Las proyecciones para el futuro auguran la consolidación progresiva de nuevas correlaciones de fuerzas en la política española e internacional. Pese al mayor consenso en torno a ciertos postulados de la teoría monetaria moderna (sobre la viabilidad y conveniencia de la deuda y el déficit público para sortear problemas económicos relevantes), existen dudas crecientes sobre otras propuestas de la izquierda. El decrecimiento y la renta universal se alejan como estrategias de política económica para los próximos años.
El tándem decrecimiento y renta básica universal suelen plantearse ligados a una visión o modelo económico alejado de tiempos de vacas flacas. Pese a que la situación económica de España es desde un punto de vista macroeconómico bastante positiva, las posibilidades de avance en ese campo son reducidas. El cóctel decrecimiento-renta universal busca reducir el consumo de recursos mientras se garantiza la justicia social, en un corpus parautópico que encuentra oposición en los propietarios de los medios de producción, que consideran que existen otras vías para alcanzar el bienestar y la sostenibilidad.
La renta básica universal comportaría el pago mensual incondicional a todos los ciudadanos para cubrir necesidades principales, independientemente de su situación laboral o nivel de ingresos. La idea es que esa medida de política económica supondría la erradicación de la pobreza, la reducción de la burocracia y la disminución de la necesidad de trabajos mal pagados en unos momentos en los que ha aumentado la figura del pobre con empleo.
Viabilidad de la renta universal
Un estudio de investigadores de Economía Aplicada de la Universidad de Baleares (UIB) concluyó que la implantación de una renta básica universal financiada con un impuesto proporcional sería «fiscalmente viable y muy efectiva para reducir la pobreza y la desigualdad», pero requeriría incentivar el trabajo. Los datos y simulaciones realizados confirmaron que sería posible sustituir el sistema actual de impuestos y ayudas sociales por una renta básica universal pero que para poder impulsarla sería necesario transformar el sistema fiscal actual y sustituirlo por un único impuesto proporcional que financiaría esos pagos. Todas las personas recibirían el mismo ingreso, independientemente de si trabajan o no, pero los impuestos a las rentas altas deberían subir.
Los investigadores analizaron cuatro escenarios, en los que la renta básica equivaldría entre el 50% y el 80% del umbral de pobreza. Cuanto mayor es la renta garantizada, más se reducen la pobreza y la desigualdad, pero también es superior el tipo impositivo necesario para financiarla. En el escenario más ambicioso, la tasa de pobreza bajaría del 8,4% actual al 4,4%, y la desigualdad caería de forma notable. Sin embargo, el estudio concluye que la reforma también tiene costes. Según los investigadores de la UIB, al recibir un ingreso asegurado, muchas personas optarían por trabajar menos horas. Las simulaciones de un país con renta universal muestran que se produciría una reducción significativa de la jornada laboral, sobre todo en hogares con rentas bajas, lo que conllevaría una menor producción total de la economía.
El trabajo como tortura
El dilema entre equidad y eficiencia requiere hacer del trabajo algo deseable. Sin embargo, la misma palabra trabajo comporta connotaciones negativas desde su origen. Resulta que la palabra trabajo proviene del latín ‘tripalium’, un instrumento de tortura formado por tres palos. El artilugio fue concebido como tres maderos donde se inmovilizaba a esclavos o condenados para azotarlos. El término derivó en el verbo en latín ‘tripaliare’, que originalmente significaba torturar o esforzarse físicamente de manera intensa. Con el paso de los siglos, su significado evolucionó hasta asociarse con la actividad física, la ocupación y el esfuerzo diario. En cambio, la palabra ‘jubilación’ proviene del latín ‘jubilare’, que significa «gritar de alegría», «lanzar gritos de júbilo» o «saltar de alegría». Se asocia también con la celebración hebrea ‘yobel’ (cuerno de carnero), que anunciaba un año de descanso. El único antídoto contra una crisis derivada de la aplicación de la renta universal sería hacer del trabajo algo deseable, que el sinónimo vida-trabajo pudiese llegar a ser realidad sin traumas y en entorno amigable. Pero volviendo al contexto, resulta complicado que en los próximos años sea posible tanto la renta universal como hacer del trabajo un ‘hobbie’ para la mayoría.
La IA y los impuestos
La implementación masiva de la inteligencia artificial puede servir de excusa para revitalizar la propuesta de la renta universal. La idea es que si el trabajo lo realizan las máquinas, la reducción horaria ya no sería un problema tan serio si la carga impositiva se ceba en la tecnología y no en el pago de más impuestos a las rentas más altas. Las teorías económicas tienen el reto pendiente de diseñar nuevos sistemas fiscales en tiempos de tecnificación acelerada de los medios de producción. Mayor problema es aplicar fórmulas universales en un mundo repleto de microcosmos y circunstancias.
Alerta del BCE sobre los mercados
Frente a teorías económicas, los mercados siguen a su ritmo. Pero no conviene confiarse. El mismo BCE advirtió esta semana de la situación en su último informe sobre estabilidad financiera. El BCE avisa de que la proporción entre los precios alcanzados por las acciones y los beneficios de las empresas está «en niveles históricamente elevados». El mundo de las expectativas es más optimista que lo que los datos permiten ilusionarse. Lo ha repetido ya varias veces el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos. De las 10 mayores empresas del mundo, un total de ocho son tecnológicas (y las otras dos son Tesla y la petrolera Aramco). Mientras a los inversores se les aconseja diversificación, resulta que los mercados están en si mismos concentrados en pocos actores. En resumen, el BCE alerta de que las posibilidades de una crisis financiera han aumentado. Los bancos centrales serán pieza clave para amortiguar los sustos del futuro, siempre que acepten postulados de la teoría monetaria moderna y asuman deuda salvadora. De renta universal y decrecimiento, mejor no hablar.












