Las elecciones andaluzas que se celebran este domingo marcarán sin duda la política nacional a corto, medio y largo plazo como pocas veces antes unos comicios autonómicos lo han hecho. Moreno Bonilla ha comparecido con la misma estrategia que ya utilizó en 2022: la de presentar al PP como el partido refugio de todo aquel que no quiera que gobierne Vox, la de convertirlo en el “voto útil” para frenar a la ultraderecha incluso si has sido toda la vida votante de la izquierda. Es una jugada arriesgadísima, porque transforma cualquier resultado que no sea lograr la mayoría suficiente para seguir gobernando en solitario, por bueno que sea, en un estrepitoso fracaso y le sitúa ante el peligro de verse luego en el trance de ser una María Guardiola. Pero los últimos sondeos de que disponen las direcciones tanto del PP como del PSOE, esos que la ley electoral española sigue estúpidamente prohibiendo publicar, otorgan muchas posibilidades de que esa apuesta le salga bien.
El líder popular andaluz sólo puede lograr revalidar la mayoría absoluta si corta en seco el ascenso en la mayor comunidad de España de Abascal. Pero también si el PSOE se hunde en la tierra que vio nacer al nuevo socialismo tras la muerte de Franco. Si eso pasa con una candidata que ha sido hasta hace dos días la “número dos” del Gobierno y todavía es la “número dos” del partido, el desastre para Pedro Sánchez y para el PSOE será difícil de superar, hasta el punto de que ya hay muchos analistas que se frotan las manos calculando que una victoria rotunda de Moreno Bonilla supondría, esta vez sí, el final del “sanchismo”. No está claro que así sea, porque el “sanchismo” ha demostrado sobradamente su resiliencia frente a cualquier contingencia, tanta que Pedro Sánchez se ha convertido esta misma semana en el presidente que más tiempo lleva en el cargo, sólo por detrás de Felipe González. Pero es indudable que el golpe para Sánchez será durísimo y el impulso para Feijóo casi definitivo.
El resultado de las andaluzas, en cualquier caso, desplazará definitivamente el foco hacia la Comunitat Valenciana. ¿Por qué? Porque si el PSOE cae a mínimos en Andalucía igual que ya lo está en Madrid, la batalla por la Comunitat Valenciana, la cuarta que más diputados elige en las generales, será clave para las aspiraciones de Sánchez de mantenerse una legislatura más en la Moncloa y para las de Feijóo de tomar de una vez por todas ese Palacio que tanto se le resiste por su demostrada incapacidad para encontrar una línea política coherente que le conduzca hasta él.
Juan Francisco Pérez Llorca, que lleva menos de seis meses en la presidencia de la Generalitat pero toda su vida política en los fogones del partido, es consciente de todo esto y el lunes pondrá las máquinas a trabajar. Sabe que si su compañero de Andalucía no suma los 55 escaños necesarios para habitar el Palacio de San Telmo sin tener que soportar los caprichos de ningún invitado, su buena relación con Vox, que nunca le ha montado al PP en la Comunitat Valenciana los espectáculos que suele ofrecer fuera de ella, supondrá un plus dentro de la dirección de su partido. Pero, lo que es más importante, si Moreno Bonilla sí consigue sumar mayoría absoluta Pérez Llorca empezará a valorar seriamente la posibilidad de adelantar las elecciones en la Comunitat Valenciana, aunque eso signifique dejar prácticamente en un suspiro su mandato como jefe del Consell.
Si hablábamos del riesgo que había asumido Moreno Bonilla planteando la campaña de las elecciones andaluzas como un todo o nada, o conmigo o contra mí y entonces con Vox, lo de Pérez Llorca anticipando las elecciones en la Comunitat Valenciana sería un triple salto mortal sin red. De eso no cabe duda. Pero es cierto que también tendría ventajas. Porque el PSPV no acaba de arrancar, por muchos comités nacionales que improvise, y Compromís no se acaba de aclarar, entre desplantes de Oltra a Baldoví y de Baldoví a Oltra. Porque no queda viva ninguna otra izquierda, al margen de las que acabo de citar, de la que preocuparse en estos momentos. Porque el rebufo de Andalucía podría contribuir a parar aquí también el ascenso de Vox e incluso repescar alguno de los votos que se le fugaron a los populares. Porque, pese a todo, ninguna encuesta augura que el PP deje de ser el partido más votado. Y porque, en definitiva, un movimiento así obligaría a Feijóo a confirmar de una vez por todas a Llorca como líder de los populares en la Comunitat Valenciana.
