Pedro Orfila ha pasado una vida entera detrás de un balón. Ha defendido camisetas de históricos como el Sporting, el Racing de Santander o el Real Murcia. También pasó por el Avilés, y su última aventura deportiva ha sido en el Marino, el equipo de su Luanco natal. Pero, desde el pasado domingo, su vida ha dado un giro de 180 grados: el gazoniego ha pasado de bregar en los campos del fútbol español a ponerse el uniforme de la Policía Portuaria de Avilés. «Era muy complicado compaginar mis dos facetas; por eso, con la permanencia ya sellada, era el momento perfecto de colgar las botas», explica el defensa, que recibió un emotivo homenaje en Miramar el pasado fin de semana. Ahora, además, compartirá espacio de trabajo con su mujer, Martina, clave en el nuevo destino del futbolista.
Uno de los pilares de la carrera de Orfila estuvo lejos del césped. A lo largo de su trayectoria pasó por plazas complicadas, vivió el ascenso del Sporting de Manolo Preciado e incluso llegó a debutar en Primera División, pero siempre tuvo claro que su vida no debía quedarse solo en el terreno de juego. «Me gusta estudiar, y cuando acabé Bachillerato decidí que quería estudiar una carrera. Me saqué Magisterio con Nacho Cases y, cuando terminamos, nos metimos en Empresariales, en La Laboral. Con el cambio del sistema educativo se convirtió en Comercio y Marketing, y eso ya no me gustaba tanto, así que me metí en Administración y Dirección de Empresas», explica. Este último título lo tuvo que sacar a distancia, ya que su carrera le llevó a estar a miles de kilómetros de casa.
Tras salir de Gijón pasó por el Racing de Santander, «unos años muy buenos, pero también duros». «La situación económica e institucional me marcó mucho», asegura. Orfila formó parte de aquel equipo que, como protesta por los impagos de la directiva del club cántabro, decidió plantarse y no disputar los cuartos de final de la Copa del Rey ante la Real Sociedad. «Todo lo que pasó alrededor del club acabó haciendo mucha mella», afirma el gazoniego. Después militó en equipos como el Numancia (Segunda División), el Real Murcia o el Cartagena. En varios de ellos, el desenlace se repitió: caer en el play-off ante el equipo que, a la postre, acabaría ascendiendo a la categoría de plata del fútbol nacional.
Uno de los clubes que más huella dejó en su trayectoria fue el Atlético Baleares. Allí eliminó en Copa del Rey a dos equipos de Primera División y, además, en tierras baleares nació su hijo, el mismo que le acompañó en su retirada en Miramar. «Mi apellido, Orfila, viene de Menorca, así que mi historia con las islas no puede ser más intensa», comenta.
Pedro Orfila, homenajeado al final del partido / Mario Canteli
Tras dos años en el Avilés, Orfila fue perfilando su retirada, aunque antes tenía un último reto: defender la camiseta del Marino. «Era algo que tenía en la cabeza desde que empecé. Puede parecer una tontería, pero me hacía muchísima ilusión ganar una Copa Federación con el club de mi pueblo. Además, tuve la suerte de coincidir con gente increíble como Lora, Dennis, César García o Morcillo… Han sido dos años muy bonitos», destaca el defensa, que admite que en su carrera le quedaron «pequeñas espinitas», como haber pasado más tiempo en el Sporting o en el Racing. «Pero puedo presumir de tener una carrera que he disfrutado a tope. Me esforcé y di todo lo que tuve en mi mano; no me quedo ni apenado ni pensando en lo que pudo haber sido», señala.
Ahora ha dado el paso que llevaba tiempo preparando. «Según se iba acercando el final de mi carrera me puse a mirar qué salida podía tener. Mi primera idea fue preparar oposiciones para profesor, pero se me cruzaron por delante las oposiciones para ser policía portuario en Gijón y mi mujer, que trabaja en el Puerto de Avilés, me animó a probar. En principio iba a irme a Gijón porque en Avilés no suele haber huecos, pero justo salieron plazas para el puerto de aquí. Por suerte, saqué la plaza en los dos sitios y, como Martina trabaja en Avilés, no lo dudé», explica. Orfila empezó con su nueva faceta en enero, pero los turnos y los cursos de formación hacían imposible compatibilizarlo con el fútbol. Esta campaña, de hecho, tuvo que entrenarse con el juvenil del Marino y con el Gozón, para mantenerse en forma.
Aunque por ahora el balón parece guardado en un cajón, Orfila no descarta volver a vincularse al fútbol. Está estudiando un módulo superior de Dietética, una vía por la que volvió a engancharse al deporte. Su mensaje es claro: aprovechar la vida de futbolista para formarse. «Hay que estar preparado y tener una solución; nunca se sabe cuándo se puede acabar. A mí, personalmente, estudiar me ayudaba en el fútbol, tanto para estar centrado como para saber manejar diferentes situaciones», apunta el exdefensa. Ahora, tras colgar las botas, se pone el uniforme. El de la Policía Portuaria de Avilés.
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