Las dos películas españolas que más dieron que hablar en la última edición del Festival de Málaga fueron dos óperas primas dirigidas por mujeres que abordan de frente la enfermedad mental y el impacto que esta tiene en el entorno familiar. Después del estreno, el pasado 8 de mayo, de ‘Yo no moriré de amor’, de Marta Matute, ganadora de la Biznaga de Oro, ahora llega a los cines ‘Corredora’, de Laura García Alonso, una producción catalana (y en catalán) que en Málaga se llevó el premio a la mejor ópera prima y que relata la historia de una atleta de élite que sufre un brote psicótico. «La salud mental sigue siendo un tabú enorme que hay que romper -afirma la directora de ‘Corredora’-. Es verdad que últimamente se ha empezado a hablar del tema y que las generaciones más jóvenes están mucho más sensibilizadas, pero algunas enfermedades, como la que retrata la película, siguen asociadas a un montón de estigmas y de prejuicios que deberíamos replantearnos en serio».
Cris, la protagonista de ‘Corredora’ (espléndida Alba Sáez) vive y entrena en un centro de alto rendimiento y, acaso para llenar el vacío que le dejó la prematura pérdida de su madre, ha construido su identidad en torno a la exigencia de la competición y la superación constante. Sin embargo, la película evita el camino fácil de plantear una relación de causa y consecuencia cuando la mente de Cris empieza a resquebrajarse. «Habría sido muy simplista relacionar el problema que tiene ella con una única causa -apunta García Alonso-. Lo suyo no es una crisis de ansiedad previa a un campeonato ni un síndrome de ‘burnout’. Es bastante más complejo, porque es un brote psicótico. Evidentemente hay una relación con ese entorno de presión y de sacrificio en el que vive, pero no viene necesariamente de ahí».
Una lesión invisible
El embrión de ‘Corredora’ es un cortometraje, ‘Tormenta de verano’, en el que Laura García Alonso ya trataba el tema de la psicosis, aunque desde el punto de vista de un joven que debe cuidar a su madre enferma. «Trasladar el problema al mundo del deporte de élite nos abría una cuestión muy interesante: si una lesión física puede terminar con la carrera de un deportista, ¿qué pasa cuando esa lesión es invisible? ¿Cómo se gestiona eso? Y, además, al ser ella una atleta, hay ahí una imagen muy potente de alguien que huye de sus propios fantasmas y para quien correr es también una especie de mecanismo de regulación».
El deporte de competición funciona asimismo en la película como la metáfora de una sociedad en la que todo parece empujarnos a ir cada vez más rápido y en la que proliferan los discursos sobre la superación de los propios límites. «Hay muchas cosas del momento presente, sí -concede la directora-. Damos mucho valor a la autoexigencia, a llevarnos al límite, a buscar lo mejor de nosotros mismos, a luchar por los objetivos… Y todo eso pasa factura. Es una ambivalencia apasionante, porque la autoexigencia es un motor que nos puede llevar lejos, pero también puede tener un precio muy alto». En cualquier caso, no hay ni rastro en ‘Corredora’ de la épica que suele acompañar a los relatos deportivos. «La película es más bien antiépica. Y coloca al espectador en un sitio interesante de no saber si quiere que la protagonista gane o no. Nos apetecía mucho desmontar ese cliché».
¿Cuándo hay que intervenir?
Si el deporte de élite es el contexto de ‘Corredora’, el corazón emocional del filme hay que buscarlo en la relación que Cris mantiene con sus familiares más cercanos, un padre bienintencionado pero desbordado por la situación (Àlex Brendemühl) y una hermana que se esfuerza en acompañar sin imponerse ni juzgar (Marina Salas). «En este tipo de enfermedades que afectan a la capacidad de decisión de las personas, se plantea un dilema complejísimo -explica García Alonso-. ¿Hasta qué punto podemos los demás imponernos a la voluntad del enfermo? ¿Cuándo hay que intervenir y cuándo no? Es un equilibrio muy difícil. No está bien invadir la libertad del otro, pero eso no puede servir de pretexto para despreocuparse del problema».
Alba Sáez, en una imagen de ‘Corredora’ / Elastica
La cineasta pone mucho énfasis en subrayar que cada caso es distinto y que la imagen que tenemos de las enfermedades mentales es de una simplicidad alarmante, a menudo condicionada por la mirada «morbosa» de las ficciones audiovisuales. «Yo, por ejemplo, me horroricé cuando vi la película del ‘Joker’. Fue alabadísima, ganó miles de premios, una dirección estupenda, una fotografía maravillosa, unos actores fantásticos. Pero, claro, a nivel de fondo, había una relación tan directa entre psicosis y psicopatía que es peligrosísima. Esa relación la normalizamos muchísimo fruto del miedo que tenemos a la locura, que en realidad yo creo que viene del miedo que tenemos a nuestra propia locura».
En el centro de ‘Corredora’, brilla la interpretación de la barcelonesa Alba Sáez, que llegó a la película, su primer largometraje, a través de un cásting abierto. «Necesitaba a una actriz capaz de hacer una construcción enorme, con mucha empatía, y que además fuese una cara nueva y tuviese un físico de atleta -señala la directora-. Cuando Alba, que es bailarina, entró por la puerta con ese dominio del cuerpo y esa mirada profunda y oscura, pensé: ‘Bien, lo tenemos’. Y luego hizo una improvisación tan brillante que me dejó absolutamente embelesada. Tuvimos un año entero para preparar el personaje. Ella entrenaba para aprender a correr bien, que es algo muy difícil, y después venía a mi casa y ahí improvisábamos una y otra vez hasta que sintió que dominaba el papel y que confiaba en mí. Nos jugábamos mucho en la elección de la actriz y encontrar a Alba fue un regalo».
Suscríbete para seguir leyendo














