CONCIERTO BAD BUNNY MADRID | Bad Bunny tropicaliza Madrid: tres horas con Dios para entender por qué todo el mundo quiere ser latino

Es de plástico. Y está un poco carcomida. Posiblemente, fue una herencia de los abuelos que ya no están. Huele a casa, almacena recuerdos. Hay confesiones que sólo ella ha escuchado. Y, aunque vale poco, acumula tanta vida que duele añorarla en la distancia. Aquella silla blanca, al fresco, tan típica de puertas para fuera, resume a la perfección el hito que Bad Bunny está protagonizando. Es un símbolo de clase, la divisa del Caribe. Allí, entre guanábanas y parchas, al son de un abanico, esta Rimax, como la llaman en Puerto Rico, se ha convertido en parte del ecosistema. De hecho, aparece en la portada de Debí tirar más fotos, su último álbum. Es su raíz. Por ello, impresiona tanto ver lo que Benito Antonio está logrando: su banqueta, en el fondo, es la de todos, una carta de amor a quienes fuimos y que, poco a poco, tristemente, hemos ido desatendiendo. Anoche, en el primero de los 10 conciertos que dará en Madrid, aquellos cafés, risas, besos, libros y duelos en torno a ella afloraron de golpe. Y, al instante, la multitud comprendió por qué su música se ha vuelto universal: no hay nada más valioso que nuestra memoria. Y él la lleva por bandera.

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