Podría ser el Oriol Junqueras andaluz, pero es menos tozudo, más alegre y no da todo el rato la matraca con la independencia. En eso radica buena parte de su éxito: no regaña, no pertenece a una izquierda tristona. Alaba las ferias, el cachondeo, el buen vivir, la suerte de ser del sur. Nacionalismo sin exclusiones ni utopías ni financiaciones a la carta, con sus tópicos, sí, pero también como aditamento de lo que verdaderamente considera esencial para la gente: que haya una sanidad pública fuerte y una educación pública de calidad que forme ciudadanos cultos, libres y críticos.
En esos ejes, y en atacar a la derecha y apelar al sentimiento andaluz, ha basado su campaña, la de las autonómicas andaluzas celebradas el 17-M, José Ignacio García (Jerez, 1987). Con gran éxito. Su fuerza, Adelante Andalucía, fundada hace años por Teresa Rodríguez tras su pelea con Podemos y Pablo Iglesias, ha adelantado a la otra fuerza de izquierdas en liza en Andalucía. Adelante no tiene obediencia a Madrid y su auge se enmarca en la ola que también ha aupado a otras fuerzas de izquierdas regionalistas/autonomistas. Ahora van a por todas y preparan listas para el Congreso.
El nacionalismo andaluz ha vuelto de la mano de este psicólogo, educador y funcionario simpaticón, campechano, que ya había sido diputado en la anterior legislatura andaluza. Tiene arte contando chistes. Sacó en 2021 las oposiciones a Secundaria.
García, hasta el apellido lo acompaña como sinónimo de hombre normal, cabal, común, ‘ciudadano García’, como se presenta a veces, estudió psicología en Sevilla. En una comunidad autónoma tan extensa, todavía con déficits de vertebración y en la que el sentimiento provincial es fortísimo, haber vivido aun siendo joven, en ciudades tan distintas como Cádiz (y Jerez) y Sevilla, ayuda a tener un mayor conocimiento de la realidad, de la diversidad y de los sentimientos comunes que alberga. Militó en IU, participó en el 15-M, fue miembro activo del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) y estuvo en la génesis de Podemos Andalucía, en el sector de los Anticapitalistas.
Una de sus medidas más llamativas, que ha liderado como portavoz de Adelante Andalucía, es la aprobación en Andalucía de la Ley de Gafas Gratuitas. A él lo llaman El gafa, así, en singular. Todo comenzó como una broma pero se extendió el mote y él mismo lo cultivó y propagó, El gafa, alguien que ha puesto en discusión el mantra de que la izquierda ha de ir unida. Con dos listas a la izquierda del PSOE, ese espacio se ha puesto en un nivel de porcentaje y representación notables.
Tiene 80.200 seguidores en Instagram y ha sido el candidato a la Presidencia de la Junta más joven de los que participaron en los recientes comicios. Suele decir que el suyo es el partido que más se parece a Andalucía y no ha rechazado la confrontación directa con Vox, tanto en los mítines como cara a cara en los debates televisados. Le gusta donar sangre, le va la música del Kanka, es muy partidario del aperitivo los viernes; no oculta, faltaría más, ni esconde su acento, del que hace gala. El acento es el principal rasgo definitorio del orgullo andaluz. Del andalucismo, quizás. «Los viajes se comienzan con inquietud y se terminan con melancolía», suele decir.
Él ha comenzado un viaje político de éxito primerizo e incierto futuro. Tal vez salte a la política nacional y se consolide como un Baldoví, un Labordeta, un Beiras. O un Lerroux andaluz. A Rufián ya le ha dicho que no. Ahora que ha parido una izquierda netamente andaluza está El gafa como para obedecer a un líder catalán e indepe. Mas que engarzarse en una fuerza nacional, su reto es implantarse en toda Andalucía. El éxito de Adelante ha sido sobre todo en provincias occidentales y muy pobladas, con escasez de apoyos en lugares como Almería o Jaén.
José Ignacio García ha sido el más beligerante contra el PP en el caso de los cribados de cáncer de mama. Es fan del fallecido Robe Iniesta, que fuera líder de Extremoduro, teniendo a gala haber asistido a un concierto suyo en Tomares en 2008 y a otro en Valencia en 2024. En medio, «miles de canciones, noches de botellón, guitarras, viajes en coche, amores pasados, grandes utopías (…) la banda sonora de una vida». Le gusta «la belleza» y a menudo la reclama para la política. Le queda mucho por descubrir, mucho por hacer. Incluso en el terreno de la belleza. Fue hace poco tiempo cuando pudo, al fin, visitar el Museo Thyssen de Madrid. O sea, le gusta el arte. Decir que tiene mucho arte sería un tópico.












