Bad Bunny tropicaliza Madrid: tres horas con Dios para entender por qué todo el mundo quiere ser latino

Es de plástico. Y está un poco carcomida. Posiblemente, fue una herencia de los abuelos que ya no están. Huele a casa, almacena recuerdos. Hay confesiones que sólo ella ha escuchado. Y, aunque vale poco, acumula tanta vida que duele añorarla en la distancia. Aquella silla blanca, al fresco, tan típica de puertas para fuera, resume a la perfección el hito que Bad Bunny está protagonizando.

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