El actor recuerda el rodaje de una película mítica y cómo Robin Williams transformó su forma de entender el cine

El aprendizaje que marcó a Ethan Hawke

En una entrevista reciente con la revista Vanity Fair, Ethan Hawke rememoró su experiencia durante el rodaje de ‘El club de los poetas muertos’, una película que se convirtió en símbolo de inspiración y rebeldía intelectual desde su estreno en 1989. Según el actor, aquel set fue “una escuela de vida” en la que descubrió la importancia de la creatividad colectiva.

Hawke recuerda que llegar al plató junto a Robin Williams fue, para él, como “entrar en un templo de la imaginación”. A pesar de su juventud y su inexperiencia, observó con atención cómo su compañero abordaba cada escena con energía y una libertad que no estaba escrita en ningún guion.

“Robin no seguía el guion”

Robin Williams no seguía el guion, y yo no sabía que se podía hacer eso”, confesó Hawke. “Si tenía una idea, simplemente la llevaba a cabo. No pedía permiso. Y eso me abrió un mundo de posibilidades”.

El joven actor, que por aquel entonces apenas comenzaba su carrera, se sorprendió al ver cómo Weir permitía esa espontaneidad siempre que se mantuviera la esencia de la escena. “Peter le daba espacio, pero también dirección. Verlos trabajar juntos fue una clase magistral sobre cómo combinar rigor y libertad”.

Un set lleno de respeto y aprendizaje

Lo que más impactó a Hawke fue el respeto mutuo entre el director y el protagonista, a pesar de sus métodos tan distintos. “Tenían una forma de trabajar muy diferente, pero no se juzgaban. Se escuchaban y se complementaban. Eso es lo que define una colaboración real”, afirmó.

Con el paso del tiempo, el actor ha reconocido que muchas de las lecciones aprendidas entonces siguen guiando su carrera. “Robin me enseñó que el humor y la emoción pueden convivir, que no hay que temer a la vulnerabilidad en escena. Y Peter me enseñó a confiar en el proceso, incluso cuando no tienes todas las respuestas”.

El legado de una película inolvidable

El club de los poetas muertos’ se rodó en Pensilvania, en el campus de St. Andrew’s School, y su estreno en 1989 fue recibido con aclamación internacional. La película ganó el Óscar al Mejor Guion Original y convirtió en icono cultural la expresión “Carpe diem”.

Para Hawke, esa experiencia fue el inicio de una carrera marcada por personajes complejos y por su búsqueda constante de autenticidad. “Cada vez que piso un set de rodaje, recuerdo lo que sentí entonces: que la interpretación puede ser una forma de libertad”, concluyó.

El espíritu de ‘El club de los poetas muertos’ sigue vivo

Décadas después, el mensaje de la película mantiene su vigencia. El valor de pensar por uno mismo, de desafiar la norma y de encontrar la propia voz es, para muchos, la verdadera herencia de Robin Williams.

Como señaló Hawke, “Robin nos enseñó que no se trata solo de actuar, sino de vivir con curiosidad y empatía. Eso es lo que hace que el arte tenga sentido”.

Un tributo desde la admiración

En la actualidad, Ethan Hawke promociona ‘Black Phone 2’, pero no pierde oportunidad de rendir homenaje a quien considera su gran mentor. “A veces pienso que todo lo que sé sobre interpretación empezó aquel día, viendo a Robin improvisar”, confesó. “Fue algo que no se puede olvidar”.

Más de treinta años después, el eco de aquella lección todavía resuena. Y quizás, como diría el propio Keating, la enseñanza más valiosa fue aprender a “aprovechar el día”.

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