La alegría es tan inmensa que borra todo el sufrimiento

Aquí en Uruguay no es sencillo ver los partidos del Deportivo porque la televisión por cable te los ofrece unos días después, pero ahora con las redes sociales te llegan imágenes, vídeos, es otro tiempo. Y te sientes mucho más cerca del que ha sido tu equipo, de tu vida. Desde la distancia se sigue percibiendo esa pasión, esa identificación de A Coruña con el Deportivo. Esa conexión nunca va a cambiar. Me acuerdo de que, cuando jugaba en el Deportivo, mi niña era chiquitita y nos encantaba pasear por la ciudad y era impresionante. El cariño, el afecto. Cuando jugábamos, explotaba el estadio. Me encantó ver el otro día a Antonio Hidalgo bajando del autobús y esa manera que tiene de levantarlos, de inyectar esa pasión… Creo que lo hizo en varios partidos. Me fascinó cómo le transmite a la gente lo que estaban sintiendo en ese momento, también ver a los jugadores saludando a los aficionados en los partidos fuera de casa, agradeciéndole su compañía en los viajes. Tengo la sensación de que hay una gran comunión entre la gente y el equipo.

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