Aquel 2018 marcó un antes y un después en la historia, bien conocida, del hantavirus en Argentina. Un brote detectado en Epuyén, en la Patagonia, en el que se registraron 34 casos, con 11 fallecidos, mostró a los médicos la peor cara de una enfermedad que mantiene en vilo al mundo tras el foco surgido en el crucero MV Hondius. El brote de la Patagonia, explica a El Periódico de Catalunya, desde Buenos Aires, el doctor Fernando Ríos, presidente de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva, «fue como un hito que probó la transmisión interhumana. Eso solo se da con la cepa que está en la zona Andes», apunta.
El doctor, especialista en terapia intensiva y medicina interna del Hospital San Juan de Dios de Buenos Aires, relata aquel episodio para poner en contexto lo que ha podido suceder en un crucero que, precisamente, zarpó el 1 de abril desde el puerto de Ushuaia, en el extremo sur de su país, hacia Canarias.
El brote en la Patagonia, reconstruye un artículo de la revista Actualizaciones en Sida e Infectología (ASEI), se inició cuando una persona que había estado en un área rural en repetidas ocasiones durante octubre, recolectando hongos, y que estaba cursando una enfermedad febril inespecífica, concurrió el 3 de noviembre de ese año a un evento social. «El 14 de noviembre se confirmó en esta persona el diagnóstico de hantavirus», se detalla.
Más casos
Posteriormente, entre el 20 y 27 de noviembre, cinco personas que habían participado de esta fiesta iniciaron cuadros febriles compatibles con esa enfermedad. Entre el 3 y 24 de diciembre se agregaron siete casos más. «Todos ellos habían tenido nexo epidemiológico con alguno de los casos anteriores. El brote estaba en marcha, y pocas dudas quedaban acerca de la posibilidad de contagio interhumano«, recuerda el texto que, además, enfatiza, el enorme impacto que supuso en la pequeña población donde se detectó.
Las autoridades no solo confirmaron que el agente causal fue la cepa Andes Sur, sino que también encontraron un porcentaje de identidad genética del 99,9% entre todas las secuencias del brote analizadas, lo cual confirmaba «sin lugar a dudas el mecanismo de transmisión persona a persona«.
El colilargo
El hantavirus es una enfermedad viral que la transmite un ratón que se llama ‘colilargo’, que vive en zonas silvestres. En Argentina hay cuatro zonas endémicas de hantavirus, áreas geográficas donde el virus circula de manera permanente en las poblaciones de roedores. Una está en el sur, en la Patagonia. «El virus se transmite a través de la orina y las heces el ratón. Cuando se secan, eso se transforma en un polvo que se inhala y uno se contagia en ese momento«, detalla el doctor Ríos.
En el caso del crucero, se sabe que la primera pareja en presentar síntomas pasó cuatro meses entre Argentina, Chile y Uruguay. El Ministerio de Sanidad argentino ha dado a conocer su itinerario mientras investiga si contrajeron este virus respiratorio en los días previos a subir a bordo del barco.
El médico casi descarta que el brote se produjera desde el puerto de Ushuaia, de donde salió el crucero. «Una de las explicaciones más lógicas es que los pacientes hayan adquirido la enfermedad en la Patagonia, que ellos hayan deambulado por allí, en algunos de los bosques de la zona andina. Allí el ‘colilargo’ prolifera, y es probable que hayan adquirido la enfermedad y desde allí la hayan llevado al crucero«, señala el intensivista.
Remover malezas
«En general el contagio se da cuando se remueven malezas o cuando entras a un galpón que está cerrado, o en las zonas turísticas, en las cabañas que están cerradas. Cuando respiras ese aire, donde quedaron secas las excreciones de los ratones. Es una enfermedad que cuando se produce en el ser humano se parece al principio a un cuadro gripal, da cefaleas, fiebres. Te puede dar síntomas digestivos, dolor abdominal, gastrointestinal, y puede haber casos leves y que no pasan de allí».
Pero, también, advierte, hay unas formas graves que se llama el síndrome cardiopulmonar, en donde se provoca una insuficiencia respiratoria muy importante con una mortalidad cercana al 50%, que son las que las que ven en terapia intensiva. «Lo que siempre nos hace sospechar es la epidemiología. En general es gente que ha estado en contacto (con los roedores) en zonas rurales», señala el especialista.
Sin tratamiento
El mismo doctor Ríos recuerda todos los casos de hantavirus, que no tiene tratamiento específico, que ha visto en intensivos. «Tuve a un trabajador de vialidad que estaban haciendo rutas en una zona rural y removiendo malezas. Luego tuvimos otro, un librero, que tenía como una bodega de libros viejos, que creemos que ese fue el punto de contagio, en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Y luego tuve a trabajadores rurales de la zona de Santa Fe y un par de pacientes que habían estado de vacaciones en la Patagonia. Para nosotros, no fue muy distinto al covid grave. El manejo, lo que requiere es el soporte de órganos vitales«, apunta.
«La verdad es que nosotros, si bien tenemos experiencia con la enfermedad, no hemos tenido nunca un caso como este», concluye el médico en alusión al del crucero
«La verdad que nosotros, si bien tenemos experiencia con la enfermedad, no hemos tenido nunca un caso como este», concluye el médico en alusión al del crucero. Se remite al caso más conocido en su país, al de la reunión familiar en la Patagonia. «Allí era fácil porque era toda la gente vivía en zonas rurales, cada uno se quedó en su casa y se los monitoreó. Hay que tener en cuenta que, desde una frontera sur a norte, más o menos son 4.000 kilómetros», recuerda.
El aislamiento
En la Patagonia las autoridades sanitarias locales determinaron la implementación del Aislamiento Respiratorio Selectivo (ARS). La duración fue estimada inicialmente en 30 días. Teniendo en cuenta que los últimos casos diagnosticados mostraron un período de incubación algo más prolongado (38 días), luego se decidió extender el ARS hasta los 45 días.
En el caso de España, donde en estos días se debate el protocolo de cuarentena de los pacientes que ingresarán en el Hospital Gómez Ulla de Madrid, todos asintomáticos por ahora, aconseja un periodo de aislamiento de tres semanas. «Pero eso no excluye que haya pacientes en los que la enfermedad la puedan transmitir más allá de este periodo de incubación», indica. «Esta discusión la tuvimos con el covid al principio. No sabíamos cuánto tiempo teníamos que aislar a los viajeros«, apunta.
El mensaje final del intensivista argentino es que «no hay que enloquecer. Por nuestra experiencia se necesita un contacto muy cercano, muy estrecho, para que se produzca la transmisibilidad». Pero zanja: «Hay que tener respeto porque las formas graves son tremendas«.
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