lo que quieran los españoles y españolas» frente a «esta oposición marrullera que quiere que España se frene o que incluso retroceda».

No podían faltar las menciones a la tecnocasta y sus bulos, a la ultraderecha supremacista y, por supuesto, el inevitable no a la guerra. Ocho años después de su llegada al poder, hoy Sánchez, el hombre de los vaqueros de teflón que se crece contra los elementos, estaba de celebración y se notaba. En el auditorio de la UGT, abarrotado de jóvenes socialistas programados para el sí a todo, nadie iba a llevarle la contraria. Mañana será otro día, y probablemente otro sumario.

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