«Soy Patrocinio Muriel Delgado, soy de la provincia de Huelva y, estando en el servicio militar en el año 1967, conocí a un coruñés. Al coruñés más guapo que había en A Coruña. Era la época del franquismo, y nos enamoramos«, así empieza Muriel su relato. Acompañado de su pareja, Antonio Calvo, y más personas del colectivo como María Jesús Carro, acudió al Circo de Artesanos, en A Coruña, para narrar sus vivencias como miembro del colectivo LGTBIQ+.
La Fundación 26 de Diciembre, en colaboración con la Asociación de Promoción Social Palestra, organizó este miércoles, 27 de mayo, a las 20.00 horas, Maiores LGBTIQ+: As Nosas Vivencias, un encuentro para compartir «memoria, experiencias e diversidade» alrededor de las personas mayores del colectivo. «O obxectivo desta actividade é poñer en valor a memoria histórica do colectivo, darlle micro ás voces anónimas que loitaron no anonimato para conseguir os dereitos que hoxe temos acadados», explica el técnico de la fundación organizadora, Paco Novo.
La historia de Muriel y Calvo
El 21 de junio se cumplirán 59 años de ese primer encuentro de Muriel y Calvo, de 79 y 81 años, respectivamente. Su historia no se puede entender de forma separada, ya que ambos forman un único ente. «Estábamos las 24 horas del día juntos. Nos levantábamos a las cinco de la mañana, uno paseaba al perro, otro hacía el desayuno, nos íbamos a trabajar ocho horas, volvíamos, hacíamos la compra y así hasta hoy, gracias a Dios», narra Muriel.
La historia de la pareja tiene dos puntos de partida —Huelva y A Coruña— y fue recorriendo distintos puntos de la geografía española y europea. «Nos tuvimos que marchar a Alemania por la política, por ser homosexuales. En Alemania vivimos 40 años», cuenta Muriel, que comparte retazos de su memoria. «Es una historia muy larga, una historia del franquismo», añade.
Con tan solo 15 años, Muriel fue privado de su libertad por su orientación sexual. «Yo fui un hombre detenido con 15 años por ser homosexual. No he hecho nada en mi vida, nunca, solamente trabajar, trabajar, trabajar. Coticé 46 años a la Seguridad Social, pero como era homosexual, no podía vivir en mi país. Lo más triste del mundo, me fui», expone.
Aunque la pareja considera que la realidad del colectivo ha cambiado sustancialmente desde finales de los 60 —época en la que se conocieron— hasta la actualidad, perciben que aún queda trabajo por hacer. «En nuestra juventud era mucho, mucho peor. Si te veían abrazado con otro hombre o cogido de la mano, ibas a la cárcel, derecho, con la Ley de Vagos y Maleantes que tenía el señor Franco», comenta Calvo. Sin embargo, Muriel ve signos de alarma en la política global vigente. «Estamos en peligro. En 2021 mataron a Samuel Luiz en A Coruña por ser homosexual. Y yo no puedo pasar por esa calle», dice.
Muriel tiene un mensaje claro para las nuevas generaciones del colectivo: «Yo, con 80 años, voy a luchar a muerte por la juventud. Lucho por ellos, para que no pasen lo que yo pasé. Yo pasé mucho, mucho es mucho, muchas cosas que no se pueden contar. Hay una juventud que hay que protegerla. Es muy triste, porque las personas son personas, y querernos y respetarnos es lo más bonito del mundo«, reflexiona.
Con la verdad por delante
María Jesús Carro, funcionaria en prácticas del grupo dos del Estado, acompaña a Muriel y Calvo para charlar sobre sus vivencias. El punto de inflexión de Carro llegó en la pandemia. «Toda mi vida quise escapar de mi realidad y, como en esta vida nadie puede escapar de uno mismo, pues no lo pude hacer», explica. En el confinamiento, trabajó como educadora social en el Centro de Protección de Menores San José Calasanz —enfrente del Hospital Materno Infantil—. «Estuve confinada tres o cuatro meses en una habitación de hotel, y eso te da mucho para pensar», añade.
Afirma que vivir situaciones de discriminación y acoso por formar parte del colectivo es su «pan de cada día». Trabajando como administrativa en un instituto de Ferrol empezó a hormonarse, en junio de 2022. En ese momento tenía 49 años, y confiesa que fue «muy duro a nivel laboral». Habló con el director del centro para solicitar usar los baños de mujeres, pero llegó septiembre y eso no pasó.
«Había muchos alumnos del grupo LGTBIQ+, había gente transicionando, gente del grupo, en general. Si yo llego a ceder, que me costó mucho dar el paso, hubiese fastidiado al resto«, explica Carro, quien percibe que hay un retroceso no solo en materia de derechos del colectivo, sino «en todos los ámbitos». «Vivimos en una época de aborregamiento. Cuanto más borrega es la gente, más manipulable. Es lo que les pasa a los chavales ahora, que son muy manipulables. Es alucinante ver chavales de 16, 17 y 18 años queriendo resucitar a un señor que está muerto», apunta.
Carro tiene una política de vida, que es «ir siempre con la verdad por delante». Con este objetivo en el punto de mira, aconsejaría a las nuevas generaciones del colectivo que «se atrevan a mirar a la gente a la cara, y fluir». «Déjate fluir en la vida, pero siempre con la verdad por delante y con la cara al frente. Sería el mayor consejo que daría, porque me lo di a mí misma», sostiene.