Sería la primera vez que se celebraran unas elecciones autonómicas en la Comunitat sin el acompañamiento de otras. Ximo Puig fue el primero, y hasta aquí el único, en usar su potestad para convocarlas, pero lo hizo para emparejarlas con las generales, porque entonces Pedro Sánchez estaba en alza. Aquella jugada le salió bien al PSOE, pero abrió una fractura política con Compromís y personal con Mónica Oltra que marcó toda la legislatura siguiente. Lo que Pérez Llorca empezará a calcular a partir de este lunes, repito que únicamente si se cumple la condición de que Moreno Bonilla revalide mayoría absoluta en Andalucía a costa del hundimiento del PSOE y el coto a Vox, es si le podría rentar separar las elecciones autonómicas de las municipales, evitando de paso la amenaza de que también Sánchez haga coincidir las generales el último domingo de mayo del 27. Comparecer solo. Ningún partido está preparado para esa eventualidad en estos momentos. Pero el PP gobierna la Generalitat y todas las grandes instituciones. Y eso le da ventaja para organizarse. ¿No ha empezado Llorca a poner vallas ya? Pues por algo será.
35.000 profesores llenaron este viernes el centro de València, en la manifestación más multitudinaria celebrada por los trabajadores de la enseñanza pública desde que se transfirieron las competencias. Fue una demostración de fuerza imponente, en el marco de una huelga de carácter indefinido que de momento mantiene unidos a todos los sindicatos, ya sean de acento nacionalista, de izquierdas o de derechas. Un día antes, entrevistado en un acto público en Barcelona por el director general de Contenidos de Prensa Ibérica y director de El Periódico, Albert Sáez, Llorca se mostró convencido de que finalmente habrá un acuerdo en este conflicto antes de que afecte al final del curso lectivo, lo que en el caso de los alumnos que acaban bachillerato podría acarrear graves daños, reconoció la justicia de algunas de las reclamaciones de los maestros y apeló al sentido común para llegar a compromisos en los asuntos más comprometidos, el mayor de ellos el del aumento de los salarios, que llevan veinte años sin ser revisados, y donde él cree que también hay margen para el consenso. Pero dijo otra cosa que explica por qué, según sople el viento en Andalucía este domingo, el Palau puede ponerse a evaluar seriamente un anticipo electoral. Llorca mencionó, aunque sin atreverse a hacer acusaciones expresas, la “politización” de esta movilización en Educación. Ahí, efectivamente, está el temor en algunos ámbitos del PP, que dan por amortizado el “efecto DANA” de cara a próximas elecciones, pero ven cómo se abren nuevos frentes también peligrosos para los populares.
Así que resulta que todos, el que suscribe el primero, habíamos hablado de que lo que Llorca necesitaba, tras llegar al poder por el cataclismo de la Gran Riada y el desastre de Mazón, era tiempo para que fuera pasando a segundo plano el recuerdo de su antecesor y ganarse él su propio sitio. Pero ahora el temor es justo el contrario: que el tiempo juegue en su contra, dando la oportunidad a la oposición progresista, no sólo política sino sobre todo social, de organizarse y a Vox de rearmarse y eludir un estancamiento. Repito: decenas de miles de profesores salieron este viernes a la calle, en una ola que ha empezado por la escuela pero que puede extenderse como una mancha de aceite a otros servicios públicos, también esenciales. Llorca necesita romper esa ola sin demora llegando a un acuerdo con los sindicatos de Educación, al menos con la mayoría de ellos. Pero convencido de que pueden venir más, calculará si le salen mejor las cuentas anticipando las elecciones o esperando a verlas venir dentro justo de un año. Susto o muerte, de eso hablamos.
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