El verdadero protagonista de la nueva gira de Bad Bunny, más allá de Benito Antonio Martínez Ocasio, es el sapo concho; una especie endémica de Puerto Rico en peligro crítico de extinción que el cantante quiso convertir en imagen de su nuevo disco para mostrar al mundo la belleza de su tierra y, sobre todo, la necesidad de protegerla. El animal se ha convertido ahora en uno de los símbolos más reconocibles de esta etapa artística del conejo malo y, gracias a ello, su figura está dando la vuelta al mundo y ya se encuentra en todo tipo de ‘souvenirs’. Pero su historia, desgraciadamente, no es la única. Tras la llegada de Bad Bunny a España, los sapos españoles también reivindican su existencia y las amenazas a las que se enfrentan aprovechando que esta gira ha despertado tanta devoción por los anfibios.
Los estudios alertan de especies que han perdido a más de la mitad de su población en tan solo 20 años y que podrían casi desaparecer si no se toman acciones
En España hay cerca de una veintena de sapos descritos. Entre estos destacan varias especies que, según ha desvelado un reciente análisis de la Lista Roja de especies amenazadas (UICN), están en grave declive y se enfrentan al riesgo de extinción. Uno de los ejemplos más llamativos es el sapo partero bético (Alytes dickhilleni), un animal endémico de las montañas del sureste de España que ha perdido más de la mitad de su la población en los últimos 20 años. Recientes estudios demuestran que en apenas tres generaciones estos animales, hasta ahora típicos de las montañas de Sierra Nevada, han perdido a más del 60% de sus individuos debido a la irrupción de enfermedades, la pérdida de hábitats y el cambio climático. De seguir así, afirman los expertos, en tan solo unas décadas podríamos perder hasta el 70% de estos pequeños sapos de dorso granulado y grandes ojos negros.
En el disco de Bad Bunny, la imagen del sapo concho (Peltophryne lemur) representa un símbolo de resistencia y de orgullo de Puerto Rico. En España, este mismo rol podría ocuparlo el sapo común ibérico (Bufo spinosus), un anfibio que bien podría protagonizar la portada de un álbum gracias a sus característicos ojos rojos, su aspecto robusto y sus hábitos nocturnos. «Es un sapo que puede encontrarse en entornos muy variados como bosques, cultivos, jardines o incluso callejuelas de tu pueblo», comenta Juan Ignacio de Salas (@o_rapazz), especialista del Área Herpetológica de la Asociación Iberozoa. Este animal, afirma, no solo es un símbolo de la Península Ibérica sino que, además, es un gran aliado para los humanos. «Se alimenta de invertebrados así que es útil frente a plagas. Además, como ocurre con muchos anfibios, su presencia indica que un ecosistema está sano«, explica.
Muchos de estos animales se encuentran en peligro de extinción debido a la pérdida de hábitats, la contaminación de ecosistemas, la introducción de especies invasoras y el cambio climático
A diferencia de lo que ocurre con otros animales emblemáticos como el lince ibérico, el oso pardo o las águilas imperiales, los sapos no gozan de gran simpatía entre el público. Esto, según denuncia Salas, se debe a que durante mucho tiempo se han promovido mitos y leyendas alrededor de estos animales. «Hay quien aún cree que estos sapos producen arrugas al tocarlos o que pueden dejarte ciego si te escupen. Y eso no es cierto. Estos animales solo segregan sustancias defensivas para ahuyentar a sus depredadores y solo provocan urticaria si entran en contacto directo con nuestras mucosas», comenta el especialista quien, además, recuerda que estos sapos también están siendo amenazados por la pérdida de humedales, los atropellos que se producen durante sus migraciones, el uso de productos fitosanitarios en los campos y los impactos del cambio climático.
«Hablar de anfibios es hablar de pilares fundamentales en los ecosistemas»
El éxito del sapo concho tiene un gran componente musical ya que Bad Bunny lo ha puesto a cantar y hasta a bailar varias de las canciones de su último disco. En España, esta tarea no solo es cuestión de sapos sino que, dado el caso, también podría recaer en un animal tan resultón como es la ranita de San Antonio (Hyla molleri), un pequeño anfibio trepador de color verde esmeralda. «La forma más fácil de localizar estas ranas es gracias a su canto. En las noches de primavera, sobre todo después de la época de lluvias, se pueden oír coros de cientos de individuos«, comenta el divulgador Antonio Martín (@antonio.iberozoa). Sin ánimo de establecer demasiados paralelismos con Bad Bunny, estas ranitas también cantan con el objetivo de atraer a las hembras. Y su éxito es apabullante. «Son pequeñas, pero su voz puede oírse a kilómetros de distancia«, explica Martín.

Ejemplar adulto de ranita de San Antonio. / David Pérez (DPC), Wikimedia Commons, Licencia cc-by-sa-4.0
El furor por los sapos y las ranas españolas se extiende a otros anfibios como, por ejemplo, famoso gallipato (Pleurodeles waltl), uno de los anfibios más singulares de Europa y el mayor urodelo del continente. «Sus individuos pueden alcanzar hasta los 30 centrímetos de longitud y habitar en charcas, lagunas temporales y albercas del centro y sur de la Península», explica Carla Jiménez (@carlaa_jimeenez). En caso, los fans de Bad Bunny podrían empatizar con él gracias a su llamativo ‘look’. «Su rasgo más famoso es el extraordinario mecanismo defensivo que utiliza cuando se siente amenazado ya que proyecta las puntas de sus costillas a través de la piel, justo en unas manchas anaranjadas, y produce unas secreciones tóxicas para ahuyentar a los depredadores. Es algo llamativo pero, por suerte, totalmente inofensivo para las personas», comenta Jiménez.

Ejemplar de gallipato. / Diego González Dopico / Inaturalist / CC BY 4.0
Los expertos reivindican que todos estos animales, sean o no protagonistas de un disco, tienen un valor incalculable para los ecosistemas y forman parte de la red que sostiene la vida en la Tierra. Es por eso que, desde hace años, la comunidad científica reivindica abordar todas las amenazas que ponen en riesgo la supervivencia de estos como, por ejemplo, la destrucción de hábitats, la contaminación de los ecosistemas, la introducción de especies invasoras y los efectos del cambio climático sobre el terreno. La solución, afirman los biólogos, pasa por reforzar los planes de protección y restauración de hábitats naturales de estos animales que, según apuntan varios estudios, se encuentran entre los más amenazados a escala global. «Hablar de anfibios es hablar de pilares fundamentales en los ecosistemas», reivindica Salas quien, junto a sus compañeros, utiliza el altavoz de sus redes sociales para alertar sobre los peligros a los que se enfrentan estos animales y, sobre todo, inculcar el amor por ellos.
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