Sánchez hace del desembarco del crucero del hantavirus un espectáculo global dentro de la campaña para lavar su imagen

«¡Luces, cámara y desembarco!» como pistoletazo de salida para todo el despliegue que ha mostrado el Gobierno en el puerto de Granadilla (Tenerife) este domingo.

«El mundo entero nos está mirando», aseguraba la ministra de Sanidad, Mónica García, en una publicación de X. Y razón no le ha faltado.

Lejos de limitarse a un acto protocolario, el evento fue concebido como una operación de comunicación global. Cámaras internacionales, señal en directo y una narrativa diseñada al milímetro transformaron lo que podría haber sido una escala técnica en un acontecimiento mediático.

El interés de Moncloa con el despliegue en torno al MV Hondius no era solo gestionar la emergencia, sino también desplazar el foco hacia un relato más favorable para Pedro Sánchez en medio de los casos de corrupción que afectan a su entorno.

Como por ejemplo, el caso Koldo, las investigaciones que afectan a su mujer, Begoña Gómez, y a su hermano músico, David Sánchez.

Y este fin de semana se ha sumado una nueva polémica.

Ningún ministro del Gobierno de Pedro Sánchez se ha desplazado hasta Huelva con motivo del funeral de los dos agentes de la Guardia Civil fallecidos este viernes en acto de servicio contra el narcotráfico.

Sí acudió a la capilla ardiente María Jesús Montero, que fue abucheada.

Y por eso, la llegada del MV Hondius encaja en una dinámica ya habitual en Moncloa: convertir una crisis con impacto internacional en una gran escenificación, con hasta tres ministros sobre el terreno, encadenando hasta tres ruedas de prensa en un mismo día.

Viajes y cumbres

Dentro de esa política de grandes gestos y proyección internacional, uno de los episodios más significativos fue el viaje que llevó a Pedro Sánchez a China hace solo unas semanas.

Para el Gobierno, la visita a Pekín respondía a un interés estratégico: reforzar la relación comercial, buscar salidas ante la tensión en el flanco asiático y afirmar a España como socio relevante dentro de la Unión Europea.

Pero la oposición lo interpreta de otra forma: como un capítulo más de una campaña permanente de autopresentación.

A juicio de la oposición, con los constantes viajes a China, el presidente del Gobierno «vuelve a alejarse de nuestros socios europeos y de la OTAN».

«En la especial relación con China», denuncian fuentes del PP, Sánchez «sigue los pasos de su predecesor, José Luis Rodríguez Zapatero, que es claramente el hombre de China en España y en Hispanoamérica«.

En esta tónica encuadra también el gran acto celebrado hace dos semanas en Barcelona, en el que Sánchez compartió escenario con el presidente de Brasil, Lula da Silva, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro.

Desde el Gobierno, el acto se enmarcó como parte de una política de alianzas con las fuerzas de izquierda de América Latina.

Sin embargo, la oposición lo definió como un «show político» de tres días de duración, con desfiles de jefes de Estado, discursos de alto tono y poca sustancia.

En definitiva, Sánchez ya no gobierna solo desde La Moncloa, sino desde una permanente campaña de proyección exterior.

Líder contra el trumpismo

Tras estallar el conflicto de Oriente Próximo, Sánchez prohibió a Estados Unidos el uso de bases militares en España. Se negó a abastecer de combustible a los barcos estadounidenses. No permitió que EEUU utilizara su espacio aéreo. Incluso lo cerró temporalmente. Y declaró públicamente: «No a la guerra».

El presidente se ha colocado sistemáticamente como referente de la oposición al trumpismo.

Sus detractores no cuestionan que ese rechazo pueda ser un eje legítimo de política exterior. Lo que critican es la forma en que el presidente ha convertido ese posicionamiento en un arma de consumo político interno.

Cada vez que el presidente sale al paso de un Donald Trump o de un líder de la extrema derecha, Moncloa se esfuerza por que el mensaje se vea y se lea como un liderazgo moral.

Pedro Sánchez también ha mostrado en los últimos meses una posición muy dura contra Israel por la guerra en Gaza y su intervención en Irán.

Una de las últimas expresiones de ese distanciamiento, de hecho, se verá este fin de semana en Eurovisión, donde España no participará por primera vez por la presencia de Israel.

La oposición ve ahí una nueva demostración de que Sánchez busca situarse en el lado visible de todas las grandes causas.

Por eso, todos estos escenarios —incluido el desembarco del MV Hondius en Tenerife este domingo— reflejan una misma estrategia de comunicación: convertir episodios de alto impacto internacional en escenarios desde los que proyectar el relato político de Moncloa.

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