Regresó Donald Trump a La Casa Blanca, y lo revolucionó todo de nuevo. También la actitud de Europa frente al rearme y a las amenazas exteriores, que parece haber cambiado. Hacen bien los aliados, especialmente comprobando cómo Washington adopta una postura más aislacionista, y va cerrando ese paraguas de protección dentro y fuera de la OTAN bajo el que nos cobijábamos. Lo que empezó siendo una exigencia de aumento de gasto militar, se ha convertido en una necesidad que asumen ya, aun de forma un tanto caótica, hasta las principales potencias de la UE. Planes de rearme, aumento de las capacidades industriales y militares a medio y largo plazo, estrategias de defensa compartida, fórmulas de disuasión conjunta, etc. Estos son los nuevos debates dentro del ámbito de la seguridad y la Defensa, especialmente tras el temor a sufrir una agresión similar a la vivida en Ucrania, a que Rusia persista en su actitud agresiva hacia Occidente, o a que la inestabilidad en Oriente Medio y África nos arrastre a una reacción indeseada. También la “guerra híbrida”, la presión migratoria, el sabotaje de infraestructuras, la Inteligencia Artificial, o los ciberataques, nos han abierto los ojos; al igual que la falta de munición, de radares, de drones, o de satélites propios.
Quizá por eso la Comisión Europea abrió la puerta al endeudamiento, sin penalizaciones para los Veintisiete si se trata de reforzar la Defensa europea. Es por ello que Alemania asume ya que estamos en un “cambio de era”, y presupuesta un incremento sustancial de su gasto militar, incluso reduciendo sus programas sociales, comprando aviones F-35 y sistemas antiaéreos, y modernizando su Ejército, su Armada y su Marina. Polonia ya se anticipó hace tiempo, superando el 4,7% de su PIB en gasto armamentístico, y haciendo acopio de blindados, cazas y sistemas de lanzacohetes. Francia apuesta por una “autonomía estratégica europea” que se ofrece a liderar. Los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) aumentan impuestos, e incrementan su endeudamiento para blindarse frente a Moscú. Países Bajos rediseña su presupuesto en favor de la Defensa. Y hasta Suecia y Finlandia abandonaron su clásica neutralidad y decidieron apostar por la OTAN frente a la amenaza rusa (no así Irlanda, Austria o Malta, con reticencias políticas y constitucionales frente al rearme y al refuerzo de los Ejércitos). La mayoría de los aliados incluso abren debates sobre el servicio militar obligatorio, profesionalizante, o voluntario.
La UE, no puede competir con Rusia en armamento nuclear (apenas incomodarla si se une Francia a Reino Unido) y dispone de tres veces menos tanques que los rusos. Pero, con la ayuda británica, los europeos llegaríamos al millón y medio de soldados activos (como Rusia), dispondríamos de más aeronaves militares, y, sobre todo, de muchísimos más buques de guerra. Todo esto está bien. Pero las tareas pendientes son muchas, como la escasa colaboración entre los aliados europeos, un desarrollo industrial descoordinado, la fragmentación de nuestros ejércitos, la resistencia al rearme de muchas formaciones políticas, y la excesiva dependencia tecnológica y de inteligencia que todavía tenemos de unos Estados Unidos que ya amenazan con retirar sus tropas de España, Alemania e Italia, y con reorientar el uso de las bases militares que distribuyen por toda Europa; y cuya Nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) nos anima a aumentar nuestra capacidad defensiva. Recordemos que apostar por la Defensa supone puestos de trabajo, investigación e innovación tecnológica. Así pues, va siendo hora de despertar.















