Es mediodía, luce el sol y en un chalé más allá de Villafranqueza aprenden una decena de niños. Lo hacen atados a casi nada, a su ritmo, rodeados de naturaleza y bajo la tutela libre y atenta de Irene Ortega, una maestra alicantina que lleva cinco años ejerciendo como madre de día en su propio domicilio.
Mientras un niño da de comer a unas cabras, otros se dirigen al huerto que ellos mismos miman a diario a golpe de manguera. «¡Un ou!», exclama otro desde el interior del gallinero. Pedagogía verde, viva y activa, educar a los más pequeños desde otra mirada. «Ésta es una alternativa a las escuelas infantiles tradicionales, nos enfocamos en un ambiente familiar y con ratios mucho más reducidas», cuenta Ortega, que ofrece un entorno hogareño y personalizado para los tres primeros años de sus alumnos. «No somos cuidadoras, sino profesionales en crianza y educación», prosigue.
La figura de la madre de día está ampliamente extendida en muchos países de Europa, pero en España todavía es un oficio casi desconocido y sin regular en la mayoría de comunidades autónomas. «Nos falta visibilidad y reconocimiento, en España sólo en Navarra y Madrid está normalizado», cuenta Ortega, que ansía por que las madres de día entren dentro del sistema educativo, como así lo tienen en Francia o Alemania, donde nació el movimiento.
En la Comunidad Valenciana no exige regulación, solo lo están en Madrid y Navarra
Llevar al niño a una madre de día supone un transición entre la casa y el colegio. «Intentamos que el salto no sea tan brusco, queremos mantener un apego seguro», confiesa Ortega. Por norma general el lugar indicado es el hogar de la responsable, donde comen, juegan, duermen y aprenden, y donde también se intenta imitar los hábitos de cada niño, acompañarlo de la manera más cercana posible. «Es recomendable que el sitio esté cuanto más acondicionado mejor, no es un requisito que sea un chalé, pero sí que sea cómodo, que no haya que cruzar carreteras para ir a ningún sitio, aunque también hay madres de día en pisos o urbanizaciones», afirma Ortega.
«Las madres de día no somos cuidadoras, sino profesionales de la crianza y de la educación»
Formadas bajo las pedagogías alternativas Waldorf o Reggio Emilia, las madres de día se diferencian por ofrecer un ritmo más pausado, en el que se pretende que el niño sea el protagonista y quien marque la cadencia del aprendizaje. «Nosotras hacemos de acompañamiento, es una mirada más con el niño como centro y no al revés», añade Ortega, que abrió en 2020 su centro, Pepitas de tomate, tras haber trabajado como maestra en Alicante. «No juzgo a las compañeras, sino al sistema, que está atado a un horario y una ratio, no me sentía cómoda estando dentro», confiesa.
Desde hace unos meses Analía Ferrándiz también ejerce como madre de día en Mutxamel. «Cuidar bien en los primeros años es una inversión en salud emocional y social a largo plazo; si no se atiende adecuadamente en estos años, puede tener consecuencias posteriores para la salud mental», apunta. También instalada en su domicilio, el entorno Oronetes nace de su experiencia en Alemania, donde trabajó como madre de día en la administración pública durante seis años. «Ahora he vuelto a casa».
La madre de día Analía Ferrándiz, con unos niños, en su espacio Oronetes deMutxamel. / PILAR CORTES
Trabas burocráticas
Dedicarse de manera profesional a madre de día en la Comunidad Valenciana no es fácil y la suya es una búsqueda entre la poca regulación que hay. «El sistema prioriza las instituciones y nosotras no tenemos subvenciones, tenemos todas las desventajas de un autónomo: bajas por enfermedad, vacaciones…», indica Ferrándiz. «Nos acogemos a lo que ya hay regulado en otras comunidades y trabajamos con eso, nos formamos en primeros auxilios, manipulación de alimentos y los seguros correspondientes, como el de responsabilidad civil o el de hogar; además de nuestra titulación universitaria, claro», explica Ortega.
«Cuidar bien en los primeros años es una inversión en salud emocional y social a largo plazo»
Aun así, se sienten solas, «nadie nos controla», y les surgen muchas preguntas que nadie puede responderles porque apenas tienen compañeras de profesión en la provincia. «En Elche sí hay algo más de movimiento de educación alternativa y también en Valencia y Murcia, pero todo fluctúa mucho», revela Ortega. Mientras no llegue ninguna subvención, todos estos proyectos están sujetos a la inversión de la madre de día y al desembolso íntegro de las familias. «No debería ser así porque de esta manera se convierte en algo exclusivo, a lo que no todas las familias pueden tener acceso», señala Ortega. También varias madres de día de la provincia se han visto obligadas a cerrar por no poder costear el negocio solas. «Es que es una gran inversión y no es fácil», coinciden Ortega y Ferrándiz.
Así, con trabas y vacíos legales, buscan salir adelante el proyecto de las madres de día, una alternativa a las escuelas infantiles que pese a los obstáculos comienza a despertar por fin el interés de padres y madres en España. «A mí me llamó la atención la filosofía de Montessori: no me sigan a mí sigan al niño», revela Ferrándiz. «Ello me llevó a los campos de la psiquiatría y de la neurobiología, en los que se estudia la infancia porque es donde se asientan las bases del desarrollo posterior», prosigue. Con el mimo y la libertad por bandera, Ortega, de Pepitas de tomate, ensalza la importancia de la naturaleza y de la ausencia de horarios que aten y obliguen: «No tenemos unos minutos exactos de patio, sino que pretendo que sea una escuela al aire libre, lo que se conoce como pedagogía verde». «El propósito es crear un vínculo de calidad y atender a cómo se siente el niño más que una transmisión de conocimientos; desde el vínculo ajustar, con el bienestar emocional como base», explica Ortega.
En Navarra fueron pioneros y a las madres de día las consideran desde 2006 un servicio de conciliación de la vida laboral y familiar que ofrece atención y cuidados; y en Madrid llevan una década reguladas. Con estos casos como precedentes, Irene Ortega y Analía Ferrándiz son dos de las alicantinas que buscan replicar un modelo de éxito en Europa a través de una regulación oficial que les dé estatus profesional y seguridad jurídica.
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