La odisea de comprar entradas para disfrutar de la música en vivo

Antes, conseguir una entrada para un gran concierto significaba hacer cola en una taquilla o correr hasta un punto de venta antes de que se agotaran. Hoy la escena es muy distinta: móvil en mano, varias pestañas abiertas y una cuenta atrás que desemboca en una sala de espera virtual con miles de personas por delante en una fila que no se ve, pero que se siente igual de tensa. Comprar una entrada se ha vuelto más cómodo, sí, pero también más incierto, más rápido y, para muchos, mucho más desesperante.

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