Sánchez azuza a las JJSS contra quienes quieren «derribarle» pero Page apoya a las víctimas de Ferrraz

El presidente Pedro Sánchez azuzó este domingo a las Juventudes Socialistas, al grito de «¡A por ellos!», contra la «oposición marrullera que quiere derribar al Gobierno progresista con sus malas artes».

Tan sólo unos minutos más tarde, el socialista Emiliano García-Page ofrecía su «apoyo cerrado» a los jueces, fiscales, policías y agentes de la UCO contra los que el PSOE montó una cacería, desde las cloacas dirigidas por Leire Díez y Santos Cerdán.

«La primera obligación de un responsable público es defender las instituciones, incluso cuando no te gustan», recalcó Page, durante el acto institucional del Día de Castilla-La Mancha celebrado en Cuenca.

«Hoy quiero demostrar no sólo respeto», añadió, «sino un apoyo cerrado a todos los que estáis sufriendo ataques, simple y llanamente, por hacer vuestro trabajo. Al Poder Judicial, a la Fiscalía, a las Fuerzas Armadas, a la Guardia Civil, a la Policía Nacional, gracias de todo corazón».

Fue también la respuesta del barón socialista a los ataques que varios ministros han dirigido contra la Justicia, en los últimos días, tras la imputación de Zapatero y la entrada de la UCO en la sede de Ferraz, en la operación del juez Santiago Pedraz contra las cloacas del PSOE.

El ministro Óscar López acusó el viernes a los jueces de hacer ficción en algunos sumarios: «Podrían presentarse al Premio Planeta«, comentó en la primera jornada del Congreso de las Juventudes Socialistas.

Y el ministro de Transportes, Oscar Puente, dedicó un vídeo de casi 10 minutos a descalificar el trabajo de la UDEF, en la causa del caso Plus Ultra en la que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero está investigado por presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental.

Para negar que haya podido existir tráfico de influencias en su Ministerio, Puente acusó a la UDEF de «embarrar todo» incluyendo en sus informes «falacias» y «especulaciones ridículas y absurdas».

Las dos semanas trágicas en las que los socialistas han asistido a la imputación de Zapatero («referente moral» de la izquierda») y el ir y venir de agentes de la UCO por Ferraz durante más de doce horas, han vuelto a sacar a la luz las dos almas del PSOE.

A través de los ministros Óscar Puente y Óscar López, el Gobierno ha reaccionado denigrando el trabajo de los jueces y de la UDEF, el cuerpo de élite que investiga los casos de corrupción como Policía judicial.

Con su respeto escrupuloso a las instituciones y a los servidores públicos, la de Page sigue siendo una voz testimonial dentro del PSOE.

Entre otras cosas, porque en los recientes congresos regionales Sánchez colocó sus peones (y envió a la derrota a las ministras Pilar Alegría y María Jesús Montero) para hacerse con el control de casi todas las federaciones.

Pero comienzan a alzarse otras voces críticas. Un histórico del PSOE vasco, Ramón Jáuregui (que fue ministro de Presidencia en el último Gobierno de Zapatero) reclamó este domingo la convocatoria urgente de un Congreso extraordinario para que los militantes decidan el futuro del partido.

«Ha llegado el momento de que el partido reaccione e inicie un fuerte movimiento de renovación ante el inmediato futuro y de recomposición ideológica ante los enormes desafíos a los que nos enfrenta el presente», escribió Jáuregui en un artículo publicado en El Correo.

«Es la hora de recuperar un debate interno que no tenemos, de reflexionar sobre lo que nos pasa y de ofrecer un proyecto renovado», apuntó.

Emiliano García-Page ya incomodó extraordinariamente a Pedro Sánchez el jueves, en una entrevista en la Cope, al advertir de que quien pretenda huir de los problemas metiéndose en un «búnker», como hace el Gobierno, «termina dentro de una prisión, o en la terminología actual, en una sauna«.

Desde el «búnker» dibujado por Page, el presidente Pedro Sánchez redujo este domingo a un simple «tropiezo» la montaña de corrupción que cerca al Gobierno.

«El socialismo democrático puede tropezarse, ya que somos un proyecto humano. Pero nunca damos una batalla por perdida. Nos levantamos y avanzamos», dijo al referirse a los problemas «internos» que ha sufrido el PSOE.

Y mencionó al expresidente Zapatero, pero sólo para reivindicar su «No a la guerra de Irak».

Sánchez necesita más «tiempo»

Ante los militantes de las Juventudes Socialistas, Sánchez aseguró que necesita más «tiempo» para que las «grandes transformaciones» que impulsa su Gobierno puedan «echar raíces».

Por eso, se mostró decidido a seguir gobernando hasta 2027 y «más allá», si así lo quieren los españoles en las próximas elecciones.

En un momento en el que el Gobierno se ve más cercado que nunca por los escándalos, Pedro Sánchez desplegó su habitual lista de villanos.

Entre ellos, el expresidente José María Aznar. Su «quien pueda hacer que haga», dijo Sánchez, es «el do de pecho desafinado de un personaje que siempre se ha sobrestimado» y que «no tiene nada de lo que presumir».

Porque, señaló, la herencia política de Aznar se reduce a «la corrupción —acordaos de cómo acabó el milagro económico—, la gran mentira del 11M e incorporar a España a la guerra de Irak». Aunque España nunca participó militarmente en esa guerra.

También se refirió a la «tecnocasta» que pone en peligro la democracia al inundar las redes sociales con «bulos, desinformación y odio«.

Y a los «gobiernos reaccionarios a un lado y otro del Atlántico» que, en vez de desplegar una agenda diplomática para desarrollar la cultura de la paz, «exigen a los miembros de la Otan gastar nada menos que el 5% de su PIB en Defensa«.

Lo dijo sin mencionar, esta vez, al presidente norteamericano Donald Trump. No era el momento de abrir un nuevo conflicto diplomático.



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