“Yo no vivo. He llegado al punto de mandar un informe médico al Ayuntamiento para que vean cómo es mi situación, pero nadie hace nada. Esto es insostenible”. Mari Carmen Cuervo, vecina del Carbayedo, resume en su propia vivencia el sentir de todo su barrio. La actividad de un after de la avenida de Cervantes trae de cabeza al vecindario desde hace años. Al ruido a altas horas de la madrugada se suma la basura que se encuentran por las las mañanas en zona, «meadas en cualquier esquina e, incluso, excrementos humanos”. Además, denuncian residentes y comerciantes, son frecuentes las peleas entre la clientela del local. La última, señalan, se produjo el pasado fin de semana, obligando a intervenir a varias patrullas de la Policía Local y la Policía Nacional. “Llevo más de treinta años aquí y van a obligarnos a irnos”, subraya Luis Manuel González, otro de los afectados.
“Es un tema del que estamos muy cansados. Llevamos desde 2014 con el mismo problema. Si no es un dueño, es otro, pero aquí nadie respeta nada”, critica Cuervo, a la que todos los ruidos que genera el «after» han acabado afectándole a nivel de salud. “Les mandé un informe al Ayuntamiento para que tomen cartas en el asunto, pero nadie hace nada. Es una vergüenza”, dice la vecina, que vive dos pisos por encima del que señala origen de todos los problemas.
Los vecinos del Carbayedo denuncian ruidos y problemas de convivencia
González, por su parte, convive pared con pared con dicho local. “El nuevo dueño empezó en octubre. Da igual llamar a la Policía que no llamarla, aquí nadie hace nada. La convivencia con ellos es muy difícil”, subraya el avilesino, que asegura que, además de los ruidos, lo peor son las secuelas que dejan al día siguiente. “Mi portal parece que es su baño personal. Cuando sales por la mañana está todo meado. Además, queda el suelo lleno de basura. Esto no es sano”, asevera.
Muy cerca de la zona se encuentra el gimnasio Dojo Milenium. Aunque no coinciden en horarios con el local, lo cierto es que por las mañanas sufren las consecuencias de lo que allí ocurre. “Los fines de semana se llena esta zona de basura y de meadas. Hemos llegado al punto de que, en una esquina, hemos visto excrementos, es inadmisible”, comenta Manuel Enjuto, dueño del gimnasio. Sus palabras las confirma Leticia Marinero, vecina de la zona y árbitra de kárate. “Este sábado pasamos por delante por la mañana para ir a Oviedo a unas pruebas de kárate. Tuvimos que ir regateando a la gente que estaba en el local, porque se te tiran encima del coche. Un día va a haber un problema muy grave, esto es inadmisible”, subraya.
Basura, peleas y quejas a primera hora
Otros vecinos de la zona, que prefieren mantener su nombre en el anonimato, confirman estas quejas. Una de ellas, además, asegura que “en los 60 años que llevo viviendo en la zona nunca había visto algo igual”. Critican, sobre todo, los rastros de micciones que dejan por la calle, además de los fuertes ruidos a altas horas. Hay quien ha tenido que cambiar la cama de ubicación dentro de su propio piso para alejarse lo máximo posible del local, relatan.
Sin embargo, no todos los vecinos se manifiestan en contra del polémico local. Un negocio que está muy cerca del foco de conflicto asegura que los empleados siempre limpian la zona durante la mañana, por lo que nunca encuentra cristales ni nada parecido en su escaparate. Por su parte, Margot Rodríguez, dueña de una panadería 24 horas de la calle Valdés Salas, dice que las peleas son un “hecho aislado”. La del pasado fin de semana se produjo a escasos metros de su negocio. “Es verdad que salen de allí a altas horas de la mañana y vienen muy perjudicados. Aquí solo les damos de comer, no les servimos bebidas. Pero claro, hay veces que se empiezan a mirar mal entre ellos, se ponen a discutir y, en ocasiones, acaban en peleas”, detalla la hostelera.
Los locales nocturnos, en el punto de mira
El problema de los ruidos nocturnos es algo que perjudica a muchos vecinos del Carbayedo, tal y como denuncian. El citado after es uno de los puntos de conflicto, pero no el único. “Lo peor es que la Policía Local no tiene sonómetro, por lo que no puede hacer nada”, lamenta una vecina, que prefiere mantener su nombre en el anonimato. Tras varios años en Nueva York, decidió regresar a su ciudad de origen y adquirió una vivienda en dicho barrio avilesino. “Me pusieron mil trabas para cambiar las ventanas, ya que tienen que ser de un tipo especial. Sin embargo, para los locales de ocio nocturno parece que no se aplican las mismas leyes. Hay un bar en la zona que tiene las mismas ventanas que cuando era un restaurante, pero ahora tiene música de noche”, explica la afectada, que asegura que en varias ocasiones ha llamado a la Policía Local, “pero por el ruido nadie hace nada”.
Además, alerta de los problemas de convivencia. “Un día salí porque estaban haciendo ruido justo en mi puerta. Las personas que me encontré, en vez de pedir disculpas, se me encararon”, relata. Además, afirma que el agente que la atendió “me dijo que estas cosas me pasan por haber escogido vivir ahí”.
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