Aquí en Uruguay no es sencillo ver los partidos del Deportivo porque la televisión por cable te los ofrece unos días después, pero ahora con las redes sociales te llegan imágenes, vídeos, es otro tiempo. Y te sientes mucho más cerca del que ha sido tu equipo, de tu vida. Desde la distancia se sigue percibiendo esa pasión, esa identificación de A Coruña con el Deportivo. Esa conexión nunca va a cambiar. Me acuerdo de que, cuando jugaba en el Deportivo, mi niña era chiquitita y nos encantaba pasear por la ciudad y era impresionante. El cariño, el afecto. Cuando jugábamos, explotaba el estadio. Me encantó ver el otro día a Antonio Hidalgo bajando del autobús y esa manera que tiene de levantarlos, de inyectar esa pasión… Creo que lo hizo en varios partidos. Me fascinó cómo le transmite a la gente lo que estaban sintiendo en ese momento, también ver a los jugadores saludando a los aficionados en los partidos fuera de casa, agradeciéndole su compañía en los viajes. Tengo la sensación de que hay una gran comunión entre la gente y el equipo.
He estado en muchos lugares en mi carrera y el Dépor es un equipo que debe estar siempre en Primera. Nada te libra de caer un par de años a Segunda, porque los accidentes existen, pero su sitio está con los más grandes. La realidad ha ido a veces en contra de la lógica, tanto en mi tiempo como ahora. Costó entonces 18 años y ahora ha estado ocho fuera e incluso ha jugado en la tercera categoría. A veces parece imposible desligarse de esa sensación de que todo nos cuesta, que se pone difícil. Recuerdo entonces alguna charla con Carlos Ballesta, que había sufrido ese tiempo como jugador y después lo padeció como segundo de Arsenio, ya con nosotros. A mí también como futbolista me tocó perder aquel play off por el ascenso contra el Tenerife en 1990 y eso que habíamos empatado el partido de ida en su campo. En 1991, cuando ascendimos, el Murcia había estado primero toda la temporada y hubo un momento en el que parecía que no llegábamos. Encima ese día se incendió el estadio de Riazor, aunque en realidad, con el paso del tiempo, aún no sé si aquello nos benefició, nos perjudicó o no influyó para nada en el desenlace. En Valladolid diluvió al principio del partido y eso para alguien de A Coruña es como jugar en casa. A mí me tocó sufrir con el Dépor, pero la alegría fue tan inmensa que borró toda la tristeza, el mal humor o las desilusiones que te produjeron esos otros momentos. Ya he dicho en alguna ocasión que en A Coruña fui feliz y no solo por las conquistas, era por disfrutar de la ciudad, del equipo, de la gente. Imagino que los jugadores del Deportivo tendrán sentimientos parecidos en estos momentos porque toda esa sensación viene acompañada, además, de logros. El paso del tiempo es el que recolocará todos esos sentimientos y le dará mucho más valor a todo lo que está pasando. Recuerdo cuando fuimos a María Pita a celebrar nuestro ascenso en 1991 y había un par de banderas de Uruguay, encima los colores no son muy diferentes. Tengo una imagen nítida, es uno de los mejores momentos de mi carrera deportiva.
No sé si ahora habrá un nuevo renacimiento del Dépor, pero lo importante es que se mantenga, que forje unas columnas fuertes, una base para que el ascenso no sea algo volátil, para que no quede pronto en el olvido. Hay quedarse muchos años en Primera y empezar a soñar, después, con cotas más importantes, con Europa. Poco a poco, pero firme.













