Hay tardes que sobre el papel son más interesantes que en la realidad, aunque siempre encontramos matices que hacen que merezca la pena. Eso fue, en gran medida lo que se vivió en la tarde de este domingo en Valencia, una cita que en lo climatológico llegó con más frío que en días anteriores, pero con muchísimo ambiente fallero. Se anunciaban Castella, Manzanares y Pablo Aguado con el hierro de Jandilla / Vegahermosa, aunque la corrida fue completada con tres toros de Puerto de San Lorenzo. Yendo a lo más notable habría que destacar al cuarto toro de la tarde, un ejemplar de Jandilla que ya por su presentación despertó el interés del respetable. Fue este un toro serio, engatillado de pitones, bien hecho, astifino y muy armónico en sus hechuras. El toro tuvo casta de sobra para acometer con intensidad en los tres tercios. Encastado y con codicia acudía a la muleta de Castella casi como un resorte. El maestro francés, consciente de ese torrente de bravura no dudó en mostrar lo mejor de su repertorio, con pases cambiados por ambos pitones y mucha exposición. El toro no dejó de embestir con la misma intensidad en toda la faena, trasteo, por cierto, que el matador francés planteó desde los medios. Ese es el terreno para poderle a los toros bravos. Ese toro tenía bonito hasta el nombre: “Artista”. Lo estoqueó en los medios tras cuajar una intensa faena, pero la espada no entró y los trofeos para Castella se esfumaron. Entre la rabia del pinchazo y el peso de la tarde hasta ese instante, nadie pidió la vuelta al ruedo para un toro que a merecía. En el primero de la tarde no pasó nada y Castella fue silenciado.
El francés Sebastián Castella se llevó el mejor toro de la corrida cuajado una vistosa faena con el que hizo cuarto, un toro de Jandilla. / Antonio Vigueras
Llegaba Manzanares a Valencia en su regreso tras la cornada interna que sufrió en la pasada feria, un regreso que el alicantino afrontó como una de sus tardes más importantes de la temporada. Pese a los esfuerzos constantes y a la entrega de Manzanares su lote no le permitió mayores lucimientos que algunas series muy encajadas y ajustadas y varios detalles de mucha torería, pero lo cierto es que su lote fue el más deslucido y el de menos opciones para el triunfo. Con su primero vimos a un Manzanares con poder lidiador e imponiendo mucho mando en su muleta. El toro, que no humilló casi nada, tampoco metió la cara cuando se perfiló manzanares con la espada y el alicantino pinchó. Con el segundo de su lote, el que hizo quinto, Manzanares hizo un esfuerzo con más fe que realidad concluyendo el trasteo con una faena de voluntad y de orgullo torero.

La vistosidad de Pablo Aguado lanceando a la verónica a su primer toro de la tarde. / Antonio Vigueras
Completaba la terna el sevillano Pablo Aguado, que estuvo bien en sus dos toros, aunque sin suerte con el estoque. Con el tercero, Aguado nos deleitó con unos quites variados, profundos y con sabor añejo. Más tarde con la muleta Aguado creó una obra de gran belleza y remates que fueron un auténtico deleite: trincherazos de mano baja, poderosos doblones, garbosos molinetes y toreo a dos manos que muchos aficionados han dejado ya grabados en su memoria. La pena fue la espada, que no viajó certera. Con el sexto, la última esperanza de la tarde vimos al sevillano querer más que poder con un toro que tenía medio recorrido y nula transmisión, Media estocada fue suficiente.
Una tarde con casi lleno en los fríos tendidos de Valencia y una traca que no terminó de sonar, en este caso por el juego de unos toros que vienen de un invierno lluvioso y frío que se está notando en estas primeras ferias del año.
Suscríbete para seguir leyendo









