He estado dos semanas siguiendo la evolución del nieto de una amiga, de un añito, que estuvo en la UCI 15 días, con muy serio peligro vital. Aunque no conozco al niño, ni siquiera a los padres, reconozco que estuve con el corazón en un puño. La semana pasada finalmente pasó a planta, y ya está en su casa tan ricamente. Y es que este caso me ha hecho reflexionar sobre lo que es el ciclo de la vida, pues cambiarías tu vida por la de tu nieto, pero jamás lo harías por la de tu abuelo.
Como algunos ya sabéis, mi padre nos dejó a los 92 años, tras una vida plena y fantástica, el año pasado. Había cubierto con creces su ciclo vital, muy por encima de la media, y con una calidad de vida impresionante. Nadie esperaba que viviera 150 años, y esa muerte nunca podría calificarse de tragedia, por mucho que nos duela a los allegados. En cambio, si un mañaquete se muda al barrio de los callatitos eso sí que es un auténtico drama. Lo mismo que si fallece alguien de 20, 40, o incluso 60 años. ¿Dónde está la frontera? Pues me tiraré a la piscina: a los 80 años. Yo creo que tu ciclo vital, a partir de esa edad, ya está cumplido, y todo lo que venga a partir de entonces… es de prestado. Ya has pasado por todas las etapas de la vida: has sido niño, adolescente, maduro (no confundir con un venezolano alto, gordito, con bigote, que vive sin pagar nada en un minúsculo alojamiento en Brooklyn) y viejo. Si llegas a los 85 sin haber estado jamás ingresado, pillas un virus y la cascas, sin dar guerra a la familia, eso lo firmo yo ahora mismo, con mis hijos teniendo más de 50.
Porque todos podemos irnos al otro barrio por un accidente en cualquier momento, ya que hay circunstancias que no podemos controlar. Tenemos que recordar que no estamos aquí para siempre, sino por un periodo de tiempo. Y debemos de buscar durante este tiempo nuestra mejor versión, y no pelearnos ni disgustarnos por chorradas, envidias, o codicia de lo ajeno, porque al final vamos a acabar todos metidos en un hoyo, o en un horno crematorio. Hayas sido tonto, listo, buena persona, cabrito de marca mayor todos acabaremos allí. Es que, aunque seas un veinteañero, no tienes garantizado llegar a los 30.
Y es que, volviendo al principio del artículo, yo creo que no debe de haber muerte más trágica que la de un renacuajo, porque opino que lo de ser padre es algo maravilloso, por mucho que haya momentos, normalmente nocturnos, en los que odias tu vida. No hay curro más duro, y a la vez más gratificante, que criar a un niño. Yo creo que uno no conoce el amor más puro, y a la vez el miedo más terrible (ya os he contado que nuestro hijo mayor, con 4 años, estuvo a punto de palmarla), hasta que tiene un hijo.
¿Es fácil criarlos? Nasti de plasti. Sería más sencillo criar a unos Gremlins, que con no exponerlos a la luz de sol directa, no mojarlos y no darles de comer después de medianoche, no se convertirían en criaturas malvadas. Compras seis chupetes, y metes tres en la cuna, para que «cacen» uno, y así evitar que berreen. Cuando tienen el cólico del lactante o les salen los dientes, no te dejan vivir. De repente, se ponen a vomitar, o tienen diarrea. Es dejarlos en la cuna, salir de la habitación… y empiezan a cantar Bohemian Rhapsody. Los coges en brazos, y tienes que estar moviéndote por toda la habitación para que se callen de una vez. Conozco a uno que lo metía en el coche, se ponía a dar vueltas hasta que se dormía, y lo subía a su casa en brazos. Una vez le paró la Policía Local y tuvo que explicárselo…, pagaría por haber visto esa escena. Nuestro hijo pequeño se tiraba toda la noche reclamando atención, y por la mañana decía: «E dozmío bié». Nosotros no tuvimos ningún hijo que fuera la reencarnación de Belcebú, pero conozco casos. A esos padres les doy mis mejores deseos, y les envío muchísimos ánimos. Y es que, aun así, te sonríe el mañaco por la mañana, se te olvida todo… y te lo comes a besos.
Acabaré este artículo haciendo una confesión personal: estoy loco de ganas por ser abuelo. Todas las ventajas de un enano, y ninguno de los inconvenientes que he mencionado en el párrafo anterior. Obviamente, hay otras personas implicadas, y no depende de mí. Pero todo se andará…
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