Djordje Tomić (Zemun, Serbia, 1972) siempre habla con el máximo cariño del Real Oviedo. Y eso que le tocó vivir la parte más fea como futbolista azul, con el doloroso descenso de 2001 a Segunda y el frustrado intento por volver a la primera. El regreso de la mano de su amigo Paunovic le hizo quitarse una espina en la distancia, pero ahora vuelve a sufrir como un oviedista más y teme un desenlace que todos intuyen. Pero pide pelear hasta el final y da algunas ideas para el futuro inmediato.
¿Cómo lo ve?
Complicado, mucho, pero no queda otra que pelear hasta el final. El equipo ha mejorado en las últimas semanas, pero lo que no puedo creer es la mala suerte: detalles de centímetros, decisiones arbitrales que no han ayudado… Pero el nivel ha ido subiendo con el paso de los meses. Partidos como los de Alavés u Osasuna se debieron ganar. Y ahora hay que ir a por ello aunque las posibilidades sean muy pequeñas.
Hay que buscar el milagro, ¿no?
Seamos claros, está muy difícil después de la derrota ante el Elche con la que ninguno contábamos. Pero fueron superiores y además marcaron en las dos primeras ocasiones que tuvieron. Fácil no es, pero nadie va sobrado. El Sevilla está con problemas, el Espanyol estuvo cuatro meses sin ganar… Nada es imposible.
La mejora se puede quedar en nada.
Había mejorado mucho el equipo, eso es cierto. Pienso en el 4-0 ante el Sevilla y en cómo fueron las cosas después. Pero le ha faltado algo más.
¿Qué le gusta del equipo?
El crecimiento táctico. A pesar de las limitaciones se ve un equipo trabajado, competitivo, al que no es fácil ganar. Lo que desespera es la mala suerte: manos, penaltis, pequeños detalles… Debería tener más puntos. En casa se escaparon partidos como Rayo, Celta o Athletic que merecieron acabar con una mejor renta.
¿Y de los jugadores?
Chaira me gusta, y está haciendo una gran temporada, solo hay que ver los números. Viñas es un gran delantero. Rahim tiene proyección. Thiago aporta chispa por banda. Y Santi, cuando entra, siempre deja algo. Ahora, tal y como está la cosa, me gustaría que se viera a Santi más en el campo. Que en estos partidos que quedan pueda mostrar todo el talento que tiene.
¿Cómo ve la temporada de su compatriota Luka Ilic?
Tiene calidad, pero la Primera División de España es muy exigente. Esperaba más de él, sinceramente: más peso en el juego, más goles y asistencias. Puede darlo, pero tiene que aparecer más. Se me ha quedado un poco corta su actuación esta temporada.
Usted que vivió situaciones de urgencia, ¿cómo se gestiona algo así?
A la plantilla se le ve unida porque eso transitan en los partidos. Eso es fundamental. Dan la sensación de creer más que hace algunos meses. Fue una pena cómo salió el partido ante el Elche. No sé la receta para ganar cinco partidos, pero nada es imposible. Sería precioso salvarse en la última jornada en Mallorca. Se celebraría como un ascenso. Después de 25 años, sería casi poético, aunque ahora está muy complicado, hay que ser claros.
¿Cómo ve el futuro?
No soy nadie para meterme en las decisiones del Oviedo, solo opino como un aficionado más en la distancia, pero me gustaría que mi excompañero Iván Ania entrenara al Oviedo. Ojalá fuera el próximo entrenador. Está haciendo un trabajo impresionante en Córdoba, es un técnico valiente y que además conoce la casa. Estoy seguro que funcionaría en el Oviedo.
¿Cómo vivió la salida de su amigo Paunovic?
No hablé mucho con él, aunque estuve el otro día en la Federación, donde está haciendo un gran trabajo. Está bien, pero con pena. Creía que podía hacerlo bien aquí. Tiene carácter fuerte, como el dueño, y saltaron chispas. Quedará como uno de los héroes del ascenso, eso no se lo puede quitar nadie. Nunca se olvidará.
¿Le escribió antes de ascenso como al resto de excompañeros?
Sí. Me mandó una foto de la plantilla de la 2000/01 antes de la vuelta ante el Mirandés con un mensaje muy emotivo. Me dijo que también iba por nosotros. Un detalle precioso.
¿Qué sintió con el centenario del Oviedo?
Me alegra mucho. Es un club enorme y un motivo de alegría celebrar un cumpleaños con esa cifra. Solo estuve dos años, pero me siento orgulloso de haber jugado en el Oviedo.











