El oficio de herrero fue uno de los grandes protagonistas en la Feria insular de Artesanía que ayer cerró sus puertas en el pueblo de Antigua. Antes de la clausura se procedió a la entrega del premio insular de este año a Bernhard Glauser, maestro joyero.
El Ayuntamiento de Tuineje tributó un merecido homenaje a los herreros del municipio. Desde maestro Agustín Rodríguez y su padre Ezequiel, a los hermanos Curbelo y los Pérez Calcines con un stand donde se podía apreciar las herramientas que utilizaron en aquella época hasta la fragua encendida.
El joyero Bernhard Glauser recibe el premio insular de Artesanía / La Provincia
Gran Tarajal fue pueblo de herreros. Tanto en esta localidad como en Tesejerague, este oficio gozaba de una enorme popularidad por la habilidad de los maestros de la fragua, yunkes, martillos, mazas, tenazas, cinceles, punzones, tarrajas o la pila de templar, entre otros, para transformar el hierro y realizar todo tipo de obras, especialmente aperos de labranza y reparaciones de molinos. Su fama traspasó las fronteras insulares y llegaban a la isla gente procedentes de otras islas para realizarles encargos. Su labor forma parte esencial de la cultura tradicional canaria.
Por ello, en este reconocimiento se expuso la vida de los herreros del municipio e incluso se expuso varias herramientas del oficio, entre ellas la fragua y los yunkes, donde los visitantes pudieron utilizar para acercarse a la vida real de los catedráticos del hierro.

Una artesana trabajando en el stand del municipio de La Oliva / La Provincia
Premio insular
En esta nueva edición de la Feria insular de Artesanía el premio de este año recayó en el maestro joyero, Bernhard Glauser, que a pesar de ser natural de Zuiza lleva más de una treintena de años residiendo en Fuerteventura, isla a la que llegó para surfear pero que posteriormente decidió explorar su capacidad artística en el arte de la joyería. El galardón le fue entregado por el alcalde de Antigua, Matías Peña, y por Margarita de Vera, representante del colectivo Fundación Mafasca.
« Dedico este premio a mis padres, a mi pareja y a las personas con buen gusto, dispuestas a pagar un producto bien hecho y elaborado a mano, a las personas amantes y compradoras de artesanía», afirmó Glauser, al recoger el galardón.

Las hijas del herrero Agustín Rodríguez, Carmen María y Fátima, en el taller de Herrería. / La Provincia
«Mis joyas suelen reflejar los encantos paisajísticos y los contrastes de la isla de Fuerteventura. Una combinación de esta inspiración, el deseo de perfección en la artesanía y la pasión artística crea piezas de joyería únicas», definió el artesano sus productos en las redes sociales. También, recogió que «crecí en el Berner Oberland, en los alpes Suizos de Berna y después de un aprendizaje como mecánico de precisión en Berna, completé un segundo aprendizaje como orfebre en Atelier Krauss en Spiez en 1991. Durante mi formación como orfebre, asistí a cursos adicionales de grabado y engaste de gemas en la Escuela de Diseño de Berna. En octubre de 1996 me mudé a Fuerteventura y más tarde fundé mi propio estudio».
Bernhard Glauser no dudó en reclamar a los artesanos y artesanas como protagonistas, destacando la necesidad de mantener la calidad en la Feria, como garantía de futuro para la artesanía y poner en valor a la misma. Además, destacó el trabajo de la Asociación de Artesanos, cuyos representantes le hicieron entrega de un ramo de flores.
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